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sábado, 11 de mayo de 2013

Capítulo XXII


Narra Nicholas:

¿Irme a descansar? Ni loco. Solo le dije así para que no se preocupara. Lo único que hice fue salir del hospital, y quedarme afuera, dentro del auto. Desde allí podía observar cualquier movimiento extraño, y seguir lo que sucedía. Me quede sentado en el asiento. Observando. Pensando. Buscando en mi cabeza alguna solución, o una idea que fuera de ayuda. Hasta que sentí mi celular sonar, lo que me distrajo de todo. Era Allison. Dijo que llamaba porque tenía un mal presentimiento, así que le conté lo que ocurría. Y tiempo después ella estaba a mi lado, sentada en el asiento del acompañante.

-¿Se cortó las venas? – Preguntó.

-Alli, no lo digas así es que suena tan… - Le corregí pero antes me interrumpió.

-Sí, feo. Pero es la verdad Nick. – Pronuncio veloz. – Marlene no está bien. – Agregó y yo la mire un poco enojado por sus palabras. – No me mires así, estoy diciendo la verdad. –

-Si ella está mal, es por mi culpa. Jamás debí alejarme de ella. – Insistí.

-No, no es tu culpa. Es una chica que perdió a todas sus amigas, las asesinaron, ella las encontró ¿te parece poco? Nunca estuvo bien. Necesita personas que la ayuden, un profesional. – Indicó.

-Allison, estás hablando sin saber. – Reproché.

-Nicholas, ¿Por qué alguien entraría a su casa, le cortaría las venas, y luego se iría? No hay motivos. – Contesto en lo cierto. Admito que un poco de razón tenía en sus palabras. No continuamos conversando porque Alex se acercó para hablarme. Me comunico que la policía necesitaba verme para hacerme unas preguntas, y debía ir para la casa de Marlene, allí estaban investigando. Así que encendí el motor de mi auto, y conduje hacia el lugar indicado. Bajé junto a Allison, y apenas alcanzaron a verme se presentaron, y comenzaron con el cuestionamiento. Fueron preguntas muy básicas. Solo querían saber cómo la había encontrado, si observe algún movimiento raro, y también sobre la personalidad de ella. Fui con la verdad. Les hice saber que lamentablemente ella había estado un poco rara los últimos meses. Lo que ellos me dijeron me impresiono, e hizo que mi piel se estremeciera un poco. No habían encontrado ninguna puerta forzada, ni ninguna pista que indicara que alguien más entro para hacerle daño. ¿Su única hipótesis? Que Marlene intentó suicidarse. Lamentablemente, parecía ser la única verdad.

Narra Alex:

Marlene continuaba encerrada dentro de una de las salas. Afortunadamente, ya estaba mejor. Pero no iba a dejarla sola. La policía se había comunicado conmigo para contarme cómo iban las cosas. No tenía buenas noticias para darle a Marlene. Al parecer, ellos creían que ella se estaba volviendo loca. Y apoyaron aún más esa suposición cuando Nicholas les dio a entender que los últimos meses la vio muy rara. Contarle todo eso solo le provocaría más dolor e impotencia. Pero era mi deber decírselo, tenía que tenerla al tanto de lo que sucedía con su caso, con su vida. Además también estaban pidiéndome hablar con ella. Tenía que preguntarle si quería hacerlo. Regresé a la habitación y la vi sentada. Contemplando su brazo lastimado. Inmutada por los últimos sucesos.

-¿Qué paso Alex? – Preguntó. – Te conozco y sé que no tienes muy buenas noticias. – Agregó en lo cierto.

-Mar, la policía cree que tú te hiciste todo esto sola. – Revele sin vueltas.

-¿Cómo? ¿No hay forma de que me crean? ¿Nada que indique lo contrario? – Emprendió a cuestionarme con preocupación.

-No, no por ahora. Fueron a tu casa, no encontraron nada. Hablaron con Nicholas y… - Me interrumpió de repente.

-¡El! Él puede decirles que yo no soy capaz de hacer eso. – Expreso esperanzada. Yo solo pude bajar la mirada. Me tocaba el peor papel. Romperle el corazón. - ¿Pudieron hablar con Nicholas?-

-Sí, lo hicieron. Pero el de cierta manera… no hizo más que apoyar lo que ellos creen. – Confesé apenado. No me agradaba tener que darle las peores referencias.

-Me decepciona totalmente lo que me estás diciendo de Nicholas. – Menciono. – Ahora yo termino como una loca, y olvidan todo lo que paso. Genial. – Ironizó. - ¿Alguna idea? –

-Podría ir yo a hablar con la policía. – Propuse.

-¿Harías eso por mí? – Menciono animada.

-Lo que sea necesario. – Respondí. Ella suspiro aliviada.

Salimos juntos del hospital, para dirigirnos en mi auto hasta la comisaria. Cuando llegamos preguntamos por el Señor Ronald, el jefe. Que de inmediato nos atendió,  haciéndonos pasar a los dos a su oficina. Nos miraba raro. Parecía sorprendido de vernos a los dos allí. Pero más atónito quede yo cuando pidió hablar solo conmigo y dejar a Marlene fuera de esto. Al principio me negué, ella tenía derecho de saber sobre que hablábamos. Pero finalmente cedió, y dijo que nos esperaría afuera, porque no quería complicar más las cosas, y la entendí.

Comenzamos a platicar, y tratando de ser lo más paciente y tranquilo posible, le explique que era completamente imposible que ella se haya lastimado sola. Pero aunque se lo expresaba minuciosamente, parecía no prestarme mucha atención, y no comprender ni una sola palabra.

-¿Usted hace cuanto que conoce a esta chica? ¿Uno, dos meses? – Preguntó.

- Dos meses. – Respondí. -  Pero ese no es el punto. – Acoté.

El señor bajo la mirada al piso. – No la conoces. – Pronuncio como si supiera sobre relaciones. – Su mejor amigo de toda la vida me dijo que ella últimamente se venía comportando extraño. – Contó.

-¿Y qué tiene que ver? – Mencione a la defensiva. – Alguien entro a la casa de Marlene, la lastimo, la han estado amenazando de muchas maneras, ¿Y usted no piensa hacer absolutamente nada? - Cuestione disgustado porque ya comenzaba a irritarme. El tipo ni si quiera me contesto, solo me miro con un gesto en su rostro que me hizo saber que no estaba dispuesto a hacer nada. - ¿Está esperando que un día la encontremos muerta para reaccionar? – Exclame con énfasis.

-Por ahora no hay nada que hacer, no podemos hacer nada. Cuando analicemos un poco más las cosas, tendremos soluciones. Lo siento. – Indico con una fastidiosa tranquilidad. Solo lo miré con cierto odio y me retiré de allí cerrando la puerta con ímpetu.  Marlene me vio salir y observó algo asustada. Solo le hice una seña para que me siguiera. No podía hablarle porque no logré nada bueno. Me sentía un poco inútil. Entramos otra vez al auto y lo puse en marcha. Aún no pronunciaba una palabra. Solo comencé a conducir, me detuve al encontrarme con la casa de Nicholas. Bajé y camine a tocar el timbre. Marlene insistí con algunas preguntas porque no comprendí nada, pero yo no podía explicarle, no hasta quitarme la bronca. El chico salió y se mostró confundido. Lo encaré repentinamente, pero conteniendo mis ganas de gritar y transformar todo en una gran pelea. Debía mantener la calma.

