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domingo, 24 de marzo de 2013

Capítulo XIV

Narra Marlene:

Cuando desperté aquella mañana, me sentía arrolladora, con el poder suficiente de derribar a cualquiera, con todas las ganas de superar al mundo. Hacía tanto que no me ocurría eso, de estar con la valentía y el coraje a flor de piel. La noche anterior me dormí con el miedo activo corriendo por mis venas. Pero de repente, el ya no está. ¿Problemas de personalidad? ¿Necesitaba un psicólogo o tal vez un psiquiatra? Tal vez. Pero no tenía tiempo para pensar en eso. Simplemente quería disfrutar un poco la adrenalina. Una persona normal lo disfruta saliendo a correr, haciendo algún deporte extremo, o quizás yendo a un parque de diversiones. Pero eso lo haría, como dije antes, una persona normal. Y yo, no soy como los demás. Desde hace tiempo deje de serlo. Desde que me convertí en la única sobreviviente de un asesinato múltiple. Y en vez de elegir lo más sencillo de la lista, opte por lo más complicado. Lo que me dejaba expuesta al peligro, lo que me hacía desobedecer. Decidí ir yo misma a buscar al homicida. Aquel maldito que acabo con la vida de mis mejores amigas, y que estuvo a punto de acabar con la mía. Secretamente, guardaba recortes del diario con las noticias sobre el crimen. También tenía un anotador donde apuntaba cada palabra que me comunicaba el comisario. A mi manera, investigaba el caso. No podía acceder a tantas fuentes como lo hacía un profesional, pero si a la más importante; yo misma.  Así que completamente segura y dispuesta  a hacer lo que sea, busque aquellas importantes pertenencias. Tomé mi agenda, y comencé a re-leer un poco todo lo que estaba plasmado allí. Hasta el momento, lo que más les interesaba a los profesionales, eran las pistas que guiaban que el culpable provenía de Bellingham, una pequeña localidad cerca de mi ciudad, Seattle; Estado de Washington. Sabía quedaba aproximadamente una hora y media. Aunque yo planeaba ir en colectivo, el cual podía tardar un poco más, pero en dos horas podía estar allí. Una vez que confirme mis planes, agarré una de mis mochilas, cargué algunas cosas y la deje lista. Llamé a la estación, y pedí que me reservaran un pasaje. La persona que me atendió, me comunico que el colectivo más cercano salía al atardecer. Afortunadamente, tenía tiempo para alistarme. Deje pasar la tarde mientras finalizaba con los últimos detalles, y cargaba alguna que otra cosa.  Minutos antes de que llegue la hora de salida, comí algo rápido, luego tomé la mochila, la cargue en mi espalda, y justo cuando pensaba en irme, alguien tocó el timbre de mi casa, y atendí rápidamente, pues estaba a unos pocos pasos.

-Nick, eres tú. – Mencione con una sonrisa fingida. De ninguna manera quería que se enterara que iba a irme. No me dejaría, o querría acompañarme, y no pretendía ponerlo en peligro a él.

-Marlene… - Pronuncio el mirándome un poco extraño. Se estaba dando cuenta de la situación. - ¿Te ibas a algún lado? – Cuestiono.

-No. – Negué rápidamente. – Bueno en realidad… me voy con un amigo. – Mentí para despistarlo.

-Ah, bien por ti. - ¿Qué amigo? – Pregunto instantáneamente. Otra vez terminaríamos discutiendo, lo presentía. Descifraba a Nicholas con facilidad.

-No lo conoces. – Respondí fingiendo seguridad. Y al mismo tiempo lo hice dar unos pasos hacia atrás, para que me diera permiso para salir de mi propia casa. Una vez que lo hice, cerré la puerta con llave, y otra vez giré para mirarlo a la cara.

-Es Alex ¿no? Te vas con en él. – Lanzó equivocado. Por primera vez Nicholas Jonas, el señor perfección, se encontraba errado.

-No. – Negué nuevamente. Y esta vez sí que no fingía.

-Dime la verdad. Sé que te vas con él, por eso no quieres decírmelo. Porque sabes que no lo soporto. – Expreso en un tono bastante peculiar, el tono de voz que él ponía cuando estaba a punto de enojarse.

-Piensa lo que quieras. – Dije intentando finalizar con la estúpida cuestión de una vez.

-Pienso que te vas con él, y si, lo harás. Parece que él te hace recuperarte más rápido. ¿Él es mejor que yo, no? – Comenzó a decir tonterías, a reprocharme sin pensar en todo lo que largaba de su boca. Solo lo miré decepcionada, y seguí mi camino, sin exclamar una sola palabra más. Cuando Nicholas se comportaba de esa manera, era tan frustrante. Por dentro me alteraba. Pero estaba tan distraída pensando en todo lo que haría ese día, que no le preste la misma atención de siempre, y simplemente lo ignore. Dejándolo allí, prácticamente hablando solo. Y salí, lo tuve que hacer corriendo, para no perder el transporte que me llevaría hasta Bellingham. En el camino, fui repasando el cronograma en mi cabeza. Tenía todo imaginado.

