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miércoles, 6 de marzo de 2013

Capítulo X


Narra Marlene:

No encontraba palabras para describir aquel extraño hecho. Era algo cruel, atroz. Solamente alguien inhumano, o con muchísima maldad podía haberlo hecho. Por un momento llegue a pensar que todo era parte de una broma, pero… ¿una broma? ¿Quién se atrevería a bromear de esta manera, después de lo que había pasado? Personalmente, lo tome como una señal. Me estaban mostrando que el horror apenas había comenzado, que la  oscuridad aún no aparecía, pero que irremediablemente, llegaría en algún momento.

***

Grité. No pude evitarlo. Y al mismo tiempo miraba todo horrorizada. Un escalofríos, me recorría entera, estremeciendo complemente mi anatomía. Mi interior estaba siendo sacudido al observar aquellas grandes imágenes, que reflejaban el momento más traumático de mi vida.  Y otra vez me pregunte ¿Cómo alguien es capaz de hacer esto? ¿Tomarles fotos para luego mostrármelas y hacerme revivir toda aquella pesadilla? Presentía que estaban deseando lastimarme, hacerme daño. Y lo lograron. Nadie quiere volver el tiempo atrás, ver lo que ya vio una vez. Tenía las imágenes en mi cabeza, inevitablemente las llevaba guardadas en mi memoria, pero intentaba borrarlas cada día, aunque fuese imposible. Pero esto me hacía plasmarlas aún más en mi mente. La pared de mi patio cubiertas por fotos de mis amigas, mis mejores amigas, esas chicas que fueron casi hermanas para mí… muertas. Y estaban exactamente en el mismo orden como las hallé aquella mañana. Julie. Amelí. Alison.
Esas imágenes, eran las más grandes, y estaban en el medio. Alrededor había otras pequeñas fotos, de diferentes momentos felices que viví junto a ellas. Como encabezado de aquella “obra de arte terrorífica”, se dejaba leer una frase, la cual decía “Nunca podrás deshacerte de mí.” Mi corazón se detuvo, mi piel se estremeció cuando leí aquella declaración.

-¿Qué demonios… que rayos es esto? – Preguntó Nicholas que había llegado corriendo hacia a mi lado, atraído por mi grito alarmante. Se perturbo al ver todo eso. Se quedó helado, pero nadie llegaría a estar tan impresionado como yo lo estaba. Nadie lo había visto tan real como yo.

-No lo sé. – Respondí seca. Y aún seguía intacta, parada frente a aquella pared, contemplando lo que me hundía profundamente en mis más oscuros recuerdos.

-Eso es… - Quiso decir algo pero lo interrumpí.

-Espeluznante. ¿No? – Termine de completar su frase y Nick giro para verme a la cara. Pero mis ojos no se desviaban de la aterradora hazaña.

-Mar, ve adentro. Esto no te hace bien. – Susurro intentando que yo regresara a donde estábamos antes. – Yo sacaré todo esto. – Agregó con calma. Era increíble que frente a eso reinara la tranquilidad. En realidad, solo por mi parte, pues debería estar destrozando esas cosas, sollozando, gritando. Pero estaba tan apagada, que ni si quiera podía gritar otra vez. En cambio Nicholas, el si lograba mantener la calma cada vez que era necesario.  

-No lo saques. – Pedí en un hilo de voz.

-¿Qué? ¿Quieres dejarlo ahí? – Pregunto completamente sorprendido por mi reacción.

-¿No deberíamos llamar a la policía? – Cuestioné con certeza.

-Eso… sí. Deberíamos llamar. – Respondió dándome la razón. Creo que mi mejor amigo no llego a comprender como yo pude proponer lo correcto, mientras me mantenía paralizada frente al muro. Mirando. Contemplando los detalles. Amedrentada.  Pero Nick no permitió que siguiera así. Al instante se estancó frente a mí, obstruyendo mi vista. Ahora solo podía verlo a él.  – Mar, entremos. ¿Sí? – Indico posando sus dos manos sobre mis hombros. Yo solo giré. Y comencé a caminar hacia adelante, mientras Nicholas me seguía a mi lado, acariciándome suavemente la espalda. Sin dudas, ver todo eso otra vez,  iba a dejar otra marca en mí, otra herida. Siguen lastimándome… aún más de lo que estoy.

Narra Nicholas:

Mi corazón también latía a mil por hora. Era una situación tan escalofriante, y complicada, difícil de manejar. Pero si algo tenía en claro, era que debía mantener la calma, y hacer lo correcto. Es por eso que regresamos dentro de la casa, y le pregunté a Marlene si tenía algún número en especial al que pudiera llamar. Me dijo que buscara entre sus papeles, el teléfono del Comisario Ronald Smith, el mismo que le había hecho un interrogatorio cuando estaba en la clínica. Apenas encontré el número, lo marque, y en instantes me había comunicado con él. Le dije lo que había pasado, y en pocos minutos ya se encontraba en la casa junto a otro policía. Lo primero que hicieron, fue dirigirse al lugar del hecho, observaban todo con cautela, y sin tocar nada. En un momento, sacaron una cámara de fotos, y comenzaron a tomar algunas.

-Chicos… ¿Escucharon o sintieron algún ruido, o movimiento raro? – Preguntó con interés.

-Yo no oí nada. – Dijo Marlene. – Fue todo tan rápido. La verdad no sé, no sé cómo rayos hicieron todo esto. – Agregó completamente confundida.