-¿Por qué dijiste eso a la policía? – Pregunté seriamente y Marlene se entrometió en la conversación.

-Espera, Alex. – Expreso mirándome. - ¿Es verdad lo que hiciste Nick? – Lo miró a él.

- Dile la verdad. – Pronuncie devorándolo con la mirada.

Era hora de aclarar las cosas.

[Solo una cosa, siento MUCHO haber tardado un poco. Es que tuve un montón de trabajos prácticos y tarea en la facultad. Pero pude terminar el capítulo, y acá lo tienen. ¡Gracias por leer!]



- Evi -





domingo, 28 de abril de 2013

Capítulo XXI.


Narra Nicholas:

Cenaba esa noche con Allison cuando recibí un llamado de Marlene. No sé porque, pero estaba tan concentrado en Allison, y lo ignore. A los segundos apague mi teléfono. No quería arruinar la cita hablando por celular. Así que seguí como si nada. Estuvimos un tiempo bastante largo cenando, luego caminamos un poco, y finalmente la lleve a su casa, dejándola allí. Nos despedimos,  luego de saludarla con un beso, conduje hasta mi hogar. Subí las escaleras lentamente, con cautela, no quería despertar a nadie. Llegue a mi habitación, y de inmediato me deje caer sobre la cama. Y recordé el celular. Recordé el llamado de Marlene. Así que tomé el aparato entre mis manos, y lo encendí. Demasiadas llamadas perdidas. Demasiados mensajes de textos. Y al leer el primero, me alarmé. “Nick, necesito que vengas por favor, estoy sola.” Eso fue lo que leí y me preocupo. Me levanté como un rayo, y corrí otra vez hasta mi automóvil. Lo encendí y salí andando hacia la dirección de mi amiga. Estacione donde siempre lo hacía, y me baje para tocar el timbre. Pero nadie atendió. Entonces la llamé a su teléfono, pero tampoco contesto. Y me preocupe aún más cuando en uno de esos llamados, oí el celular sonar dentro de su casa. Supuse que ella también estaba ahí. Forcé la puerta lo más que pude, pero fue imposible abrirla. Así que decidí intentar ingresar por una ventana. Termine rompiendo uno de los vidrios. Pero afortunadamente logré ingresar.

-¡Marlene! ¡¿Marlene estás aquí?! – Preguntaba en voz alta al mismo tiempo que caminaba por la casa. Recorrí así todo hasta llegar al living, donde me encontré con algo aterrador. Al ver eso mi corazón empezó a latir rápidamente y con fuerzas. Sentía que iba a salirse de mi pecho en cualquier momento. La hallé tirada en el piso. Inconsciente. En uno de sus brazos se dejaban ver múltiples cortes los cuales provocaban que la sangre fluyera hacia afuera. ¿Había intentado quitarse la vida? ¿O que rayos estaba ocurriendo?

-Por Dios, Marlene ¿Qué hiciste? – Pronuncie mientras me arrodillaba en el suelo y trataba de reanimarla. Con mis brazos levanté la mitad de su cuerpo, y la acomode sobre mis piernas. –Mi amor, por favor, despierta, despierta – Repetí acariciándole la cara. No sé cómo resistí el llanto. Al ver que no reaccionaba, llamé a Alex. Era el único que podía ayudarme, ayudarla. Afortunadamente, el me respondió rápidamente.

-¿Qué pasa? ¿Estás con Marlene? – Preguntó también preocupado. – Acabo de ver llamadas, y mensajes de ella. – Agregó.

-Sí, está conmigo, pero nada bien, tienes que venir. Creo que intentó suicidarse. – Mencione paralizado.

-¿Está respirando? – Preguntó. Él era un profesional, sabía actuar ante estas situaciones.

-Si lo hace, pero apenas lo siento. – Respondí.

-Ya mismo estoy allí. – Aseguró y termino la llamada.
Seguía teniéndola ahí, sobre mis piernas, lastimada, inconsciente, apenas podía oír su respiración. Si esto era por mi culpa, jamás podría perdonármelo. Nunca debí dejarla sola. Jamás debí alejarme. Elegí lo peor de todas las opciones.

-Vas a ponerte bien ¿sí? Resiste. – La hable dándole fuerzas, al mismo tiempo que la cargaba en mis brazos y la acomodaba extensamente sobre el sofá. Minutos después una ambulancia apareció,  corrí a abrirles le puerta. Estaba Alex, junto a otros dos para-médicos  Rápidamente la posaron sobre una camilla móvil, asignándola adentro del vehículo.

-¿Va a estar bien? – Cuestione como pude entre el caos.

-Seguramente sí. Ve al hospital ahora mismo, allí hablaré contigo. – Indico y seguidamente cerró las puertas de la camioneta y así dispararon casi como un rayo.  Yo los seguí por detrás. Tenía que estar allí para ella, ni si quiera recordaba porque nos habíamos separado. Lo único que quería era que se pusiera bien cuanto antes.

Narra Marlene:

-Marlene, linda, ¿puedes oírme? – Escuche una voz susurrarme despacio y abrí los ojos. Podía percibir que estaba dentro de algo en movimiento. Me quede perpleja observando el techo color blanco lustroso. Observe hacia un costado y noté la mitad de mi brazo vendado. También sentí la aguja incrustada en mi muñeca, con un cable transparente que la comunicaba con el suero. Me asuste. Me asuste porque no entendía que diablos sucedía. Pero mire hacia el otro lado, y lo vi a Alex.

-¿Qué me paso? – Le pregunté entre quejidos.

-Hablaremos cuando lleguemos al hospital ¿sí? – Indico en un tono comprensivo. – Ahora dime cómo te sientes. – Agregó.

-Me duele todo el cuerpo. – Exprese. – Y la cabeza… es insoportable. Necesito que pare. –

-Tranquila. – Me dijo. – Todo estará bien. – Intentó apaciguarme acariciándome suavemente la frente y el cabello. En ese instante no podía recordar nada de lo que había sucedido porque solo pensaba en el dolor y no podía dejar de sentir mis heridas. Entonces cerré los ojos. Y Solo trate de respirar, buscando un poco de serenidad entre tanta incertidumbre. Cuando llegamos, me adentraron en el lugar, trasladándome a un cuarto donde solo había una camilla. Allí me acosté.

-Déjame ver tu brazo. – Pidió Alex. Yo lo extendí y le permití que hiciera su trabajo. Quito las vendas que me había colocado anteriormente, y comenzó a trabajar más intensamente sobre las heridas. Algunas eran tan profundas que necesito saturar con hilo. Me ardían. Me dolían. Me punzaban. – Nick está afuera, si lo quieres ver puedo decirle que entre. – Comenzó a hablarme para distraerme.

-No. Mejor lo veo después. – Conteste. - ¿Qué me paso? – Insistí otra vez.

-El té encontró tirada en tu casa. – Menciono. - ¿Tú no puedes recordar absolutamente nada? – Cuestionó con curiosidad.