***

El poder que tenían mis sentimientos en aquel momento, era impresionante. Apenas puse un pie fuera del colectivo, ya tenía ganas de salir corriendo y encontrar al sujeto que tanto buscaba. Igualmente intenté controlarme, y pensar en cada paso que daba. En el fondo, era consciente de que estaba haciendo algo sumamente peligroso. Pero no sentía miedo. Fue esa sensación de libertad y valentía, la que me hizo empezar a caminar hacia uno de los barrios más oscuros de aquella ciudad. Y poco a poco iba adentrándome en ese sector. Transite un par de cuadras. El lugar estaba como apagado. Había poca gente en las calles, aunque me crucé con un escaso montón que me observaban con empatía. Pero tampoco les di atención. Solo seguí. Persiguiendo a nada, con la inútil ilusión de que lograría algo. Fue en el momento en el cual me hallé perdida a mí misma, cuando me di cuenta de lo que estaba haciendo. Cuando me asuste, cuando el miedo regresó. Y la mala suerte también llego, en forma de humanos. Dos seres que abordaban una veloz motocicleta,  que pasaron a mi lado, y a la velocidad de la luz me quitaron mi mochila… y así tan fugaz como llegaron, desaparecieron. Se esfumaron repentinamente. Literalmente, quede sin nada. A la deriva. Afortunadamente, había dejado mi celular en el bolsillo de mi pantalón y no alcanzaron a robármelo. Entonces caí en la realidad. Me liberé de aquellas estúpidas ideas en mi cabeza que me decían que podía ser una heroína como en las películas. Supe que tenía que volver, al menos, a la parte de la ciudad que estaba alumbrada por las luces. Porque el sol ya se había escondido, y me venía nada más y nada menos que envuelta en la oscuridad de la noche. Corrí. Corrí con todas mis fuerzas hasta la plaza más cercana, donde vi un poco de gente que me inspiraba confianza, y me senté sobre un banco. Saqué mi celular, mi bendito teléfono. Lo único que podía ayudarme a salir de aquel aprieto. Lo llamé a Nicholas, mi mejor amigo. Lo llamé como tres veces.  Tenía el teléfono apagado. Probé una cuarta vez. -¡Maldición! ¡Atiende el teléfono! ¡No puedes fallarme está vez! – Infamé para mí misma.  Pero Nicholas no contesto. Ni una sola vez. Su celular aún continuaba extinto. ¿Por qué justamente en ese momento se le ocurrió apagarlo? Así que cambie e intente comunicarme con Alex. Tampoco atendió.  Seguramente estaba ocupado con su trabajo. No tenía más opciones que esperar un poco. Que alguien me ayudara, o no sé. Tenía pocas opciones para solucionar el problema. 

***

Afortunadamente, minutos después me devolvió la llamada. De repente, mi voz se animó al oír la de él, y sentí una extraña tranquilidad. Porque a pesar de estar lejos, sola, y a la deriva, él podía asegurarme de que todo estaría bien. Lo esperé. Lo esperé cerca de una hora y media. 

Fue una eternidad para mí, pero al divisar a lo lejos su automóvil, supe que pronto estaría a salvo. 

~ . ~ . ~ . ~ . ~ . ~ . ~ . ~ . ~ . ~ . ~

[Confieso que corté el capítulo a proposito, me gusta dejarlas con la intriga, jajaja. ¿Quién la habrá ido a buscar? ¿Será Nick? ¿Será Alex? Lo sabrán pronto en el próximo capítulo. Bueno, eso sonó un poco... propaganda de televisión, no sé, hoy estoy graciosa (?) Nada, espero que les haya gustado. Y en breve voy a subir el capítulo 15. Gracias por disfrutar, por leer, por los comentarios. GRACIAS.♥] 



- Evi - 

martes, 19 de marzo de 2013

Capítulo XIII


Narra Marlene:

Corría. Como nunca antes. No había miedo en mí, no le temía a nada en aquel momento. Solo pensaba en aquel día, en los cadáveres. En la vida de mis mejores amigas. En sus sueños rotos, en sus familias destruidas. También en mi vida. Todo en mí fue destrozado en tan solo unos minutos. Y eso me hacía sentir bronca, y a la vez coraje. Saqué fuerzas de todos lados, y fui valiente.

***

Lo había visto. Ese día salí a caminar justo cuando comenzó a atardecer. Esa actividad comenzó a formar parte de mi vida cuando me di cuenta que me ayudaba mucho a despejarme, y a tranquilizar mi cabeza. Así que hice el mismo recorrido que venía repitiendo hace unos días. En un momento, me detuve para respirar. Venía caminando acelerado y necesitaba tomar aire. Con las manos en mi cintura, y mi cabeza mirando hacia el suelo, lo hice. Inhalé y exhalé. Fue cuando lleve mi mirada hacía el edificio con un gran ventanal para ver mi reflejo… y a alguien más detrás de mí. Y no tuve dudas. Era el. La misma mirada penetrante. Sus ojos color celeste brillante, profundos, temibles. No me atreví a girar en esos segundo, pero si reaccione cuando el maldito giro sobre sus talones, y empezó a correr escapando de mí. ¿Irónico, no? El escapando de mi… suena gracioso. Parece un chiste. Debería ser al revés, debería ser yo la mujer asustada que corre intentando escapar de un maniático. Pero al contrario, yo comencé a perseguirlo a él. No sé exactamente cuantas cuadras transite así, acelerada, tratando de alcanzarlo. Quizás fueron diez, o quince, o veinte.  No tenía noción de la distancia. Solo pensaba en atraparlo, arañarlo en la cara, gritarle, maldecirlo, y encargarme de que lo arresten y lo encierren de por vida.

-¡Detente! ¡Deja de correr! ¡Dime quién eres y porque hiciste todo eso! – Grité lo más fuerte que pude, en el momento en que me estanqué porque ya no daba más. - ¡Detente! – Balbucee nuevamente agitada, y con la respiración entre cortada, mientras me agachaba, sostenida por mis pies, llevándome las rodillas al pecho y cubriéndome la cara con mis manos. En aquel momento tomé conciencia sobre lo mucho que me había arriesgado.  Me di cuenta que era capaz de cualquier cosa para sanar un poco mis heridas, para calmar un poco mi dolor. Necesitaba respuestas. Necesitaba algo que pudiera tranquilizarme un poco. Tenían que atrapar a ese sujeto de una vez por todas. Estuve como quince minutos así, recapacitando y reviviendo la situación una y otra vez. Hasta que me puse de pie y retomé la dirección para ir a mi hogar. En el camino, saqué mi teléfono celular y llame a Nicholas. Le pedí por favor que fuera mi casa, que yo estaba yendo también. Era obvio que no quería estar sola, porque después de todo el coraje, y el valor, también sentía miedo, otra vez.
Corrí hacia el angustiada, a refugiarme entre sus brazos cuando lo vi ahí esperándome, de pie sobre la vereda. Mi mejor amigo daba los mejores abrazos del mundo, los más cálidos, los que más podían contenerme. Ni si quiera tuve que decirle nada. Nicholas podía darse cuenta con solo verme que algo malo había ocurrido, y que yo no estaba bien.

-Tranquila… - Susurró acariciando mi cabello. – Dime que paso. – Agrego con cautela, y delicadeza. Él sabía exactamente como tratarme en esas situaciones.

-Lo vi. – Contesto aún entre sus brazos. – Era el… estaba detrás de mí. – Acoté aún con temor. Y noté como Nicholas me apretujo más apegándome a su pecho.