-Yo tampoco escuche nada. – Acoté. En realidad todo era un gran misterio. No entendíamos como podían meterse a la casa así como si nada y armar aquel gran mural. Después de hacernos algunas preguntas, se quedaron en silencio y al mismo tiempo continuaban contemplando lo que tanto nos alarmaba. Hasta que el policía que acompañaba al comisario, saco de su maletín algunos elementos, y colocándose unos guantes, empezaron a sacar las fotos, una por una, y las guardaban en diferentes bolsas con cierre hermético.  Y finalmente cuando terminaron de hacer ese trabajo, hablaron otra vez.

-Bueno, creo que ya terminamos con esto. – Comunicó el comisario emprendiendo el paso para irse.

-Espere… ¿No va a decirnos nada más? ¿Qué significa esto? – Cuestione preocupado por todo lo que estaba ocurriendo. No quería que nos dejaran sin respuestas a nuestras dudas. Pero lamentablemente, era imposible que descifrara el misterio y nos dejara satisfechos.

-Disculpe joven, pero no puedo decir mucho de esto. Hay pocas pistas, como lo sabían. Esto lo único que me dice es que obviamente el asesino tomo esta fotos porque de seguro estaba planeando hacer algo así. O tal vez no fue el asesino, quizá alguien lo ayuda. Pero no quisiera nada más, prefiero hablarles cuando tengamos las cosas en claro. – Explico un poco desalentador.

-¿De verdad no pueden hacer más nada? – Interrumpió Marlene que no iba a quedarse tranquila de todas maneras. El sujeto negó con la cabeza, y la miro con decepción.

- Lo único que puedo decirle señorita es que coloque algún tipo de alarma en su casa. – Recomendó. –  Quisiera poder brindarle a mis hombres para que vigilen la casa, pero aún no puedo hacerlo. No recibió ningún ataque directo del asesino.  – Explicó intentando hacernos entender cómo eran las cosas.

-¿Y esto que lo que es? ¿No es un ataque esto que acaban de hacerme? – Expreso intentando controlar su enojo. Es que era agobiante que no pudieran brindarnos una solución digna y segura.

- No del todo. A ver, tiene que entender que no hay forma de comprobar que fue el mismo asesino el que hizo esto. Estás cosas son muy lentas, y lo lamento. Pero no podemos hacer más nada. – Manifestó dándole un final a la conversación. Sin decir absolutamente nada más, se dirigió hacia la puerta de la casa, Marlene abrió, y les dio permiso para salir. – Cuídese. – Agrego por ultimo antes de subirse a su auto. Mi mejor amiga solo me miro fastidiada. Regreso adentro, cerró la puerta, y se apoyó en ella.

-¿Dijo que me cuide? ¿¡Que me cuide!? – Exclamo con ironía. - ¡Se supone que ellos tienen que hacer algo! Pero qué más da… - Dijo elevando su voz, pero luego pareció calmarse, y suspiro. – En cualquier momento vendrá por mí, y me matará. Lo sé. Quiero que lo haga. Que me mate y termine con todo esto. – Comentó como si de verdad lo deseara. Yo sabía que no. Sentía que ella solo lo decía porque estaba abrumada, harta. Pero mi mejor amiga, Marlene… ella jamás desearía morirse. Sé cuántos sueños tiene, cuantas metas, todo lo que le queda por vivir, ella nunca se rendiría tan fácilmente.

-Mar… ¿Qué estás diciendo?  Tú no quieres eso. ¡Vamos! Superaremos esto juntos, te lo prometo. -  Aseguré con mi mirada fija sobre sus ojos que me miraban con escasa serenidad. Ella solo sonrío apenas. Ni si quiera mostrando sus dientes, como solía hacerlo. Por eso decidí cambiar de tema, y tratar de que por un rato olvidara todo este lío. - ¿Qué tal si vamos a pasear? – Propuse.

-No sé Nick… estoy muy cansada. Miraría una película en el televisor que está arriba, pero ni si quiera tengo ganas de subir las escaleras. – Indico mostrándose agobiada. Marlene siempre miraba las películas en una sala que estaba en el piso de arriba. Tenía un televisor bastante grande, y había puesto unos sillones muy cómodos. Era una especie de cine, un cine en casa.

-Si el problema es subir las escaleras… eso lo puedo solucionar. – Comenté y al mismo tiempo la cargué en mis regazos, despegándola completamente en el piso, y tirándola hacia atrás. Ahora mis brazos sostenían su cuerpo, elevándolo.

-¡Nicholas! – Gritó en un tono divertido. – Bájame… - Pidió entre risas. Obviamente no le hice caso. 

Estaba seguro que a ella le agradaba lo que estaba haciendo, aunque fingiera lo contrario. Por eso comencé a caminar, y me encamine a subir las escaleras… escalón por escalón. Confieso que disminuí un poco mi velocidad, llevarla entre mis brazos me hacía tenerla más cerca. Ella había rodeado mi cuello con sus brazos, sosteniéndose. Y su rostro estaba a unos pocos centímetros del mío. Era el momento ideal, sería el beso perfecto. Lo pensé, por un momento quise no hacerlo. Pero todos mis impulsos me llevaban a eso, había una fuerza en mí que lo único que deseaba era besarla. Y finalmente me deje llevar… lo hice. Justo en el último escalón. Rocé sus labios con los míos, los sentí por primera vez. Suavemente los moví sobre los suyos, con delicadeza. Marlene me siguió, apegándonos aún más. Duramos apenas unos segundos, pero pude sentir la pasión, la conexión que había entre nosotros, ese sentimiento especial al fin estaba aflorando. Fue todo en un abrir y cerrar de ojos… pero lo consideré el momento más importante de mi vida. 

Por primera vez, me había dejado llevar por mis verdaderos sentimientos. 