-Ahora que lo pienso… eso es. ¡Alguien se metió a mi casa! – Exclame cuando en mi cabeza aparecieron las primeras imágenes de lo sucedido. – Estaba la puerta del patio abierta, y los llame a ustedes como diez veces pero no atendían. Luego vi a alguien y… me agarro, me cubrió la boca, por eso no podía gritar. Y no sé qué más pasó. Me golpeo, lo sé. – Conté memorizando un poco finalmente. Entonces levante un poco mi remera, dejando ver mi abdomen, y al mirar mi lado derecho tenía una marca enorme. Ahí me dolía demasiado. Alex delicadamente, e intentando no lastimarme más, examino pulsándome con sus manos.

-Buenas noticias, no hay ningún hueso roto. – Comunico. – Entonces como me contabas, fue el golpe en la cabeza lo que te dejo inconsciente ¿no es así? –

-Estoy más que segura. Lo que no logro entender es lo de mi brazo. – Me senté en la camilla para poder conversar mejor. Y el bajo la vista hacia el piso. Me hizo sentir mal conmigo misma. En algún punto él pensaba que yo misma me había hecho eso, pero estaba segura de que no era así. – Alex ¿Estás pensando que yo misma me hice esto? – Cuestione irritada por aquella actitud. – Si piensas eso, estás demasiado equivocado. Jamás. Jamás me haría algo así. Jamás intente hacer algo así. – Aclaré.

-Está bien, yo… - Emprendió a hablar pero lo interrumpí con velocidad.

-No ¡nada está bien! Estoy asustada, alguien entro a mi casa y me hizo esto ¿Entiendes eso? – Pronuncie casi a los gritos, producto de toda la inseguridad que llevaba dentro de mí. Me sentía débil. Nunca antes me sentí tan asustada.

-Linda, yo te creo. Lo siento… no quería hacerte sentir mal. – Se disculpó al instante. Yo seguía con la respiración acelerada. Y de repente sus brazos me rodearon con fuerza.

-Vamos a resolver esto. ¿Sí? – Me tranquilizo proporcionándome un beso tierno en la frente, lo que me hacía sentir protegida. 

Pero quedaba hablar con alguien más. Nicholas. Que estaba esperándome del otro lado de la puerta. Aunque quería esperar un poco para conversar con más profundidad. En ese instante lo único que precisaba era darle las gracias, y mostrarle que quizás estaba con vida porque él me salvo. Nicholas… esa persona que siempre llega en el momento justo. Entró a la habitación y me sonrió levemente. Levanté la mirada para verle los ojos asustados y preocupados. Intranquilos. Alarmados. Perturbados.

-Gracias Nick. – Murmure. – Si no fuera por ti, quizás no estaría con vida. –

-No me tienes que agradecer nada. Sigues siendo mi amiga, sigues siendo muy importante para mí.-  Expresó sensible.-

-Eso es muy dulce de tu parte. Me hace muy bien que digas eso. – Le hice saber. –Mañana podríamos hablar bien ¿Quieres? – Propuse demostrándole que deseaba arreglar todos los problemas entre nosotros.

-Claro que sí. – Aceptó. – Descansa, lo necesitas. ¿Quieres que me quede contigo? – Preguntó atentamente.

-Estoy bien cuidada Nick, puedes ir a descansar. De verdad. Mañana hablamos. – Respondí otorgándole serenidad.

-¿Puedo darte un abrazo? – Pidió cariñosamente.

-¿Desde cuándo preguntas eso? -  Le di permiso para que lo hiciera. Realmente no era necesario que lo pidiera, jamás lo fue. Pero quizás el tiempo que estuvimos distanciados produjo eso, una especie de pared extraña entre nosotros. Pero Nicholas la rompió al acercarse y rodearme con sus brazos. Abrazándome fuertemente.  Luego me dio un suave beso en la mejilla y salió del lugar despidiéndose de mí.

Dicen que los verdaderos amigos pueden estar separados, alejados, o no hablar muy seguido. Pero siempre aparecen cuando uno los necesita. Siempre están presentes en los días más oscuros para brindar fuerzas, para alentarnos a seguir adelante, para darnos una mano y guiarnos hacia la luz.

El apareció justo a tiempo, demostrándome que nunca dejaría de quererme. 

[Hola, les dejo el capítulo 21, es largo, estaba muy inspirada. Ah. Bueno, no se olviden POR FAVOR, de dejar un comentario, o un tweet o ALGO, me gusta saber que piensan y me dan ganas de seguir con la novela. Adiós.] 



- Evi -



jueves, 25 de abril de 2013

Capítulo XX


Narra Nicholas:

1 mes después…

Habían pasado bastante tiempo desde la primera y última vez que fuimos algo más que amigos con Marlene. Pero luego de eso, no pudimos volver a tener lo que teníamos antes, una amistad. Ella comenzó a unirse mucho más a Alex. En el encontraba algo que obviamente yo no tenía. Vivían saliendo juntos, haciéndose compañía, conversando. Pero aún no dejaban de ser solo amigos, eso lo sabía muy bien. Por mi parte, solo logre hablar con ella un par de veces por teléfono, y le solíamos enviarnos algunos mensajes de textos. Me mantenía alejado porque estaba seguro de que Alex la cuidaba muy bien, que no necesitaba de mí. Aunque a pesar de todo, yo siempre estaría para ella, y ella para mí. Los dos éramos consientes de eso, pero no decíamos nada. El centro de mi vida en aquel mes, dejo de ser mi mejor amiga. Creo que me preocupe un poco más por mi mismo. Algo que me hacía mal, porque me sentía el ser humano más egoísta. Arregle las cosas con Allison, y empecé a verla nuevamente. Al menos me brindaba compañía, me acariciaba, me hablaba, me aconsejaba. Ella a veces me hacia creer estar un poco mejor, y con sus palabras podía manipular mi mente para hacerme sentir menos culpable. Pero lo cierto era que ni mi familia, ni mis amigos más cercanos podían entender aquel alejamiento repentino de Marlene. Ellos buscaban que yo les ofreciera algún tiempo de explicación, pero ni si quiera yo podía comprender exactamente porque debía suprimir mis sentimientos y seguir otro camino lejos de ella. Pero estaba seguro y podía percibir que pronto el destino volvería a unirnos.

Narra Marlene:

Esa noche había algo triste en mí. Hacía exactamente treinta y cuatro días que no lo veía, y eso estaba afectándome completamente. Estaba tan acostumbrada a pasar el tiempo con mi mejor amigo, que no podía aceptar que el porvenir me haya arrebatado todos esos buenos momentos. Pero afortunadamente, no me había dejado sola, sin nada. Lo tenía a Alex, que se había ocupado de darme la mejor atención los últimos días. Lograba darme un poco de alegría, lo que necesitaba mucho. Nicholas tampoco estaba solo. La tenía a Allison. No pude evitar verlos varias veces salir juntos, y más de una vez la vi entrando a la casa de el. Al parecer ella era una buena persona, lo que me aseguraba de que Nicholas al menos estaba bien.
La nostalgia me había invadido simplemente porque recordaba muchos momentos lindos que pasamos juntos. Me amargaba el hecho de pensar que rompimos nuestra amistad por intentar algo más. Pero ya todo estaba de dicho. Quizás algún día podríamos volver a ser amigos.