-Marlene… ¿Qué hiciste? – Preguntó con un presentimiento acertado.

-Lo seguí. Lo corrí, muchas cuadras. – Mencione. Y mi mejor amigo quedo completamente sorprendido. Seguramente no podía comprender nada.

- ¿Estás bien? ¿Cómo rayos apareció así? Lo siento Mar, pero no puedo entender nada. – Empezó a cuestionarme confundido.

-Vamos adentro y te cuento. – Indique despegándome de él. Abrí la puerta con la lleva, y entramos. Allí le conté absolutamente todo, con detalles. Nick quedo perplejo con cada palabra que pronuncié. Se había quedado intacto, mirándome fijamente. 

-Llamaremos a la policía. – Expreso la única solución que se le ocurría. Pero yo me negué. No quería hacerlo. Sentía que no servía de nada, que creerían que estaba loca. Solo vi su rostro un momento, y luego solo lo vi de espaldas, corriendo delante de mí. No podía asegurarles a ellos con precisión que lo había visto. Entonces, como esa era mi decisión, no hicimos más nada. Solo nos quedamos en mi casa como normalmente lo hacíamos. En un momento recordé a Alex. Le había dicho que iría a visitarlo, pero ahora temía salir de mi casa. Debía avisarle, hacerle saber lo que estaba ocurriendo, y para eso, tomé mi celular y le envié un mensaje de texto. No quise llamarlo, porque no quería interrumpirlo por pavadas en medio de su trabajo.

“Alex, lamento si no voy a verte en los próximos días. Es que realmente va a costarme salir de mi casa, pasó algo y bueno… me da un poco de miedo. Pero estoy bien.” – Eso fue lo que escribí y envié de inmediato. Y aunque no contestará, al menos estaba segura de que iba a leerlo.

Narra Alex:

Termine una de mis tantas cirugías, y decidí usar mi noche libre para descansar como debía. Fui hasta mi casillero, y tomé mis pertenecías, entre ellas mi teléfono celular. El cual revise apenas lo tuve entre mis manos. Y ahí me encontré con el mensaje de texto de Marlene. El cual me preocupo, bastante. La última vez que había hablado con ella, me dijo que de apoco estaba superando aquel temor de regresar a salir. Pero en cambio, con lo que me envió, me dejo en claro que dio un paso hacia atrás, que retrocedió.  No dudé ni un segundo en ir a verla. Me cambié rápidamente, y salí en mi auto dirigiéndome a su casa. Llegué y toqué el timbre. Ni si quiera le avise que iría. Rápidamente alguien me atendió,  y me percate con la presencia de aquel muchacho, Nicholas.

-Hola, Alex.-  Me saludo un tanto desanimado.

-¿Está Marlene? Quiero verla. – Exclame sin más excusas y siendo directo.

-Sí, entra. – Respondió dándome lugar para ingresar. Hice unos cuantos pasos, y la vi a ella. Estaba en pijamas y con el pelo húmedo. Noté que acaba de darse un baño, al igual que noté como me sonrío al verme.

-Mar, ¿estás bien? – Pregunté. – De verdad me preocupo tu mensaje, lo siento si no pude venir antes. – Me disculpe de verdad apenado. – No sé qué puedo hacer por ti… pero haré todo lo posible para cuidarte. No te pasará nada. – Exprese con sinceridad acariciándole suavemente el rostro, con la fiel intención de tranquilizarla.

-Gracias por estar aquí, Alex. – Menciono fundiendo nuestros cuerpos en un cariñoso abrazo. Haciéndome sentir valorado después de tanto tiempo.

-Ahora deberías ir a tu habitación y descansar. Yo me quedaré aquí, estaré aquí abajo por si necesitas algo y si eso te hace sentir más segura. – Exprese dándole más confianza. Marlene se mostró satisfecha ante mis palabras, y después de conversar algunos minutos, subió a dormir a su cuarto. Por lo tanto yo me quede en el living junto a Nicholas. Estábamos en diferentes sofás, frente a frente. Al principio no hablábamos. Por mi parte, solo quería cerrar los ojos e intentar dormir un poco también. Hasta que el chico hablo. Y comprobé exactamente que si tenía un tipo de problema con mi presencia, lo había notado desde que llegue. Sus pocas palabras, su mirada despectiva, la manera en la que me trataba.

-¿Así que esa es tu manera de conquistarla? ¿Haciéndola sentir segura, protegiéndola? – Indago con una actitud arrasadora. Apenas oí esas palabras, no pude evitar reír con sutileza.

-¿Conquistarla? – Cuestione con gracia.

-¿Crees que no me di cuenta? – Agregó conservando su modo de hablarme con frialdad.

-No sé de qué diablos hablas. .- Respondí. – Soy médico, tal vez por eso ella se sienta seguro conmigo, puedo salvarle la vida, literalmente. – Pronuncie solo para provocarlo un poco más. Desde mi punto de vista, era una situación bastante graciosa. Ese siempre fue mi lado malo… me divierte pelear.

-Como sea… no te la haré fácil. – Expreso con firmeza, haciéndome notar su seguridad en cada palabra.

-Solo te diré que soy muy bueno peleando por lo que quiero. – Exclame por última vez, y luego me eche otra vez hacia atrás, cerrando los ojos, e intentando conciliar el sueño, aunque sea por unas horas. Era extraño todo lo que estaba haciendo, nunca me imaginé en esta situación. Pero veía a Marlene y  me invadía un buen presentimiento.

Sentía que mi mundo mejoraba cuando ella estaba en el. 


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[El peligro esta cada vez más cerca. Eso es lo único que voy a decirles. Espero que les haya gustado el capítulo, NO OLVIDEN DEJAR SUS COMENTARIOS, así me dan más ganas de seguir. Las quiero. ♥ ]



- Evi - 

viernes, 15 de marzo de 2013

Capítulo XII.