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[¡Estoy feliz! Al fin termine el capítulo (?) Me estaba costando un poco porque no me decidía con algunas cosas, pero finalmente quedo esto, así que espero que les guste. Gracias por los comentarios, MIL gracias, de verdad. NUNCA se olviden de dejarlos, me inspiran. ♥] 



- Evi - 

miércoles, 27 de febrero de 2013

Capítulo IX.


Narra Marlene:

Desperté en un absoluto estado de confusión. Mientras habría mis ojos y tomaba conciencia, me preguntaba quién era la persona que me estaba abrazando. Hasta que lleve la mirada hacia arriba, y vi su rostro. Alex Karev, era él. Estaba durmiendo allí como si nada, conmigo entre sus brazos, sobre su pecho. En aquel momento realmente no podía entender mucho, porque solo tenía recuerdos difusos, imprecisos. Pero que poco a poco se fueron aclarando, hasta que llegue al punto en el cual logré explicarme lo que había ocurrido.  Me moví lentamente, separándome suavemente de él. Me sentía un poco avergonzada, porque recordaba perfectamente los últimos sucesos de la noche anterior. Sabía que había entrado a un bar, donde lo encontré a. Pero no tenía conocimiento de lo que habíamos hablado ahí, o las cosas que yo dije. Sin embargo, recordaba lo que paso en mi casa, en mi sofá. Sé que yo me puse mal, le confesé algunos problemas, y luego le pedí que por favor se quedara.  Y minutos después termine acobijada entre el calor de su cuerpo. Y a pesar de sentirme algo ridícula y estúpida, después de muchos días, al fin me sentía con un poco de fuerzas. Descansé lo suficiente, logré cerrar los ojos y descansar mi mente. Tenía ganas, aunque sea, de enfrentar el día… De repente miré el reloj. Este marcaba las ocho y media. Decidí que debía despertar a Alex, porque tal vez se le estaba haciendo tarde. Así que volví a acercarme a él, y empecé diciéndole algunas palabras, casi susurros, hasta que abrió los ojos y también supe que se hayo un poco desorientado al encontrarse durmiendo en el sofá de mi casa, y verme tan cerca.

-Marlene, ¿Qué paso? ¿Qué hora es? – Cuestiono algo alarmado.

-Tranquilo, no pasó nada. Solo te quedaste dormido. – Respondí para tranquilizarlo un poco, y luego le regale una simpática sonrisa. – Son las ocho y media. – Agregué.

-¡Diablos! – Exclamo poniéndose de pie. – Entro a trabar en media hora, tengo que irme ya. – Indico comenzando a caminar hacia la puerta.

-¿No quieres tomar un café, agua, o algo? – Ofrecí amablemente.

-No gracias, de verdad no tengo tiempo. – Dijo descartando mi invitación.

-Está bien, no hay problema. – Mencione. – Te acompaño hasta la puerta. – Acoté mientras lo seguía por detrás. Llegamos a la salida, y justo en el momento en el que abrí la puerta, nos llevamos una sorpresa. Observamos a Nicholas, que estaba a punto de tocar el timbre. Le sonreí, y él lo hizo también, aunque pareció un gesto un poco forzado. – Hola. – Lo salude.

-Hola Marlene. Ya llegué, ya estoy aquí. – Expreso presentándose ante nosotros. – Y ¿Alex?, que raro verte por aquí a esta hora. – Planteo un poco inquieto y nada calmo.

-Nick, él ya se estaba yendo. – Interferí.

-Sí, estoy un poco apurado. Nos vemos. – Se despidió por última vez y de inmediato subió a su automóvil, poniéndolo en marcha y alejándose de mi casa. Nicholas me miro directamente a los ojos, pidiendo de alguna forma, una explicación. Yo me moví hacia un lado para dejarlo pasar, y luego cerré la puerta.

-¿Cómo te fue? – Pregunté intentando evitar las preguntas que me haría mi mejor amigo. - ¿Cómo está tu abuelo? – Agregué realmente preocupada.

-Bien… afortunadamente dicen que se va a recuperar, aunque está grave. Pero dicen que vivirá unos años más. – Contó un poco aliviado. Se lo notaba mucho más tranquilo a diferencia de aquella mañana en la que se fue bastante alarmado. Me acerque con una sonrisa y lo abrace fuertemente. Realmente sentí felicidad cuando escuche de su voz que todo iba a mejorar. No quería ver a mi amigo sufrir, ya no más. - ¿Y tú? ¿Estuviste bien? – Cuestionó. Y supe que deseaba saber qué hacía Alex en mi casa tan temprano.

- Bien… bueno, en realidad, no totalmente bien, pero bien. – Respondí finalmente nerviosa. No podía mentirle, no era lo que el merecía. Además, no había hecho nada malo, así que solo tenía que decirle la verdad.

-¿Qué paso? – Preguntó esta vez, mientras su voz cambio a un tono más serio. Miré hacia abajo, tomé aire, y decidí hablar de una vez.

- Anoche… me fui a un bar, sola. – Largué. – Al parecer me pase un poco con la bebida, no quise hacerlo, pero estaba tan entusiasmada a olvidarme de todo, que no pensé en más nada. Hasta que Alex apareció allí. Me detuvo, y me trajo a casa. No sé qué hubiese sido de mí si él no me traía hasta acá. – Conté la historia sin mencionar todos los detalles. Además, no recordaba exactamente. Algunos recuerdos eran borrosos.

-Estás diciendo que… o sea, que ¿ese tipo durmió acá? – Pronuncio bastante confundido y mirándome sorprendido.