***

Termine de ducharme, y camine hasta mi habitación. Busque en mi ropero mi pijama ya viejo y desgastado, y me vestí con el. Peine mi cabello, lo cepille hasta dejarlo totalmente desenredado y lo más suave posible. Luego busque en mi repisa algún DVD para mirar en la noche. Ya había visto todas esas películas, y ninguna me entusiasmaba demasiado como para repetirla. Así que baje suponiendo que encontraría algo mejor en la televisión. Pero antes de encenderla, me encontré con la puerta de mi patio abierta. Mi corazón se detuvo por un momento, mientras intentaba recordar si yo la había dejado así, o estaba ocurriendo algo raro. Lo cierto es que estuve en el patio cuando bajaba el sol. Quizás olvide cerrar con llave, y se abrió por el viento. Me tranquilice a mi misma diciéndome eso. Así que seguí hasta el living, me senté en el sofá y encendí el televisor. Deje una película de Harry Potter. Las había visto miles de veces, pero seguían entreteniéndome. Estuve bastante tiempo serena, pero entre tanto silencio comencé a oír algunos ruidos extraños. Creí que era producto de mi imaginación, hasta que observe pasar a alguien de un lado a otro. Alguien vestido completamente de negro, ni si quiera pude ver su cara porque lo hizo demasiado rápido. Buscaban asustarme, y lo estaban logrando. Tomé mi celular. Necesitaba ayuda de quién sea. Llamé a Alex. – Por favor, por favor atiende. – Pensaba para mis adentros. Intenté comunicarme con él como diez veces. Pero no lo conseguí. Su celular continuaba apagado. Entonces recordé a Nicholas. El quizás no estaba tan ocupado para Alex. – Tu tienes que atenderme, por favor Nick, por favor, por favor. – Seguía rogando en mi mente mientras continuaba tratando de obtener ayuda. La primera vez sentí el tono, pero luego de repente se cerco. Y en el segundo intento me comunico directamente con la casilla de mensajes. Nicholas lo había apagado. Me dediqué entonces a dejarle millones de mensajes de textos. Si ellos no podían ayudarme, la policía si podría hacerlo. Entonces marqué el número, pero justo cuando iba a comenzar a hablar, alguien me agarró por detrás, oprimiendo con una mano mi boca, y con la otra amarrando mi cuerpo con fuerzas.

-Ahora si que no te salvará nadie. – Oí su voz hablándome por primera vez.  Yo no podía hablar. Solo gritar para mis adentros. Lo único que podía hacer era intentar liberarme de sus garras, pero era tan imposible como descubrir quién era. El tenía tanta fuerza, y yo me sentía tan débil. Solo quería preguntarle porque necesitaba hacerme daño. – Te vamos a volver loca, y después de eso vas a quedarte con nosotros. – Dijo confundiéndome y haciendo que me desesperará aún más.  ¿Qué diablos buscaban? El hablo en nombre de varias personas… ¿Entonces eran más de uno los que me atacaban?

El primer golpe lo sentí en mi costilla derecha. Luego en la nuca. Y desde ahí ya no recuerdo absolutamente nada.



[Les cuento, estoy muy inspirada, y no paro de escribir. Tengo como tres capítulos más escritos, y no aguanto, quiero mostrarles todo YA. jajaja. Pero bueno, acá las dejo con todas las dudas, con un final de capítulo completamente abierto. Disfrútenlo, y pronto subo el que sigue. Las quiero♥]


- Evi -

martes, 23 de abril de 2013

Capítulo XIX


Narra Marlene:

En mi pecho rebozaba  una horrible sensación de vacío. Por una razón sentía que lo había perdido todo.  Era mi única realidad. Perdí a mis amigas. Perdí a mi mejor amigo. Perdí toda nuestra larga amistad. Había llegado a mi casa con el corazón roto. Otra vez. Primero por Jacob, ahora por Nicholas. Me dediqué a meterme en la ducha y despejar mi cabeza. Salí y me vestí con algo que encontré en mi ropero, lo primero que vi. Busqué mi celular, y lo apagué. No quería ninguna llamada, ni mucho menos mensajes de texto. Pase veinticuatro horas, encerrada en mi casa. Comí. Mire televisión. Escuche música. Miré fotos. Lloré. Y finalmente me dormí. Nadie apareció para verme, ni buscándome. Después de todo, fue un gran alivio tener un poco de paz. Pero nada podía sacar a Nicholas de mi cabeza. Mis pensamientos no se detenían. El reinaba en mi mente de una manera increíble e insoportable a la vez.

***

Alex Karev, apareció nuevamente. Me llamo en la tarde. Percibí su voz un poco extraña, desanimada. Más apagada que lo normal. Pidió que nos encontráramos en algún lado, que quería saber cómo estaba… que quería verme. Acepté. También coincidía con la invitación, así que pactamos vernos en una plaza cerca de mi barrio, justamente a la que yo solía ir siempre.  Era una buena oportunidad para tomar un poco de aire fresco, y además, hablar con alguien. Llegué a la hora definida,  y él ya estaba allí. Lo vi sentado sobre un banco, con sus manos entrelazadas, mirando quién sabe qué. Sonrió un poco al distinguirme cerca, y se corrió de inmediato hacia un costado, haciéndome lugar a su lado para que pudiera sentarme. Enseguida me aferré a su brazo, y posé mi cabeza sobre el hombro.

-¿Estás bien?  - Preguntó al percibirme extraña.

-No. – Respondí con la verdad. – Pero… ¿Qué hay de ti? – Cuestione igual de preocupada que el por mí.

-Solo tuve un mal día. Eso es todo. – Contó refregándose el rostro y hundiendo sus ojos con las manos. En ese momento me despegué de su brazo, y acaricie su espalda suavemente. No tenía idea de que le ocurría, pero al menos quería hacerle saber que contaba conmigo.

-¿Te encuentras bien? – Pregunté nuevamente.

-Ahora que te veo a ti, sí. Estoy mejor. – Respondió haciéndome sonrojar un poco. Entonces lo abracé con fuerzas. Tuve le impulso de hacerlo, y lo hice.

-Odio verte mal. – Dije con sinceridad.

-A mí tampoco me gusta verte a ti mal. ¿Qué es lo que tienes Marlene? – Se preocupó de inmediato. No solía ser demasiado cariñosa. O mejor dicho, nunca fui tan cariñosa con él. Se dio cuenta que algo más ocurría, lo notó, lo percibió. E indudablemente, no estaba nada equivocado.

-Perdí a Nicholas. – Confesé apenada con la mirada hacia el piso. Los hechos eran tan  recientes, que el dolor era más fuerte que nunca. –No tengo a nadie más. Estoy sola. – Y luego largué una carcajada, burlándome de mis propias desgracias. Tenía los ojos llenos de lágrimas.

-No estás sola, aún me tienes a mí, y me tendrás siempre. – Expreso aliviándome por un rato de mis penas que estaban ahogándome cada vez más.

-Alex… - Suspiré. – Gracias. – Agregué mirándolo fijo y enseguida reparé en sus ojos, observándolos cansados, agotados. Sin embargo,  el me sonrío. - ¿Hace cuánto que no duermes? – Indagué.