Narra Marlene:

Caras desconocidas me observaban mientras yo caminaba hacia la salida del hospital. Los pacientes en la sala de esperas, la gente de limpieza, y hasta algunas enfermeras giraban disimuladamente para verme. Obviamente, yo me di cuenta al instante. Eso no era normal para mí. Y claro, uno siempre puede notar cuando está sucediendo algo insólito. Pero seguí caminando como si nada, pues no podía permitir que eso me afectara de alguna manera. Estaba a punto de irme, cuando una mujer delgada, de tez blanca, y cabello rubio por los hombros, que al parecer era enfermera, se acercó y comenzó a caminar a mi lado. Me hizo un par de preguntas, muy amablemente, entre ellas si yo era la últimamente mencionada, Marlene Becker. Le respondí haciéndole saber que sí, que yo era la persona que aparentemente estaba buscando. Ahí nos detuvimos, y finalmente se centró en el tema que más le interesaba, y al parecer, era sobre Alex.

-Así que tú eres la famosa Marlene. – Comentó un tanto sorprendida y yo asentí. – Todo el hospital recuerda el día que llegaste. – Agregó haciendo que me disgustara un poco esa acotación.

-¿Si? A mí no me gusta recordar ese día, sinceramente. – Aclaré incomodándola un poco.

-Lo siento.- Se disculpó. Y realmente parecía que hablaba en serio. - ¿Te has hecho muy cercana a Karev, no es así? – Pregunto con certeza. Y sonreí levemente.

-Somos buenos amigos. – Mencione contestando sus dudas.

-Sé nota. ¿Te trata muy bien, no? – Cuestiono nuevamente. Al parecer está mujer tenía grandes interrogantes con respecto a mi relación con Alex.

-Sí, es una muy buena persona. – Respondí cortante. Me comenzaba a molestar la situación.

-Eso no lo dudo. – Expreso con seguridad. – Pero, te lo diré de una vez. Lleva mucho tiempo poder tener una amistad con Alex, y más aún conocerlo. Suele ser muy cerrado con la gente, y ya descubrirás que tiene sus motivos. Pero contigo es diferente, eres importante y especial para él. -  Revelo dejándome bastante impresionada. ¿Especial? ¿Importante? Eran palabras que a uno le daban cierta felicidad. Sentirse especial, sentir que le importas a alguien… Eso es muy bueno.

-¿Tu intentas decirme que Alex cambia para bien cuando está conmigo? – Pregunté siendo directa y sin titubeos.

- Algo así. – Respondió. – Pero lo que yo quería decirte en realidad es que valores lo que hace por ti, porque a él le cuesta mucho confiar en la gente, pero obviamente no es tu caso. – Manifestó finalmente. Y supe que era eso lo que quería decirme desde un principio. – Tu le haces bien, y eso me alegra a mí… también soy su amiga. – Agregó con una sonrisa.

-Gracias por el consejo… ¿tu nombre es? – Agradecí rápidamente.

-Isabel, mi nombre es Isabel. – Respondió y yo le devolví el gesto de amabilidad, para luego abrir la puerta, y abandonar el lugar. Aunque la conversación había sido un tanto confusa, la mirada y las palabras de esa chica eran sinceras. Y por eso me había caído bien. Regrese caminando a mi casa, lentamente, y con tranquilidad. ¿Pensando? No. La única frase que había quedado titubeando en mi cabeza era: “Contigo es diferente, eres importante y especial para él.” Escuchaba la voz de aquella chica repitiendo esas palabras una y otra vez. Una pequeña sonrisa maquillaba mi cara con naturalidad, mientras una corriente de buenos sentimientos, y agradables sensaciones recorrían mi cuerpo.                                                                                            

Narra Nicholas:

Últimamente mi mejor amiga estaba más sensible que nunca. Pero a la vez también tenía una actitud un poco fría y cortante, y eso hacía que a veces el clima en su casa fuera un poco tenso. Cuando la besé, lo hice con la esperanza de cambiar todo. Pensé que quizás lo que más necesitaba era ser amada, creí que con amor sus problemas se transformarían en algo más liviano, y más fácil de soportar. Pero no fue así. Ella no pudo ver todo lo que ganaría, sino que solo se preocupó en lo que podía perder.  Y la verdad aquí es que ella jamás va a perderme, pase lo que pase. Aunque no tuve el coraje suficiente para decírselo, para confesarle todo lo que siento desde hace un largo tiempo. Sé que en el fondo ella lo sabe, pero simplemente ahora no puede reconocerlo. El día después de aquel suceso, fui al medio día su casa, pero no la encontré allí. Supuse que había salido a caminar, o algo por el estilo. Así que regrese unas horas después, y esta vez, si estaba.

-¿Cómo estás? – Pregunté comenzando una conversación.

-¿Hoy? La verdad es que me siento bien. – Respondió convencida de lo que decía. - ¿Y tú? -  Agregó también interesada.

-Bien. – Conteste. – Vine a buscarte hace un rato, pero no estabas. – Mencione con la intención de que me 
contara donde había estado.

-Ah… si, lo que pasa es que salí a caminar, y luego fui a visitar a Alex. Tenía que agradecerle lo que hizo por mí la otra noche. – Comentó con tranquilidad. Y otra vez se despertó dentro de mi cuerpo esa extraña sensación… celos. Pero en cambio, en esta ocasión me contuve, los retuve. Y no dije nada más, solo cambie de tema.

-Está bueno eso de salir a caminar, digo, despejarse un rato es saludable. – Aseguré. – Pero hoy vine en mi auto y me preguntaba si tenías ganas de pasear… dar una vuelta. ¿Quieres? – Propuse entusiasmado, y ella sonrío. Eso era buena señal.

-¡Sí! Justo quería decirte que invité a Alex a cenar esta noche, podríamos ir a comprar para preparar algo rico. – Expreso ahora ella con un gran entusiasmo. Me dejo algo intacto, sorprendido. ¿Una cena? ¿Los tres? ¿Estaba hablando en serio? Porque no podía creerlo.

-Claro, sí. Podemos ir a comprar las cosas. – Fingí estar conforme y de acuerdo.