-Nick, sí, él durmió acá. ¡Pero no entiendo porque me miras así! – Exclame un poco enojada por su actitud. Esa mirada intimidante de Nicholas me ponía furiosa, odiaba que me mirara de esa manera, porque lo conocía, y sabía que estaba pensando algo malo de mí, solo porque estaba enfadado.

-¿Cómo quieres que te miré? Me estás diciendo que dormiste con un hombre que apenas conoces.  – Dijo sin ningún filtro.

- ¡Por Dios, Nicholas! ¿Escuchas lo que estás diciendo? ¿Realmente piensas así de mí? – Emití mostrándome decepcionada.

-Es lo que tú me haces pensar. – Respondió con brevedad y me reí con sarcasmo. Esta era otra típica escena de celos. Cada tanto lo hacía. A veces era adorable, pero otras, como está, solo se comportaba como un idiota. Como un chico estúpido. Y él no era así.

-¿Nick estás celoso? ¡Si, lo estás! – Afirme antes que él pudiera contestar. – Entiende, Alex solo cuido de mí. No hay nada malo en eso. Contrólate un poco. –Explique completamente calmada.

- ¡Solo me molesto que lo trajeras a dormir! – Aclaró aún más enojado que antes, y además, mintiendo. Podía verlo en sus ojos.

-¿Y? ¿Por qué te molesta? Tú y yo, no somos nada. Solo amigos, mejores amigos si quieres llamarlo así. Pero aún tengo derecho de hacer lo que quiero. – Mencione haciéndole ver la verdad.

-Como quieras, tienes razón, tienes derecho a hacer lo que quieras, puedes meter aquí todos los hombres que desees. – Expreso como si nada le importará. Y me dolieron esas palabras, aunque estaba segura que eran productos del disgusto y la alteración. Él no era capaz de pensar algo así de mí.

 -Lo haré. Traeré a mi casa todos los hombres del mundo. – Conteste sin ganas de seguir discutiendo. Le regale una sonrisa de desilusión, desesperanza. Mis ojos brillosos me delataban, revelaban que me había hecho sentir mal. Solo no quería llorar frente a él. Solo gire hacía el otro lado, dándole mi espalda. Nos quedamos en silencio unos minutos y él ni si quiera se movió de donde estaba. Hasta que su irá se fue, y por fin pensó. Se dio cuenta de que había dicho estupideces.

-Marlene… oye, sabes que hable sin pensarlo… - Se acercó hacía a mí hablando, dándome excusas, e intento apoyar su mano en mi espalda, pero apenas me rozo.

-¡No me toques! – Dije aún muy dolida, y camine en dirección hacia el patio trasero, alejándome de él. Lo hice con la cabeza tendida hacia abajo, y mis ojos que no podían esperar a largar todo el conjunto de lágrimas. Pero cuando abrí la puerta del patio y mire hacia afuera, me lleve una terrible sorpresa. Creo que mi corazón se detuvo por un segundo. Y pegué un grito porque lo que vi casi me dejo en shock. No comprendía nada, no entendía quien deseaba hacerme tanto daño y lastimarme hasta dejarme sin aliento.

Esto no podía ser una simple broma, alguien me estaba atacando realmente.

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[Hola chicas!! Perdón por tardarme un poco, y que este capítulo sea algo corto. Es que en dos días tengo el concierto de los Jonas Brothers, y no puedo concentrarme en NADA. Jajaja. Pero me puse las pilas, y escribí el capítulo. No me gusta hacerlas esperar mucho. Gracias por leer, y por los comentarios!! Las quiero, y NO SE OLVIDEN DE DEJAR COMENTARIO. ♥]


- Evi - 

sábado, 16 de febrero de 2013

Capítulo VIII


Narra Marlene:

Sinceramente esa noche no dormí ni si quiera unos minutos. Lo único que hacía era dar vueltas en la cama, mientras pensaba, y me torturaba con viejos recuerdos. Era como si mi mente nunca pudiese descansar un rato. Todo el tiempo estaba activa. Por momentos dejaba de cambiar de posición y simplemente me quedaba inmóvil, con ojos abiertos, contemplando el techo. Creía que en algún momento el sueño iba a vencerme, y que simplemente iba a quedarme dormida. Pero no ocurrió. No descanse, no pude hacerlo. Yo estaba sola en mi habitación, mientras Nicholas dormía en otro cuarto. No le pedí que se quedará conmigo porque deseaba que al menos el pudiese descansar un poco, realmente se lo merecía. Así la casa se mantuvo en completo silencio durante muchas horas. Hasta que escuché sonar el teléfono celular de Nick a todo volumen cerca de las ocho de la mañana. Era un poco extraño que recibiera un llamado a esa hora, así que me fui hacia su habitación para comprobar que es lo que estaba sucediendo.

-¿Todo bien? – Pregunté a Nick cuando él ya había finalizado la llamada.

-Si… - Respondió inseguro. – Bueno, en realidad no. – Se corrigió. Algo malo estaba pasando. – Mi abuelo no está bien. Me llamo mi mamá que en una hora viajaran para ir a verlo… y, debería ir. Pero no quiero dejarte sola, además… - Comenzó a contarme pero lo interrumpí justo en el momento en el que me nombro.

-Yo no tengo que ser un estorbo para ti en este momento. – Aclaré. – Debes ir con tu familia, y ver a tu abuelo.  Es una orden. – Dije un tanto serio y un poco bromeando. – En serio Nick, yo estaré bien. – Agregué.

-¿De verdad estarás bien? ¿No quieres venir conmigo? – Propuso rápidamente. Pero la verdad es que no quería estar estorbando entre sus asuntos familiares.

-No Nick, es tu familia. Me quedaré aquí, te prometo que estaré muy bien. – Mencione para que se pudiera ir con tranquilidad.