-Como cuatro o cinco días. Ya ni lo recuerdo. – Menciono haciendo memoria.  Lo miré impresionada.

-¿Qué? Tienes que descansar, no puedes seguir así. – Me alarmé. - ¿Sabes qué? Vamos a ir a tu casa, vamos a mirar tele o hablar, o escuchar música, tomar algo, o lo que tú quieras. ¿Sí? – Propuse tratando de subirle el ánimo, y además alegrarme a mí misma.

-De acuerdo. Podríamos comprar algo para comer. – Agregó accediendo a hacer realidad mi idea. En ese instante nos pusimos de pie, y me guió hasta su auto. Al acercarnos, se ocupó de abrirme la puerta y entré acomodándome en el asiento de acompañante. Se subió, a mi lado, y encendió el motor, comenzando a conducir hacia su casa. Y agradecí al destino por ponerlo en mi camino.

***

Llegamos a su apartamento, y apenas puse un pie allí dentro, me di cuenta de que era un verdadero desastre. Alex se avergonzó un poco y comenzó a pedirme disculpas. Pero yo solamente reía de ver cosas desparramadas por todos lados. No me molestaba en absoluto. Son cosas que pasan, son normales. Muchas veces mi habitación, ha estado peor. Entendía que casi nunca le alcanzaba el tiempo para limpiar un poco. Pero olvidamos eso. Simplemente él se acercó a su heladera y sacó algunas botellas de cerveza, ofreciéndome una. Sinceramente, me gustaba tomar algo de vez en cuando, y acepté. Mientras bebíamos, comencé a remover un poco las cosas que estaban amontonadas. Quería hacer algo lindo por él, y a la vez necesitaba tener la cabeza en otro lado. Ordenar su casa me distraía.

-Alex ¿podrías traer un balde con agua? – Pedí.

-¿Qué? ¿Qué vas a hacer? – Me miró confundido.

-Voy a limpiar el piso. – Dije.
Alex rió burlándose de mí, y haciéndome enojar un poco. Pero obviamente, solo estábamos bromeando entre nosotros.

-¿Tienes idea de cómo hacer eso? – Continúo riéndose de mí.

-Sí, obvio. – Intenté contestarle segura. Me lanzó otra irónica sonrisa, giro y fue en busca de lo que pedí. Segundos después apareció con la cubeta de agua entre sus manos dejándola sobre el suelo.

-Te traje un trapo también. – Agregó entregándomelo. Entonces tomé la cubeta, y la arroje completa sobre el piso. Y en ese momento, Alex estalló.

-¡No entiendo que es lo que te da tanta risa! – Reproche algo irritada.

-Hasta yo sé que no hay que derramar todo en el piso.- Menciono.

-Bueno ¡hago mi mejor esfuerzo! – Traté de hablar con seriedad pero tampoco pude evitar reírme de mi misma.  Era ridículo lo que hacía, pero al menos genere un momento lindo para los dos.

-Ahora hay más lio que antes. – Regaño sin perder el sentido del humor.

-Lo siento, pero tú ve a descansar, a eso habíamos venido. Yo secaré. – Ofrecí.

-Está bien, como tú digas. – Acepto caminando hacia su habitación, mientras me quedaba limpiando el desastre que yo misma ocasione. Me deposite sobre mis rodillas, y empecé a secarlo todo con el trapo. Minutos después percibí como el también realizaba lo mismo que yo. Y observe su mano ayudándome. Subí la vista para verlo. Él estaba ahí.

-¿De verdad creíste que te iba a dejar sola con este caos? – Cuestionó y sonreí de inmediato.

-¿Sinceramente? Sí. Es que a nadie le gusta limpiar. – Expliqué.

-No importa. Nunca voy a dejarte sola, ni si quiera en los peores momentos. – Pronuncio dejándome conocer su lado más tierno. Y otra vez una sonrisa ilumino mi rostro, demostrándole que estaba feliz por tenerlo en mi vida.

Narra Nicholas:

Fue aquel día cuando decidí que ya era el momento de olvidarme de ella. Debía aprender a quererla solo como mi amiga, y nada más. Me quedo claro que nunca estaríamos juntos, no sé porque, pues tenía demasiadas esperanzas. Pero ese día sentí que ella necesitaba otra cosa. Alguien como Alex, tal vez. Él tenía más experiencia, sabia más cosas.  Fue de casualidad que los vi en la plaza. Ofendí sus sentimientos y ella salió corriendo a buscarlo a él. Tal vez Alex sepa tratarla mejor, y con eso intentaba convencerme. Pero nunca podría estar seguro que alguien la amaría como yo o más. No. Mis sentimientos no pueden compararse con los de ninguna otra persona. Aunque lamentablemente, muchas veces quedan a un lado, y solo terminan importando otras cosas.
Lo nuestro existió por unas horas. Y fue lo mejor de mi vida mientras duró.

Ya es tiempo de olvidar… y empezar de nuevo. 

~ . ~ . ~ . ~ . ~ . ~ . ~ . ~ . ~ . ~ . ~


[¡Mueran con este capítulo! Y no lo nieguen, Alex es muy tierno también. Aunque bueno... pobre Nick. Esto se pone cada vez más bueno... espero que a ustedes les este gustando, y lo puedan difrutar. ¡Gracias por leer! No olviden dejar su lindo y perfecto comentario (?) Jajaja. Las quiero. ♥ ]



- Evi -

martes, 16 de abril de 2013

Capítulo XVIII


Narra Marlene:

Desperté envuelta en las sabanas, entre los brazos de Nicholas. Abrí mis ojos lentamente, y lo primero que vi fue su rostro. Aún continuaba dormido. Y no lo desperté. Solamente me arriesgue a acariciar suavemente su rostro, y al parecer mis caricias no lo molestaron. Entonces seguí haciéndolo, mimándolo, y admirando su belleza natural. Nunca lo vi de esa manera. Nicholas realmente lucia como un ángel. De repente oí el sonido de un teléfono. No era el mío, era el de Nick. Estire mi brazo hasta la pequeña mesilla justo al lado de la cama, y tomé su celular. Lo acerque hasta mi cara, y observé la pantalla.

“Nuevo mensaje de Allison Malick”

Allison. No puede ser. Entonces recordé. Era la chica que siempre estuvo atrás de Nick. Rubia, con un cuerpo de modelo, ojos claros. Pero por alguna extraña razón Nicholas nunca le había prestado mucha atención. Pero me dieron celos. Y fue imposible resistirme a tanta curiosidad. Necesitaba saber que estaba buscando ella y porque le enviaba mensajes. Apreté el botón para poder leerlo, y rápidamente el aparato me develo el texto entero.

“Mi amor, ¿por qué no me has llamado estos últimos días? Necesito verte otra vez, espero que no hayas olvidado lo increíble que la pasamos juntos… jaja. Te amo.”

¿Sentir celos? No solo eso. Mucho más. Me puse furiosa. Lo que me impulso a levantarme de la cama, y comenzarme a vestirme velozmente, para desaparecer de ahí. No me importo hacer ruidos, o molestarlo. Hice tantos movimientos que Nicholas termino notándolo, y volvió a introducirse, dejando atrás el sueño. Al principio solo observaba confundido, seguramente no entendía nada. Pero si sé que noto mi enojo.