-Entonces, voy a buscar mi cartera y vamos ¿Si? – Menciono subiendo las escaleras para buscar las cosas que estaban en su habitación. Yo asentí, haciéndole saber que la esperaría. Cuando regreso, ingresamos a mi auto, y salimos rumbo al mercado. A Marlene se le había ocurrido preparar lasaña. Así que compramos cada uno de los elementos. A decir verdad, mi mejor amiga era muy buena cocinando. Tenía esa gran capacidad de que todo salga exquisito. Además siempre le gustaba probar, y realizar recetas nuevas. Era normal de que cada fin de semana me invitará a comer alguna comida nueva hecha por ella misma. Después de hacer todo lo necesario, volvimos a la casa, y Marlene comenzó a preparar todo, mientras yo le hacía compañía. Simplemente la observaba a un lado, la hacía reír, y conversaba con ella. Me agradaba verla, mirarla. Y como cualquier hombre que está enamorado, pienso que mi chica, es la más linda de todas.
***

Habían pasado poco más de diez minutos de la hora oficial de aquel encuentro, el “invitado”, no llegaba. Decidimos esperar un poco más, después de todo, cualquiera puede atrasarse o no ser puntual (por cierto, no soporto que la gente sea impuntual, pero ese no es el tema), pero pasaron más de cuarenta minutos, y aún no se hacía presente. Hasta que sonó el celular de Marlene, un mensaje de texto aparecía en la pantalla. “Lo siento mucho, de verdad quería ir. Lo lamento, el trabajo me lo impide. Espero verte en otra ocasión.” Algo así leyó Mar en voz alta. Y al instante noté su decepción, la forma en que se desanimó en tan solo segundos.  Es que realmente se había esmerado en preparar todo.

-¿Igual podemos cenar nosotros, no? Sería una lástima desperdiciar todo esto. – Mencione tratando de distraerla.

-Sí, Nick. Quédate. – Respondió mientras se puso de pie para ir a buscar la comida que estaba en el horno. 

Y finalmente, quedamos solo los dos. Cenamos rápidamente, y luego conversamos un poco, fue algo normal, pero extraño a la vez. Sentía que ella estaba rara. Cuando todo termino, le pregunté si quería que me quedará esa noche, pero Marlene dijo que no. Explico que debía acostumbrarse a pasar tiempo sola, porque no podía presionar a nadie para que esté todo el tiempo con ella. Fue una excusa un tanto… confusa. Pero no pregunté más nada, solo me despedí de ella, tomé las llaves de mi auto, y regrese a mi casa. ¿Cómo me sentí? Mal. Rechazado. Ignorado. Sin importancia. No pude evitar llorar en silencio, en mi cuarto, pensando solo en cuanto la amaba. ¿Estaba haciendo algo mal? ¿Qué demonios pasaba? Si todo el tiempo lo único que intentaba era hacerla sentir mejor, darle un poco de felicidad, contenerla, cuidarla. ¿Qué error estaba cometiendo? Daba todo de mí. No me interesaba si estaba cansado, de mal humor, o lo que sea. Para ella siempre estaría. Pero me estresaba, me enfadaba sentir que el amor que le daba todos los días no era valorado. Me frustraba, era como sentirse insignificante. Lloraba de bronca, lloraba por amor. Nunca nada era suficiente. Quizás yo no soy suficiente, no soy lo que merece. 

Tal vez ella merezca algo mucho mejor que yo. 

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[Solo una cosa les digo, no me odien por hacer llorar a Nick, jajaja. Además, oficialmente desde este capítulo, la novela se pone más interesante, o al menos eso creo. Espero que les guste, y les agradezco por todo. No se olviden de sus comentarios!! Gracias por leer hermosas.]


- Evi - 

domingo, 10 de marzo de 2013

Capítulo XI.


Narra Marlene:

Un cálido día para salir a respirar aire fresco. Algunas nubes en el cielo, pero debajo de ellas se dejaba ver un poco el sol. Había un viento que corría lentamente, un cálido viento que acariciaba mi rostro. Una parte de mí se apreciaba extrañamente bien. ¿Raro, no? Pero al menos por primera vez sentía que no todo estaba perdido. Había visto una película, en la cual la protagonista pasaba por los momentos más difíciles y tristes de su vida, pero finalmente hallaba esperanza. Seguía adelante, y terminaba encontrando esa felicidad que tanto anhelo. Me hacía sentir un poco idiota admitir que una película había logrado que mis pensamientos se tonaran un poco más positivos, pero no había otra explicación. Sabía que tenía que vivir cada momento al máximo. Y aprovechaba ese día porque el miedo estaba tranquilo,  no brotaba dentro de mí. Era como si de repente hubiese desaparecido. Pero estaba segura que en cualquier momento podía volver. Nada se supera tan fácilmente. Caminaba disfrutando respirar. Pensando en todo lo que había vivido. Desde lo más tenebroso, a lo más alegre. Y ahí aparecía el, Nicholas. Entre mis recuerdos más vivos, y esplendidos…

[Flash back]

Nick me tenía entre sus brazos, con intenciones de hacerme reír. Subía las escaleras lentamente, y al mismo tiempo percibía que disimuladamente estaba acercando nuestros rostros más y más. Y simplemente paso. Me beso. Lo besé. Seguí aquel juego tentador. Lo quería, muchísimo. Pero no estaba muy segura de querer perder nuestra amistad. A esta altura de mi vida, no podía arriesgarme a perder nada más. Tenía que cuidar al máximo todo lo que tenía. Y eso me hacía sentir pánico, el solo hecho de perder a mi mejor amigo, de ya no tenerlo más. Comenzar algo así es lindo. Pero también incluye peleas, discusiones, malos días. No quería sacrificar nuestra amistad. Quizás, más adelante…  ahí tal vez pueda pensarlo mejor. Ahora solo necesito a mi mejor amigo a mi lado, a él apoyándome en todo.  Cuando despegamos nuestros labios nos miramos fijamente, establecimos esa conexión completamente especial que había entre nosotros. Delicadamente me soltó, permitiéndome que me ponga de pie justo frente a él.

-¿Qué es esto… que significa? – Pregunté idiotizada por lo que acaba de ocurrir.

-No lo sé… yo creo que soy… un imbécil. – Dijo Nicholas. – Me deje llevar. – Agrego nervioso. Y mi corazón por un momento se decepciono. Creí que el al fin lo confesaría, que después de tanto tiempo sería sincero y me diría la verdad. Pero solo dijo “me deje llevar”. Quizás solo fue un impulso, y realmente no deseaba hacerlo.

-¿Qué quieres hacer? – Indagué un tanto seca. El continuaba hablándome con la mirada en el piso.

- No lo sé. – Respondo breve, sin decir una sola palabra más.

-Sabes, yo no quiero perder a mi mejor amigo. Seguiremos como siempre… como si esto jamás hubiese pasado. ¿Eso es lo que quieres? – Propuse tratando de terminar con la incómoda situación.