-¿Segura? – Insistió.

-Muy segura. Prometo llamarte si pasa algo. – Respondí con una sonrisa en la cara. El abuelo materno de Nicholas había enfermado hace un tiempo, y lamentablemente estaba empeorando. Sabía cuánto le dolía y cuanto sufría al pasar por todo eso, sobre todo al ver a su madre tan mal. No iba a permitirle que perdiera la oportunidad de verlo, solo para quedarse conmigo. Antes de irse, mi mejor amigo siguió insistiendo en quedarse, pero finalmente logré que hiciera lo que debía. No se marchó muy convencido, pero en el fondo sabía que estaba haciendo las cosas bien.

***

Había pasado el día entero en mi casa. Ni si quiera me asome por la ventana a observar que pasaba afuera. Me daba un poco de pánico. Pero cuando anocheció, sentí más confianza en salir. Creía que como era de noche, tardarían en encontrarme, en distinguirme, podía salir camuflada y tranquila. Así que me vestí de la mejor manera para pasar desapercibida. Y salí de casa cuando el reloj marcaba las doce de la noche. No tenía idea a donde quería ir, ni que quería hacer. Solo comencé a caminar en cualquier dirección, hacia donde mis pies me llevaran. Realmente no recuerdo cómo fue que llegué a un bar, y entré. Sin pensar en más nada. Tenía dinero en mis bolsillos, y como era una persona de dieciocho años podía beber lo que quisiera. Me senté sola delante de la barra, y el barman me miro sorprendido, acercándose hacía a mí para tomarme el pedido. Seguramente eran pocas las veces en que personas tan jóvenes se acercaran a esa hora de la noche, y encima, solas. Yo solo le sonreí amablemente, y le pedí un daiquiri. Apenas lo sirvió, lo bebí entero. Disfrute un poco el sabor, pero únicamente pensaba en acabarlo y pedir otra cosa. Jamás había hecho algo así. Nunca pensé que este tipo de cosas podían servir para borrarme por un rato los problemas de la cabeza. Pero estaba funcionando, y eso me agradaba. Al instante de terminar aquel coctel, pedí un tequila. Y luego otro más. Sentía aquel líquido recorriendo mi garganta, produciendo esa sensación de sofocación, ardor, llamas dentro de mí. Hacia efecto en cada celular de mi cuerpo, pues ya comenzaba a sentirme mareada…

-¿Marlene? ¿Eres tú? – Pregunto una voz que provenía detrás de mí, y que reconocí al instante. Solo me gire para comprobar que estaba en lo cierto.

-¡Alex! ¡Alex Karev! – Exclame en un tono alegre, regalándome mi sonrisa más grande. De hecho podía controlar algunas acciones, pero otras solo comenzaron a salir naturalmente. - ¿Qué estás haciendo aquí? Creí que los doctores trabajaban todo el tiempo… - Mencione sorprendida de encontrarlo ahí.

-Es mí noche libre después de trabajar dos semanas sin descanso.- Aclaro. - ¿Tu que estás haciendo aquí? ¿Acaso tienes edad para hacer esto? – Cuestiono sentándose justo a mi lado. Seguramente el creyó que yo no era ese tipo de chicas, y al verme así se sintió decepcionado. Pero también quizás entendía porque lo hacía.

-Tengo dieciocho y medio… casi diecinueve. – Respondí con superación, como si tener diecinueve años me hiciera la persona más madura del mundo. Vi como Alex rió por lo bajo cuando conteste de esa manera.

-¿Al menos puedes ponerte de pie? – Pregunto otra vez. Yo solo puse los ojos en blanco y suspire.

-¡No estoy borracha! Apenas tomé un poco, es más, todavía pienso seguir haciéndolo. – Explique y luego le grité al mozo que me trajera otra cosa para beber. Pero justo vi como Alex le hizo una seña para que dejara de servirme bebidas.- ¡Oye, no arruines esto! Estaba pasándola bien sola. – Reproche y le di un suave golpe en el brazo.

-¡Ouch! – Expreso exagerado. – Sí que golpeas fuerte. – Agrego divertido.

-¿Ya puedes irte y dejarme seguir con mi vida en paz? - Indiqué enojada por sus interrupciones. Pero por dentro deseaba que alguien se quede conmigo a hacerme compañía. En el fondo, lo que menos quería era estar sola. 

- Ya basta ¿sí? No voy a dejarte. – Dijo casi susurrando en voz baja. Fue ahí cuando me di cuenta lo avergonzada que estaba por intentar emborracharme y perder la noción de mi vida. Solo respiré profundo y mire hacia el piso.

- ¿Me llevarías a casa? – Pedí sonrojada por la situación. Me hizo sentir ridícula que Alex me encontrará así y también me puso incomoda el hecho de tener que pedirle que me lleve a casa. Pero no podía regresar sola en ese estado. Estaba mareada y quién sabe dónde podía terminar. Él era la única persona que podía ayudarme.

- Claro que sí. – Contesto. Se puso de pie, y se acercó ofreciéndome su mano para ayudarme a ponerme de pie. Luego salimos caminando de aquel lugar, yo lo hacía aferrada a su brazo. Hasta que llegamos a su auto, y me senté en el asiento que estaba justo al lado del conductor. Antes de comenzar a andar, el me pidió mi dirección y se di. Luego puso en marcha el auto, y comenzó a conducir en dirección en mi casa. Después de todo, a veces si quera afortunada. Me encontré con la persona correcta en el momento en que más lo necesitaba.