-Marlene… ¿Qué estás haciendo? – Preguntó mirando como me movía de un lado a otro recogiendo mis cosas.

-Me voy Nicholas, me voy a mi casa. – Respondí con énfasis.

-Espera, detente un segundo, yo te llevo. – Se ofreció atentamente mientras también comenzaba a vestirse.

-No, no hace falta. Puedo ir sola. – Mencione irritada pero tratando de mantener la calma.

-No puedes ir caminando a tu casa, yo te llevaré. – Insistió. - ¿Qué te pasa? – Cuestiono nuevamente. El aún no comprendía la situación.

-Nada, Nicholas. – Dije seca y cortante. – Además no tienes tiempo para llevarme a mi casa ¿no? Allison te está esperando. – Escupí finalmente haciéndole saber indirectamente lo que ocurría. Lo deje en silencio. Estuvo así por incontables minutos.

-Mierda. – Insultó. – Marlene, escúchame, Allison no es nadie. – Empezó a explicarme.

-¿Nadie? – Reí irónicamente. – Esa tal nadie te escribe mensajes. ¿Estabas saliendo con ella, no? – Indagué mientras caminaba hacia la puerta para irme.

-Marlene, detente, si, estaba saliendo con ella, pero solo porque creí tú nunca dejarías que algo pase entre nosotros. – Expresaba al mismo tiempo que me seguía por detrás intentando retenerme.

-Genial, ahora yo tengo la culpa de todo. – Largué.

-¡No! No trato de decir eso, pero… - Otra vez emprendió a darme un esclarecimiento, pero lo detuve al instante.

-¿Ves? ¿Ahora entiendes por qué no quería dejar que pasara algo entre nosotros? Destruimos nuestra amistad. Acabo de perder a mi mejor amigo. – Expresé sentimental y con lágrimas a punto de salir de mis ojos.

-Mar… ¿puedes escucharme un momento? – Pidió bajando su tono de voz, siendo delicado al tratarme. Nicholas sabía que en cualquier momento iba a llorar. Yo negué con la cabeza, y llevando mi vista hacia el piso. Fue ahí cuando suspire y me dije a mi misma que iba a resistir mis lágrimas.

-Será mejor que olvidemos todo esto. – Propuse como pude, en un fino hilo de voz. Salí por la puerta, y empecé a caminar hacia la ruta. Tenía mi celular entre las manos, y marqué el número para llamar a un taxi. Pero antes de que este llegue, Nicholas apareció detrás de mí. Lo observe. Y no dije nada. Realmente quería perdonarlo, pero me dolía todo por dentro. Siempre estaba segura de que él era sincero conmigo. Pero al parecer,  estaba equivocada. Nunca me menciono que salía con Allison. Eso fue lo que hizo que nuevamente mis anteriores dudas renacieran. Me di cuenta que nuestra amistad ya estaba rota. No había vuelta atrás. Nunca sería lo mismo.

Narra Nicholas:

Allison… Allison. La chica que lamentablemente usaba como un escape. Cuando necesitaba dejar de pensar en Marlene, a la que recurría aquellas veces que me sentía rechazado. Solo. Que nunca me daría una oportunidad. Todo fue tan de repente, tan veloz. No logré poder explicar nada, ni decirle la verdad a Allison. Me puse a mí mismo las trampas, complique mi vida yo mismo.
Nunca imagine que podría pasar de estar completamente feliz, a envolverme en una tristeza, y una sensación de amargura que parecía ser infinita. Quería gritar, tenía ganas de romper todo lo que estaba a mí alrededor. Mi mala suerte era increíble. ¿Por qué siempre todo salía mal? Pero entonces comencé a torturarme mentalmente a mí mismo. Me convencí de que no era suficientemente bueno para ella, y que por eso nunca las cosas se encaminaban como deseaba. Me convencí de que era un cobarde, y que jamás podría cambiar eso. Debí correrla, detenerla, mirarla a los ojos con suma seguridad, y expresarle con sinceridad lo mucho que la amaba, y que solamente mi amor era para ella, para ella y nadie más. Pero en lugar de hacerlo, simplemente deje que se fuera. Llorando. Afligida. Desilusionada. Tal vez tenía miedo de lastimarla aún más. Sentir que le había hecho daño, me transformaba de repente en un ser detestable, la peor persona del mundo.

Regresé a la casa. Entré a la habitación y observe aquella cama desordenada. Las sabanas enredadas, plegadas. Lo miraba todo. Aún no lograba creer que Marlene y yo habíamos hecho el amor la noche anterior. Compartimos algo inolvidable, inesperado pero maravilloso. Y de repente todo se convirtió en lo contrario. Dejando en mí una profunda desolación, frustración. Como si fuera algo fácil y sencillo, aquel día decidí olvidarla. Iba a intentarlo. Sacarla de mi mente. Contar con ella como una amiga y nada más.
Deseaba estar seguro de lo que acaba de plantearme, lo deseaba con todas las fuerzas.

Pero no lo estaba.

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[Helloooooo! (? bueno, primero, les pido perdón por arruinar todo. Ah. No, es necesario para que la novela sea más apasionante jajaja. Gracias por leer, por los comentarios, NO SE OLVIDEN DE DEJARLOS. Son lo más. <3]

*Les dejo mi "whattpad" donde se van a encontrar con todas mis novelas, y one shoot que subo cuando tengo mucha inspiración: http://www.wattpad.com/user/EviJonaas ¡Disfruten! :)



- Evi -

miércoles, 10 de abril de 2013

Capítulo XVII


Narra Marlene:

Sinceramente, cuando Nicholas me beso me sentí en la mejor cita, nunca había vivido un momento tan romántico y de películas como aquel momento en el parque de diversiones. Me latía el corazón velozmente, porque estaba nerviosa. Sí, estaba con mi mejor amigo, aquel chico que conocía de hacía años, pero igualmente no podía controlar mi inseguridad.  Temía hacer algo mal. Arruinarlo todo. Pero por un instante todas esas inseguridades desaparecieron. Porque fui feliz.

***

Cuando bajamos de aquella atracción, también regresamos a la realidad. Pero en el momento de volver hacía el auto, mientras caminábamos, entrelazamos nuestras manos con naturalidad. Como si estuviésemos acostumbrados a hacerlo. Y lo cierto es que jamás habíamos caminado así, tan aferrados, tan amorosos, como novios, como una pareja. Fue ahí cuando mi cabeza hizo un click. Supe que tenía un hombre increíble a mi lado, y que seguramente todo podía funcionar. Sentí que estaba totalmente convencida, que quería esto para nosotros, avanzar más, ser mucho más que amigos. Pero todos esos pensamientos se convirtieron también en mis miedos. Y otra vez retornaba a mis inseguridades. ¿Y si nos peleamos? ¿Si pierdo a mi mejor amigo por esto? ¿Si de repente pasa algo, nos separamos, y rompemos esto tan fuerte que tenemos? Millones de preguntas de ese estilo me invadían. Quería intentarlo, pero a la vez quería dejarlo como estaba. No tocar ni dañar nuestra amistad. En el auto, mientras lo observaba embobada y a la vez trataba de tranquilizar mi mente, Nicholas conducía hacía la famosa casa de campo. Donde la familia Jonas hacía todas esas fiestas, o reuniones familiares. La conocía. Estuve ahí varias veces. Era un lugar cálido, tranquilo y agradable. Y apenas llegamos, me di cuenta que aún conservaba esas cualidades.