-Será lo mejor. – Menciono mostrándose de acuerdo. – Entonces… vamos a ver la película. ¿Ya la elegiste? – Acotó cambiando radicalmente de tema. Le di una sonrisa, un agradable gesto. 
Afortunadamente, el entendía.

[Fin del flashback]

Seguí caminando lentamente. Había sentido un poco de tristeza al recordar. Jamás olvidaré la mirada de Nicholas… como se apagaron sus ojos ese día. Lo desilusione, y desilusionarlo a él era ser una mala persona. Es el ser más adorable, la persona que me da más luz. Pero también necesitaba ser fiel a mis sentimientos, y no podía mentirle. El merecía la verdad.
De repente miré mi reloj, y me di cuenta que camine exactamente una hora entera. Y quería seguir haciéndolo. Pero cambie de dirección totalmente. En mi cabeza había aparecido una persona, Alex Karev. Me decidí en ir a verlo, además le debía mis palabras de agradecimiento por lo bueno que fue conmigo aquella noche. Se hizo responsable de mí, cuando no tenía razones para hacerlo. Perdió su noche libre, cuidándome. Así que comencé a marchar hacía la clínica. Creo que recorrí unas veinte cuadras, o un poco más. Pero me agradaba pasear… sentirme libre. Podía recorrer mucho más que veinte cuadras. Finalmente cuando llegue, entré con cautela, tratando de no hacerme ver demasiado, ya que siempre al ingresar a estos lugares, toda la gente que está en la sala de espera, gira hacía la puerta para observar a la persona que entra. Es una costumbre, algo típico de esos lugares. Entré y fui velozmente hacía la mesa de entrada, donde estaba una elegante secretaría, que parecía estar ocupada hablando por teléfono. Espere unos minutos a que se desocupara, y cuando lo hizo, ella me hablo primero. 

-Señorita ¿Qué necesita? – Preguntó en un tono bastante amable pero un tanto irritable para mis oídos. Tenía una voz chillona.

-Estoy buscando al Dr. Karev. – Mencione devolviéndole una sonrisa, fingida por supuesto.

-No sé si podrá verte ahora. – Comentó hojeando una pila de papeles que había sobre su escritorio. – Pero lo intentaré. – Agregó. Desvió su mirada hacia un teléfono, marco un número, y luego hablo un par de segundos.  Al instante que termino la llamada, regreso a presarme atención otra vez. – Tendrás que esperarlo unos minutos, pero ya vendrá. Puedes tomar asiento en la sala de espera. – Indicó rápidamente, y sin decir más nada, siguió dedicándose a su trabajo. Me aleje de ella, y me senté en una silla que estaba en un rincón, a una distancia considerable de las demás. No tuve que esperar demasiado, no fueron más de quince minutos cuando levanté la vista y lo vi a Alex.

-¡Mar! Que sorpresa… - Dijo animando su tono de voz. Se notaba un poco cansado. - ¿Qué haces por aquí? – Cuestiono con curiosidad.

-Justo pasaba por aquí… y recordé que tenía que agradecerte lo de la otra noche. – Conté sintiendo algo extraño en mi cuerpo. Era como si hablar frente a él me hiciera poner nerviosa, y no entendía por qué. No existían motivos para estar así.

 -No tienes nada que agradecerme, hice lo correcto. – Expreso sonriéndome cariñosamente, y yo le regrese exactamente el mismo gesto. Para luego quedarnos en silencio, frente a frente. En un contexto incómodo, porque parecía que nos habíamos quedado sin palabras. Hasta que para mi propio alivio, el hablo nuevamente. - ¿Almorzaste? -   Indagó.

-No, salí a caminar por la mañana y desde esa hora no regreso a casa. – Respondí con la verdad.

-Ya sé que son como las dos de la tarde, pero si quieres podemos comer algo. Aquí al fondo hay un bufet. 

– Propuso atentamente. – Te llevaría a otro lado, pero estoy en horario de trabajo ahora. Aunque puedo tomarme una hora para “almorzar.” – Agrego, y los dos reímos por lo bajo. Se suponía que era solo su almuerzo y después seguiría trabajando. Pero Alex lo convirtió en un momento agradable para ambos. Caminamos juntos hasta el lugar, buscamos algo de comer, y nos sentamos alrededor de una pequeña mesa.  

– ¿Es verdad lo que andan diciendo? – Preguntó.

-¿A qué te refieres? – Respondí aparentando estar un poco confundida. En el fondo sabía de qué estaba hablando.

-De lo que paso en tu casa ¿ayer, no? Iba a llamarte, pero entre tanto trabajo… no encontré el momento adecuado. – Aclaró.

-Sí, es verdad. – Conteste. – Fue horrible. No entendía nada, en realidad ahora tampoco entiendo nada. Por suerte estaba Nick conmigo, el me ayudo. – Revelé. Y el ánimo en mi rostro había desaparecido un poco. Centrarme en ese tema aún no se me hacía muy fácil, y creo que Alex lo noto, porque cambio el eje de la conversación al instante.

-¿Cómo van las cosas con Nick? Parece un buen chico. – Menciono.

-Es un buen chico. – Dije dándole la razón. – Paso algo entre nosotros pero yo quiero conservar aún nuestra amistad. Nos conocemos hace muchísimo tiempo, y no quiero perderlo por nada. – Confesé con suma sinceridad.  Mientras yo hablaba, el me miraba comprensivamente, y no hacía más que escucharme con interés. Me sentía cómoda, libre de hablar y descargarme como más lo necesitaba, y luego llenarme de un gran alivio. Cuando otra vez nos quedamos en silencio, noté sus ojos pegados en mí. No sacaba la vista de mi rostro. - ¿Qué miras? ¿Tengo algo? – Me alarmé un poco. El reacciono sonriendo, y al mismo tiempo se lanzó una suave carcajada.

-Nada. – Comentó breve. - ¿Estás bien, Marlene? – Agregó. Suspiré y luego le dije la verdad.

-Hoy sí, hoy estoy bien. – Exprese con serenidad. Ese día era como si la tranquilidad me caracterizara. Solía ser algo propio de mí, pero después de lo que paso, perdí toda la calma que cada día estaba conmigo. - ¿Tu cómo estás? Casi nunca hablamos de ti. – Centré la atención en él.