Narra Alex:

Estábamos como a unas quince cuadras de su casa, pero en el coche llegamos mucho más rápido. Detuve el auto, y me baje junto a ella, acompañándola hasta la puerta principal. Solo quería asegurarme de que entrará, y se quedará allí, bien. Me preocupaba un poco saber que estaba sola. Me conto que su amigo Nicholas tuvo un problema familiar y por eso tuvo que abandonarla por unos días. Y la verdad es que no podía culpar al chico. Seguramente es imposible para el hacerse cargo de Marlene todo el tiempo. Es comprensible, apenas tiene veinte años. Pero además por mi parte, me había encariñado bastante con ella, y me sentiría culpable si la dejaba toda la noche sola, porque todo era muy reciente. Así que cuando me invito a pasar, acepte sin dudarlo. Lo primero que hicimos, fue ir hacia la cocina y preparar dos cafés. Cuando estuvieron listos, me guío hasta un confortable living, donde nos sentamos en un gran sofá, frente a un enorme televisor. Ella lo encendió y puso una película que encontró en un canal. Ni si quiera sabíamos de que trataba. No le prestamos atención, porque nos pusimos a conversar.

-Tu casa es enorme. – Mencione sorprendido.

-Un enorme vacío. – Respondió. – Bueno, en realidad tal vez no entiendas. Seguro piensas que cualquier persona con una casa así es feliz, pero no. Nadie sabe lo que es sentirse tan sola. – Explico apenada.

-Sí, yo lo entiendo. Lo sé. – Mencione comprensivo, mirándola directo a los ojos. Mi historia tampoco es buena. Mi pasado no fue para nada fácil, ni mucho menos lindo. Aún mi presente sigue siendo complicado. Pero no me gustar recordar, detesto hablar sobre eso. No quiero que la gente conozca esa parte de mí, no quiero que me tengan lastima. – Pero al menos parece un lugar tranquilo. – Acoté.

-Lo es. – Dijo. – Hay mucho silencio, no hay ruidos molestos, pero no puedo dormir. Alex, no puedo dormir y creo que voy a volverme loca. – Confeso alarmada en un tono preocupante. Y con confianza se inclinó lentamente hasta recostarse sobre mi hombro. – Necesito dormir… - Menciono en voz baja cerrando los ojos. – No te vayas… - Pidió luego al mismo tiempo que se acomodaba un poco más, hasta apoyarse sobre mi pecho.  Y en ese momento percibí que le daba tranquilidad que yo estuviera ahí, quizás la hacía sentir más segura.

-No me iré. – Dije con seguridad. – Duerme tranquila. – Agregue y acaricie amistosamente su suave y sedoso cabello. Y yo también cerré los ojos. Tenía que trabajar al día siguiente, y necesitaba descansar como cualquier persona normal, o aún más. Mi trabajo era realmente agotador, pero lo importante es que me apasionaba. Estaba tan cansado que unos segundos me quede completamente dormido... 

Con ella entre mis brazos. 

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[Okey, confieso que me encanta escribir esta novela, porque cada capítulo ¡se pone mejor! Y no es porque sea mi novela, es que, me emociona escribir y crear esto :'3. Además, me parece que se le viene otra complicación a Nick. Se libro de Jacob, pero tiene el camino libre como creía (?) Bueno, creo que ya se dan cuenta jajaja. Espero que les gusta, y como siempre les digo, que estés disfrutando de la novela. DEJEN SU COMENTARIO POR FAVOR, SON MUY IMPORTANTES. Las quiero. ♥]


- Evi - 

lunes, 11 de febrero de 2013

Capítulo VII


Narra Marlene:

El tiempo en la clínica había concluido. Desde el punto de vista médico, ya no tenía que hacer más nada allí. Pero yo no quería irme, por dentro deseaba quedarme. ¿Saben? Después de mucho tiempo, por primera vez me había sentido realmente cuidada, apreciada. Mientras estuve internada hubo gente alrededor mío, todo el tiempo. Siempre alguien me daba atención, me brindaba ayuda, o simplemente estaban ahí. Era una forma de sentirme menos sola. Pero ya no existían excusas ni razones para mantenerme en ese lugar. Así que tomé mi bolso, agradecí de corazón a mi doctor, y luego salí junto a Nicholas por una puerta trasera, hacia su auto. Tuvimos que escondernos un poco de algunos periodistas y personas curiosas que me esperaban afuera de la clínica, como si yo fuese una especie de celebridad, o persona importante. No sé qué les interesaba de mí. Tampoco entendía porque querían verme.   No iba a darles nada, no iba a decir absolutamente nada. Solo contemplarían a una chica con la mirada triste, perdida y confundida. Eso es todo lo que tengo. Soy solo una chica ahogada en tristes recuerdos, que intenta día a día salir a flote. No tengo nada especial. No hay nada en mí que pueda llamarles la atención. No tengo un don, ni súper poderes.  Es más, debería estar muerta. Pero sobreviví.
Observé a toda esa masa de gente alborotada cuando pasamos justo al frente de ellos en el auto con Nick. Ellos no podían vernos porque el coche tenía vidrios polarizados, opacos, negros. Eran bastantes, demasiados. Nunca imagine que tanta gente estaría esperando por mí.  Por unos minutos me quede casi paralizada antes ellos, mirándolos. Cámaras, micrófonos,  filmadoras… esperando tomarme una foto, grabar mi salida, o escuchar mi voz. ¿Acaso estaba enloqueciendo?

-Es increíble. – Exprese asombrada.

-¿Te refieres a ellos? – Pregunto Nicholas al mismo tiempo que conducía.

-Sí. No es que este encantada, al contrario. Pero ¿Están esperando por mí? ¿No sabes si tal vez hay alguna 
celebridad en esa clínica? – Comenté tratando de entender un poco más.