-Estás sonriendo. – Exclamo Nicholas al ver la gran sonrisa que se formaba en mi cara a medida que íbamos recorriendo aquel lugar.

-Recuerdo perfectamente este lugar, la pasábamos tan bien. – Pronuncie trayendo algunas memorias a mi mente. De repente comencé a escuchar una música suave,  y  al instante percibí la respiración de Nicholas sobre mi cuello. Me había tomado de la cintura, apegándome lo más posible a él.

-¿Bailarías conmigo? – Susurró a mi oído. Entonces tuve la necesidad de mirarlo a los ojos. Di la media vuelta, y me lo encontré a tan solo centímetros. Sus manos aún continuaban en mis caderas. Seguía sintiendo su respiración cerca también. Rodee su cuello con mis brazos, aferrándome a su cuerpo, y apoyé suavemente mi cabeza sobre sus hombros. Nicholas ya me tenía. Era imposible resistirme a sus encantos… Minutos después volvió a besarme, y yo otra vez lo seguí. No quería detenerlo. Pero me separé cuándo tuve la necesidad de tomar aire, de respirar.

-Nick… déjame respirar. – Dije algo graciosa, y el sonrío.

-Lo siento. – Se disculpó apenado y sonrojado al mismo tiempo.

-¿Quieres seguir? – Cuestione planeando una pequeña travesura en mi cabeza.

-Claro que sí. – Respondió con sinceridad y se le ilumino la cara.

-Está bien, pero para eso… - Comencé a hablar mientras me alejaba cada vez más de él. – Tendrás que atraparme. – Indique finalizando la oración. Y acto seguido emprendí a subir rápidamente las escaleras. Nicholas reaccionó segundos después, dándome tiempo de llegar arriba. Me metí a la habitación. Me movía por todos lados, de un lado a otro por el dormitorio. Hasta que él finalmente me atrapo, y me arrojo junto a él a la gran cama. 

-Te tengo. – Expreso con picardía. Haciéndome reír.

-Ahora si soy toda tuya. – Lo provoqué. Y Nicholas fue directamente a mi cuello, acariciándolo con sus labios. Haciendo que un intenso cosquilleo recorriera mi cuerpo de punta a punta. Mi corazón latía fuertemente, pensé que iba a salirse de mi pecho. Pero de repente sus caricias me tranquilizaron, me entregué, me deje caer en ese momento. Percibí sus manos en mi espalda, buscando la cremallera de mi vestido, hasta hallarla y tironearla hacia abajo. Ahora solo yacía ante el en ropa interior. Teníamos que estar iguales, no era justo. Busque el primer botón de su camisa e  inicié a desprenderle uno por uno, y logré deshacerme de ella. Mi mano se deslizo sobre su pecho, su piel tan suave, tan cálida. Pero él regreso nuevamente a mi espalda, intentando desprender mi cremallera. Me reí ante sus intentos, estaba siendo torpe. Y lo amaba así. Callo mis burlas con sus besos, y me demostró que si podía quitar mi sujetador. Sus manos me recorrían, y me exploraban con ternura, y lentitud. El no dejaba de ser delicado.  Y todo floreció cuando nos arrebatamos las últimas prendas,  fue ahí que comencé a sentirme casi flotando, casi en el aire. Me hizo estallar, anhelar, pedirle más, sentir que mi corazón estaba a punto de romperse. Solo suspiraba, suspirábamos. Mi respiración era entrecortada. La suya igual. Nunca antes me habían dado tanto placer. Nicholas consiguió hacerme suya. 

-¿Nunca te dije cuanto te amo? – Pronuncio cuando yo descansaba agotada en su pecho.

-Nunca. – Admití.

-Entonces te lo diré ahora. – Menciono. Y luego percibí como respiró hondo. – Marlene, te amo con todo mi corazón. – Confesó con sinceridad. Nos quedamos en silencio. Todo aparentaba ser un sueño, pero no, no lo era.

-Y yo a ti. – Revele sin más pretextos. – Te amo. – Lancé la verdad. Era ese tipo de sentimientos que siempre está dentro de ti, que nunca se va. Ese sentimiento que conoces de memoria, pero que nunca has tenido el valor de admitir. Por primera vez me quité todos mis miedos, y lo dije. Lo amaba como a nadie.

Narra Nicholas:

Esa noche casi no dormí. Le había hecho el amor, y el placer de sentirla mía era asombroso. Me mantuve despierto solo por una razón… la tenía entre mis brazos, con la seguridad de que nadie podía arrebatármela.  Admiraba su belleza, sus ojos cerrados, su piel casi de porcelana, acariciaba su cabello suave, radiante,  brillante. La disfrutaba, la apreciaba. De solo pensar que estuve a punto de perderla, me hacía aferrarla aún más a mí. Esa chica de un día a otro se convirtió en mi vida, en lo más importante que tengo.

Ella lo es todo.

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[Hola!! Esta vez creo que me tarde un poco más, pero bueno, lo importante es que acá les traigo un nuevo capítulo para que disfruten. Y puede que sea un poco corto, pero es el más lindo, y tierno que escribí hasta ahora. Aw. Disfruntelo. Y no se olviden de dejar un COMENTARIO. Las quiero]



- Evi -


miércoles, 3 de abril de 2013

Capítulo XVI


Narra Marlene:

No estaba muy bien de ánimos, sinceramente.  Continuaba sintiéndome algo aterrada por todo lo que había sucedido recientemente. En mi cabeza no dejaba de culparme a mí misma, estuve exponiéndome al peligro, a punto de cometer una locura. Inconscientemente me arroje al poso más hondo y más oscuro, pero afortunadamente, no llegue caer. Alguien me salvo…  Y aunque no dejaba de sentirme mal, quería volver a estar como antes, a divertirme, a pasar un buen rato. Pero sabía que nunca más volvería ser la misma. Todo era distinto, diferente. Y por momentos no dejaba de buscar mi antiguo yo, esa que todos los días invitaba amigos a su casa, que hacía locuras, que no se apagaba en ningún momento. Siempre tenía una sonrisa. Tenía. Pero existían razones para que esa sonrisa volviera a verse en mi rostro, como antes. Y una de esas, era mi mejor amigo. Nicholas me había invitado a salir. ¿Por qué iba a decirle que no? ¿Para encerrarme en mí cuarto a llorar y permanecer allí toda la noche? Eso hubiese sido tan innecesario, tan inútil. Y estuve a punto de hacerlo, pero finalmente cambie de dirección y decidí aceptar su invitación. Subí y comencé a prepararme, me di una ducha rápidamente, y al salir elegí mi ropa. Había un vestido que nunca llegue a usar, era bastante sencillo pero me hacía lucir bien, y estaba impecable. Lo tomé entra mis manos, y lo deslice en mi cuerpo. Para mis pies, elegí unos zapatos que apenas tenían taco. Me molestaba usar tacos muy altos.  Me maquille apenas, usualmente lo realizaba de la misma manera. Base de color piel, un poco de brillo en los labios, y rímel negro para destacar mis pestañas, mis largas pestaña. Luego termine de secar mi cabello, y lo deje caer naturalmente. En ese sentido, no podía quejarme. Mi pelo era completamente lacio. Pocas veces me hacía renegar. Y últimamente nada, porque en lo que menos pensaba era en mi belleza. Sí, me descuide un poco con todo lo que paso. Es por eso que dedicarme esos minutos solo para mí, me hizo muy bien.  Cuando baje y lo vi esperándome, fue extraño, pero muy lindo a la vez. Ahora lo observaba bien, y noté que también estaba vestido con elegancia. Tenía un pantalón de jean con estilo, y una camisa blanca, que como siempre, se arremangaba hasta sus codos. Nicholas sí que sabía vestirse bien, y lucirse de una manera refinada. Cuando me acerqué a él, también pude percibir su perfume. Lo miré y le sonreí. Me devolvió el gesto y me confundí. Mi cabeza hizo un click, me di cuenta. No era una típica salida de amigos, era una verdadera cita… nuestra primera cita. 