-Aquí estoy. – Bromeó. – Recibir visitas mejora un poco mi humor. – Acotó y me alegro un poco saber que había mejorado su día. Seguimos hablando, por mi parte me interesaba saber más sobre su vida, sus amigos, su familia. Pero el aparentaba ser una persona algo cerrada en cuanto su vida personal. Era como si algo de todo eso le molestara, y prefería evitarlo. Pero aun así, Alex era una persona adorable, tenía un gran corazón, y me lo demostraba cada vez que pasaba tiempo con él.

Sus ojos tenían algo especial.

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[Hola!! Estoy tan entusiasmada, y encaminada con esta novela, que estoy escribiendo bastante rápido los capítulos, tengo mucho más para ustedes!! Espero que les guste los que le dejo hoy, que es un poco la relación que se va estableciendo entre Marlene y Alex. (Les recuerdo que el también es un personaje importante) Disfruten!!!! Gracias por leer, lindas. MIL gracias por los comentarios, no se olviden de dejarlos. Las quiero.♥]


- Evi - 


miércoles, 6 de marzo de 2013

Capítulo X


Narra Marlene:

No encontraba palabras para describir aquel extraño hecho. Era algo cruel, atroz. Solamente alguien inhumano, o con muchísima maldad podía haberlo hecho. Por un momento llegue a pensar que todo era parte de una broma, pero… ¿una broma? ¿Quién se atrevería a bromear de esta manera, después de lo que había pasado? Personalmente, lo tome como una señal. Me estaban mostrando que el horror apenas había comenzado, que la  oscuridad aún no aparecía, pero que irremediablemente, llegaría en algún momento.

***

Grité. No pude evitarlo. Y al mismo tiempo miraba todo horrorizada. Un escalofríos, me recorría entera, estremeciendo complemente mi anatomía. Mi interior estaba siendo sacudido al observar aquellas grandes imágenes, que reflejaban el momento más traumático de mi vida.  Y otra vez me pregunte ¿Cómo alguien es capaz de hacer esto? ¿Tomarles fotos para luego mostrármelas y hacerme revivir toda aquella pesadilla? Presentía que estaban deseando lastimarme, hacerme daño. Y lo lograron. Nadie quiere volver el tiempo atrás, ver lo que ya vio una vez. Tenía las imágenes en mi cabeza, inevitablemente las llevaba guardadas en mi memoria, pero intentaba borrarlas cada día, aunque fuese imposible. Pero esto me hacía plasmarlas aún más en mi mente. La pared de mi patio cubiertas por fotos de mis amigas, mis mejores amigas, esas chicas que fueron casi hermanas para mí… muertas. Y estaban exactamente en el mismo orden como las hallé aquella mañana. Julie. Amelí. Alison.
Esas imágenes, eran las más grandes, y estaban en el medio. Alrededor había otras pequeñas fotos, de diferentes momentos felices que viví junto a ellas. Como encabezado de aquella “obra de arte terrorífica”, se dejaba leer una frase, la cual decía “Nunca podrás deshacerte de mí.” Mi corazón se detuvo, mi piel se estremeció cuando leí aquella declaración.

-¿Qué demonios… que rayos es esto? – Preguntó Nicholas que había llegado corriendo hacia a mi lado, atraído por mi grito alarmante. Se perturbo al ver todo eso. Se quedó helado, pero nadie llegaría a estar tan impresionado como yo lo estaba. Nadie lo había visto tan real como yo.

-No lo sé. – Respondí seca. Y aún seguía intacta, parada frente a aquella pared, contemplando lo que me hundía profundamente en mis más oscuros recuerdos.

-Eso es… - Quiso decir algo pero lo interrumpí.

-Espeluznante. ¿No? – Termine de completar su frase y Nick giro para verme a la cara. Pero mis ojos no se desviaban de la aterradora hazaña.

-Mar, ve adentro. Esto no te hace bien. – Susurro intentando que yo regresara a donde estábamos antes. – Yo sacaré todo esto. – Agregó con calma. Era increíble que frente a eso reinara la tranquilidad. En realidad, solo por mi parte, pues debería estar destrozando esas cosas, sollozando, gritando. Pero estaba tan apagada, que ni si quiera podía gritar otra vez. En cambio Nicholas, el si lograba mantener la calma cada vez que era necesario.  

-No lo saques. – Pedí en un hilo de voz.

-¿Qué? ¿Quieres dejarlo ahí? – Pregunto completamente sorprendido por mi reacción.

-¿No deberíamos llamar a la policía? – Cuestioné con certeza.

-Eso… sí. Deberíamos llamar. – Respondió dándome la razón. Creo que mi mejor amigo no llego a comprender como yo pude proponer lo correcto, mientras me mantenía paralizada frente al muro. Mirando. Contemplando los detalles. Amedrentada.  Pero Nick no permitió que siguiera así. Al instante se estancó frente a mí, obstruyendo mi vista. Ahora solo podía verlo a él.  – Mar, entremos. ¿Sí? – Indico posando sus dos manos sobre mis hombros. Yo solo giré. Y comencé a caminar hacia adelante, mientras Nicholas me seguía a mi lado, acariciándome suavemente la espalda. Sin dudas, ver todo eso otra vez,  iba a dejar otra marca en mí, otra herida. Siguen lastimándome… aún más de lo que estoy.

Narra Nicholas:

Mi corazón también latía a mil por hora. Era una situación tan escalofriante, y complicada, difícil de manejar. Pero si algo tenía en claro, era que debía mantener la calma, y hacer lo correcto. Es por eso que regresamos dentro de la casa, y le pregunté a Marlene si tenía algún número en especial al que pudiera llamar. Me dijo que buscara entre sus papeles, el teléfono del Comisario Ronald Smith, el mismo que le había hecho un interrogatorio cuando estaba en la clínica. Apenas encontré el número, lo marque, y en instantes me había comunicado con él. Le dije lo que había pasado, y en pocos minutos ya se encontraba en la casa junto a otro policía. Lo primero que hicieron, fue dirigirse al lugar del hecho, observaban todo con cautela, y sin tocar nada. En un momento, sacaron una cámara de fotos, y comenzaron a tomar algunas.

-Chicos… ¿Escucharon o sintieron algún ruido, o movimiento raro? – Preguntó con interés.