-La celebridad eres tú. – Afirmo algo bromista.

-¡Nick! – Exclame fastidiada. – No soy ninguna celebridad. – Agregue. Las palabras de Nick sonaban un tanto chistosas. Sabía que en parte lo decía para hacerme reír. Para molestarme como siempre lo hacía. Su 
sentido del humor entre sarcástico e irónico, nunca faltaba.

- Es que no te imaginas, tú estabas ahí adentro encerrada. Pero yo salía afuera y me atacaban. Me preguntaban cosas sobre ti. – Contó mientras yo seguía sorprendiéndome al oírlo.

-¡¿Y qué les dijiste?! – Cuestione exaltada.

- Al principio no quise hablar, pero luego me ofrecieron un trato. Dije todo sobre ti, a cambio de cincuenta mil dólares. Gran inversión, ¿no? – Explico seriamente. Pero ni si quiera pude creer eso. Me di cuenta al instante que aún seguía haciendo chistes. Sus risas por debajo de sus palabras, lo delataron. Nick no era muy bueno cuando se trataba de mentir.

- ¡Nick! Sé que estás mintiendo. ¡No hiciste eso! – Fingí estar enojada solo para que el continuara fastidiándome con cariño.

- Bueno, me descubriste. – Reveló. – Hablando en serio, no les dije nada. Salí en los noticieros con mi peor cara de espanto, diciendo “¡No sé nada!” e intentando escapar de ellos. Es gracioso cuando lo vez, pero en el momento fue algo incómodo, muy incómodo. – Contó finalmente la historia verdadera. Y otra vez me hizo reír. Podía imaginármelo a la perfección huyendo aterrado de toda esa gente. Nicholas odiaba las multitudes, los gritos, y las personas tan exaltadas. Y exactamente con esa misma muchedumbre nos encontramos cuando llegamos a mi casa. ¡Estaban esperándome! Realmente la situación dejo de ser “divertida.” Me sentía horrorizada, invadida, perseguida. Quería bajar y gritarles a todos que se fueran y me dejaran en paz. Pero mi mejor amigo tenía otro plan, había pensado en algo excelente. Regresamos una cuadra atrás, me presto su campera, y me cubrí lo mejor que pude. Luego me bajé del auto, y comencé a caminar hacia mi hogar. Pactamos que yo ingresaría por la puerta trasera, mientras el los distraía en frente. Afortunadamente, las cosas salieron tal cual lo imaginamos. Entré a mi casa sana y salva, y a los minutos, Nicholas lo hizo también.

- ¡Misión cumplida! – Menciono satisfecho mientras buscaba mi mano para “chocar los cinco.” Correspondí al infantil gesto mientras reía levemente.

-¿Qué les dijiste esta vez? – Pregunté curiosa.

-Les dije que no estarías aquí, que te buscaran en otro lado. – Respondió sensato.

-No entiendo como saben dónde vivo.  No esperaba todo esto… me sentido tan extraña. – Dije sincera y la vez tan confundida.

-La gente en la clínica, enfermeras, o personas que simplemente se enteran. Venden la información, la divulgan. Así funciona todo eso. O bueno, yo creo que funciona así. – Explico con inteligencia. Creo que olvide mencionar que Nicholas conoce sobre todos los temas. Es un chico muy listo y maduro, está lleno de conocimientos.

-Eso quiere decir que tengo que tener muchísimo cuidado con la gente. – Mencione y Nick asintió dándome la razón. – Genial, ahora tampoco puedo relacionarme normalmente. – Agregué quejándome de mi inútil situación. El solo se quedó en silencio, mientras escuchaba todo lo que podía reprochar sobre mi vida. Pero yo misma decidí detener esa situación. Sentí que de alguna manera todo se volvía agotador, que Nicholas me estaba brindando su amistad y su atención, y que necesitaba devolverle todo lo que me estaba dando. – Nick, lo siento. Supongo que debes tener hambre, que estás cansado. – Apunté tratando de que él sea sincero con sus sentimientos.

-Bueno, sí, tengo hambre. Muero por una de tus pizzas. – Confeso hambriento.  Y realmente provoco en mí las ganas de cocinar. Era algo que me gustaba hacer y esta ocasión lo anhelaba.

-Creo que hoy es tu día de suerte, puedes poner la mesa mientras yo cocino. – Indique con una sonrisa en mi cara. Mientras me marchaba en dirección a la cocina para comenzar a hacer mi trabajo.  Me agradaba que el estuviese allí y se quedará.  Me hacía sentir apreciada cuando el intentaba hacerme sonreír, o hablar de algo que despejara mi cabeza y me hiciera pensar en otra cosa. Por primera vez podía valorar todo lo que se esforzaba por mí, para verme mejor. Supe que después de todo seguía sien do afortunada, porque tenía un amigo increíble a mi lado.

Narra Nicholas:

La casa de Marlene tenía un gran tamaño, y era muy espaciosa. Había muchos cuartos de sobra ya que ella sola vivía allí. Y aunque tenía el dinero suficiente para irse a otro lugar más chico ella no lo hacía. Decía que le gustaba esa casa porque conservaba los recuerdos de cuando era pequeña y contaba con sus padres a su lado. Cuando se preocupaban por ella. Además a Marlene siempre le gustaba invitar a todas sus amigas para divertirse. Iban y venían de un cuarto a otro con la música a todo volumen. No eran muchas. No más de seis o siete. Pero igual la pasaban fantástico.  Casi siempre que yo llegaba ella estaba con alguna de sus amigas. Lamentablemente el vacío se sentiría todo el tiempo. Es por eso que intentaba distraerla, hacerla pensar en otra cosa. Me quedaría ahí con ella el tiempo que sea necesario. Y aunque tuviera que irme, nunca la dejaría sola. Me mantendría cerca de todas formas. Mientras ella cocinaba, recogí un mantel y lo desplace sobre la mesa. Busque los platos, cubiertos, y saque algo para beber. Justo cuando estaba llenando los vasos con la bebida fresca, sentí el timbre de la casa.