Narra Nick:

Finalmente algo estaba saliendo como lo tenía planeado. Sin dudas, sería una gran noche. Cumplía con todas las condiciones para que sea inolvidable. La llevaría primero a cenar, luego a caminar un poco, y por último a mi casa de campo, en las afueras de Seattle. Pocas veces habíamos estado allí y en los últimos meses mi madre hizo algunos cambios, renovó algunos muebles, así que todo estaba bastante cambiado. Sería especial.
Subimos a mi auto, y lo puse en marcha. Marlene estaba sentada a mi lado con una sonrisa en su rostro. No me quitaba la vista de encima. Y no me incomodaba, es más, me agrava que estuviese mirándome. Pero eso no era muy común en ella, y comencé a pensar que estaba notando algo extraño y por eso no dejaba de observarme. Entonces ahí si me puse un poco nervioso.

-¿A dónde iremos? – Preguntó al mismo tiempo que yo conducía.

-Reserve en un restaurante. Pero si no quieres ir ahí, podemos hacer otra cosa, no es necesario que hagamos todo tal cual… - Comencé a hablar pero ella me interrumpió.

-Nick, tranquilo. – Pronunció acariciándome suavemente el brazo.  – Está bien, vamos a donde tú quieras. Siempre tienes buenas ideas. – Agregó y puedo jurar que eso me tranquilizo completamente. Seguí conduciendo, pero esta vez, comenzando a ser natural. Como lo era siempre.

***

Llegamos al restaurante, y nos acomodamos en el lugar indicado. El ambiente era cálido, y tranquilo. La mayoría de la gente que estaba allí eran parejas que también disfrutaban de una salida juntos. Marlene parecía estar a gusto porque no dejaba de sonreír o hacer chistes. Pero la cena fue rápida, porque al contemplarla tan animada, más contenta de lo usual, y con gran energía, me di cuenta que no podíamos quedarnos ahí sentados. Tuve una idea aún mejor. Ir a un parque de diversiones. Así que terminamos con la comida, y regresamos otra vez al auto. Nuevamente comencé a conducir. Esta vez, no le dije a donde iríamos. Pero supe que le gusto cuando noté la emoción en su cara al ver el parque a lo lejos. En el instante que detuve el auto, Marlene salió del mismo, y se paró ante la entrada del predio.  Observo todo con un brillo en sus ojos, con la misma euforia que lo haría una niña contenta.

-No lo puedo creer. – Dijo suspirando. – No puedo creer que me hayas traído aquí. Hace años que no pisaba este lugar. – Expresó contemplado las cosas lentamente.

-¿Y eso es bueno… o malo? – Pregunté con inquietud, al mismo tiempo que pose mi mano sobre su hombro. Tenía un poco de miedo. Por un momento creí que por mi culpa estaría recordando cosas que la ponían triste.

-Es buenísimo… ¡Es genial! – Exclamó esta vez con una gran sonrisa en su rostro. – Nick ¡Eres el mejor! – Agregó alagándome y logrando que me sintiera realizado.

-Solo trato de hacerte feliz. – Pronuncié con la verdad. Marlene me tomo de la mano y avanzo unos pasos más rápido, llevándome hacía donde ella quería. Y de repente estábamos recorriendo todos los juegos, disfrutando, riéndonos a carcajadas. Parecía que de pronto todo había vuelto a la normalidad, como los viejos tiempos. Con la diferencia de que yo estaba vez estaba decidido a ser sincero conmigo mismo, y con ella.

-Nick, tenemos que subir ahí. – Propuso señalando la gran rueda giratoria que se encontraba justo al medio 
del parque como una de las atracciones principales.

-Lo que tú quieras, linda. – Acepté sin pensarlo. Nos acercamos a la atracción, saqué mi billetera, y compré dos boletos. De inmediato ya estábamos montados en aquel juego, sentados, casi pegados, en el mismo compartimiento. El encargado de allí nos dijo que en pocos minutos comenzaría a funcionar, algo que hizo inquietar un poco a Marlene. Lo noté al instante.  -¿Estás bien? – Cuestioné.

-Sí, es que hace años que no subo a una cosa como esta. Me da un poco de… vértigo. – Confeso un tanto ruborizada. Y realmente me causo ternura.

-Es solo un juego. – Mencione y tomé su mano que estaba apenas a unos centímetros, buscando la mía. – Solo no tienes que mirar abajo. – Indiqué y en ese mismo momento aquella cosa entro en movimiento. Aunque giraba muy lentamente y era una de las pocos atracciones que eran más calmadas. – Puedes mirar el cielo… las estrellas. – Continué con la intención de distraerla.

-O puedo mirarte a ti. – Interrumpió fijando los ojos en los míos. - ¿Puedo? – Preguntó con dulzura.
Y al oír esas palabras percibí como una extraña y reconfortante sensación invadió mi cuerpo. – No quites tus ojos de mí. Soy todo tuyo. – Musite casi en un susurro, tomándome el tiempo de acariciar su rostro con delicadeza, pasando suavemente mis manos por sus mejillas algo enrojecidas. Marlene no se olvidaba de mis ojos, y aún tenía los suyos firmemente fijos en los míos. Mientras me acercaba buscando su boca, empecé a sentir su aliento cada vez más cerca. Su respiración. Ahí. Convirtiéndose junto a la mía en una sola corriente de aire. Fue cuando cerré los ojos porque simplemente sucedió. Nuestros labios que al principio apenas se rozaron, no resistieron ni un segundo más. Giré un poco mi cabeza para permitirme disfrutar aquel momento aún más. Saborear aquel beso… sentir el placer de estar haciéndolo.  No era solo yo el que busco llegar a eso. Ella también lo deseo, lo quiso, lo busco. Me hundí en ella. Y ella se hundió en mí. Sus labios, mis labios… un beso.

Solo éramos nosotros dos, el cielo, y las estrellas. 

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[Al fin, no? Un capítulo solo para Nick y Marlene, un momento solo para ellos. No apareció Alex. Jajaja. Espero que les haya gustado, lo deje en la mejor parte, así esperan ansiosas el próximo. Sé que lo harán (?) Gracias por leer, NO OLVIDEN LOS COMENTARIOS. <3 LAS QUIERO!]



- Evi -