-Yo no oí nada. – Dijo Marlene. – Fue todo tan rápido. La verdad no sé, no sé cómo rayos hicieron todo esto. – Agregó completamente confundida.

-Yo tampoco escuche nada. – Acoté. En realidad todo era un gran misterio. No entendíamos como podían meterse a la casa así como si nada y armar aquel gran mural. Después de hacernos algunas preguntas, se quedaron en silencio y al mismo tiempo continuaban contemplando lo que tanto nos alarmaba. Hasta que el policía que acompañaba al comisario, saco de su maletín algunos elementos, y colocándose unos guantes, empezaron a sacar las fotos, una por una, y las guardaban en diferentes bolsas con cierre hermético.  Y finalmente cuando terminaron de hacer ese trabajo, hablaron otra vez.

-Bueno, creo que ya terminamos con esto. – Comunicó el comisario emprendiendo el paso para irse.

-Espere… ¿No va a decirnos nada más? ¿Qué significa esto? – Cuestione preocupado por todo lo que estaba ocurriendo. No quería que nos dejaran sin respuestas a nuestras dudas. Pero lamentablemente, era imposible que descifrara el misterio y nos dejara satisfechos.

-Disculpe joven, pero no puedo decir mucho de esto. Hay pocas pistas, como lo sabían. Esto lo único que me dice es que obviamente el asesino tomo esta fotos porque de seguro estaba planeando hacer algo así. O tal vez no fue el asesino, quizá alguien lo ayuda. Pero no quisiera nada más, prefiero hablarles cuando tengamos las cosas en claro. – Explico un poco desalentador.

-¿De verdad no pueden hacer más nada? – Interrumpió Marlene que no iba a quedarse tranquila de todas maneras. El sujeto negó con la cabeza, y la miro con decepción.

- Lo único que puedo decirle señorita es que coloque algún tipo de alarma en su casa. – Recomendó. –  Quisiera poder brindarle a mis hombres para que vigilen la casa, pero aún no puedo hacerlo. No recibió ningún ataque directo del asesino.  – Explicó intentando hacernos entender cómo eran las cosas.

-¿Y esto que lo que es? ¿No es un ataque esto que acaban de hacerme? – Expreso intentando controlar su enojo. Es que era agobiante que no pudieran brindarnos una solución digna y segura.

- No del todo. A ver, tiene que entender que no hay forma de comprobar que fue el mismo asesino el que hizo esto. Estás cosas son muy lentas, y lo lamento. Pero no podemos hacer más nada. – Manifestó dándole un final a la conversación. Sin decir absolutamente nada más, se dirigió hacia la puerta de la casa, Marlene abrió, y les dio permiso para salir. – Cuídese. – Agrego por ultimo antes de subirse a su auto. Mi mejor amiga solo me miro fastidiada. Regreso adentro, cerró la puerta, y se apoyó en ella.

-¿Dijo que me cuide? ¿¡Que me cuide!? – Exclamo con ironía. - ¡Se supone que ellos tienen que hacer algo! Pero qué más da… - Dijo elevando su voz, pero luego pareció calmarse, y suspiro. – En cualquier momento vendrá por mí, y me matará. Lo sé. Quiero que lo haga. Que me mate y termine con todo esto. – Comentó como si de verdad lo deseara. Yo sabía que no. Sentía que ella solo lo decía porque estaba abrumada, harta. Pero mi mejor amiga, Marlene… ella jamás desearía morirse. Sé cuántos sueños tiene, cuantas metas, todo lo que le queda por vivir, ella nunca se rendiría tan fácilmente.

-Mar… ¿Qué estás diciendo?  Tú no quieres eso. ¡Vamos! Superaremos esto juntos, te lo prometo. -  Aseguré con mi mirada fija sobre sus ojos que me miraban con escasa serenidad. Ella solo sonrío apenas. Ni si quiera mostrando sus dientes, como solía hacerlo. Por eso decidí cambiar de tema, y tratar de que por un rato olvidara todo este lío. - ¿Qué tal si vamos a pasear? – Propuse.

-No sé Nick… estoy muy cansada. Miraría una película en el televisor que está arriba, pero ni si quiera tengo ganas de subir las escaleras. – Indico mostrándose agobiada. Marlene siempre miraba las películas en una sala que estaba en el piso de arriba. Tenía un televisor bastante grande, y había puesto unos sillones muy cómodos. Era una especie de cine, un cine en casa.

-Si el problema es subir las escaleras… eso lo puedo solucionar. – Comenté y al mismo tiempo la cargué en mis regazos, despegándola completamente en el piso, y tirándola hacia atrás. Ahora mis brazos sostenían su cuerpo, elevándolo.

-¡Nicholas! – Gritó en un tono divertido. – Bájame… - Pidió entre risas. Obviamente no le hice caso. 

Estaba seguro que a ella le agradaba lo que estaba haciendo, aunque fingiera lo contrario. Por eso comencé a caminar, y me encamine a subir las escaleras… escalón por escalón. Confieso que disminuí un poco mi velocidad, llevarla entre mis brazos me hacía tenerla más cerca. Ella había rodeado mi cuello con sus brazos, sosteniéndose. Y su rostro estaba a unos pocos centímetros del mío. Era el momento ideal, sería el beso perfecto. Lo pensé, por un momento quise no hacerlo. Pero todos mis impulsos me llevaban a eso, había una fuerza en mí que lo único que deseaba era besarla. Y finalmente me deje llevar… lo hice. Justo en el último escalón. Rocé sus labios con los míos, los sentí por primera vez. Suavemente los moví sobre los suyos, con delicadeza. Marlene me siguió, apegándonos aún más. Duramos apenas unos segundos, pero pude sentir la pasión, la conexión que había entre nosotros, ese sentimiento especial al fin estaba aflorando. Fue todo en un abrir y cerrar de ojos… pero lo consideré el momento más importante de mi vida. 

Por primera vez, me había dejado llevar por mis verdaderos sentimientos. 

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[¡Estoy feliz! Al fin termine el capítulo (?) Me estaba costando un poco porque no me decidía con algunas cosas, pero finalmente quedo esto, así que espero que les guste. Gracias por los comentarios, MIL gracias, de verdad. NUNCA se olviden de dejarlos, me inspiran. ♥] 



- Evi -