-Nick ¿puedes atender tú? Todavía no termino con la comida. – Pidió amablemente.

-Sí, voy yo. – Respondí caminando hacia la puerta principal y la abrí para descubrir quién era. Y deberás que me lleve un gran disgusto. Jacob. Jacob estaba parado, de pie ante mí. Me miró fijamente esperando a que yo dijera algo. ¿Acoso pensaba que lo dejaría entrar?

-¿Qué necesitas? – Pregunté haciéndole saber que lo despreciaba.

-¿Está Marlene? – Respondió con una consulta.  

- ¿Marlene? ¿Para qué quieres verla? Ya cometí el error una vez. No dejaré que vuelvas a acercarte a ella. 

– Advertí  con la guardia en alto y aún seguía sin entender el motivo de su visita.

-Ella quiere verme. Voy a entrar, me importa una mierda lo que tú digas. – Expreso tornándose más agresivo. - ¡Marlene! – Gritó fuertemente para que ella pudiera oírlo mientras me empujaba luchando contra mi voluntad para poder entrar.

-¿Qué está pasando aquí? – Cuestiono mi mejor amiga bastante preocupada por lo que estaba pasando.

-Marlene, tenemos que hablar. Tenemos que hablar. – Insistía Jacob.

-No. Veté de aquí. No es el momento. – Indico Marlene intentando despacharlo de su casa.

-Yo quiero hablar, por lo tanto hablaremos. – Afirmo en el mismo momento que me sobrepaso estirando su brazo, y agarrando a Marlene para atraerla hacia a él.

-Oye ¡No la toques! – Exclame fuertemente dándole un empujón hacía atrás. La situación se convirtió en un hecho violento cuando él me golpeo y yo le respondí de la misma manera. Jamás había peleado así con alguien. Pero como dicen, siempre hay una primera vez para todo. Y todo se vio más alborotado cuando una persona que pasaba por ahí intercedió separándonos.

-¡Nick! ¡Nick! Detenté. – Ordeno mi mejor amiga elevando un poco su tono de voz. Y sosteniéndome de la cintura para evitar que siguiera pelando. Otro sujeto había agarrado de igual manera a Jacob, y trataba de calmarlo. – Vamos adentro, ya déjalo. No vale la pena. – Susurro haciendo que mi furia poco a poco se acentuara con serenidad. Respire agotado y me dije a mi mismo que con violencia no solucionaría nada. Di media a vuelta dándole la espalda a ese individuo, y regrese adentro junto a Mar.

- ¿Puedes tranquilizarte? Esto no le hace bien a nadie. ¡Te acaban de lastimar! – Reprocho un poco enojada, pero cuidando de mí. Enseguida busco el botiquín de auxilios para sanar el pequeño corte que tenía en mi cara.

-Ya sé que no hice bien, pero es un idiota, un imbécil. – Conteste aún con furia. Exploté cuando lo vi armando tan escándalo. No soporté que fuese a interrumpir nuestra tranquilidad. Y deseaba que pagara el daño que había hecho.

-Ya está. Mejor terminemos con esto, y vayamos a seguir con lo que estábamos haciendo. La pizza está lista. – Menciono cambiando radicalmente de tema. – Nick… - Musito. – Gracias por todo. – Acotó brindándome un suave beso en la mejilla, y abrazándome cariñosamente. 

Después de todo el desastre, los golpes, y los gritos, tenerla tan cerca me dio paz.  

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[¡Otro capítulo! Lo único que tengo para decir es que espero que estén disfrutando la novela, que les guste, y que tengan ganas de leer. No se olviden de los comentarios, POR FAVOR. Son muy importantes para mí. Gracias a todas. ♥]

jueves, 7 de febrero de 2013

Capítulo VI



Narra Nicholas:

La tranquilidad en mi mirada no era completamente sincera. La serenidad que me definía, a veces solo era fingida. Estaba furioso por dentro. Muy furioso. Pero no podía descontrolarme justamente en esta situación. Aquí mi papel era cuidar de ella, quedarme a su lado, y calmarla cuando era necesario. No lograría nada bueno si seguí mis instintos masculinos, y me iba corriendo a romperle la cara al idiota de Jacob. Aunque era lo que más quería en aquel momento. Estaba frenético por dentro,  hasta el punto de llegar a enojarme conmigo mismo… Me reprochaba lo ciego que fui. ¿Cómo no pude darme cuenta a tiempo que mi mejor amiga estaba sufriendo? La conozco, conozco toso sus gestos, sus sentimientos, sus emociones, sus estados de ánimo. Pero esto se me paso, se me escapo de las manos, ni si quiera pude imaginármelo. No lo noté. Y por más que me odiaría, eso ya había pasado, no había forma de cambiarlo ni de regresar el tiempo atrás. Pero si existían maneras de curar sus heridas. Era consciente de que para ella yo era lo único que tenía en este mundo. Y prometí que la haría sonreír como sea, que la haría feliz aunque tuviera que luchar contra un ejército de personas. Verla brillar como antes era mi objetivo más importante.

***

La policía ya se había ido. Llego para cumplir con su trabajo, el cual era hablar con Marlene, realizarle algunas preguntas, e intentar sumar más pistas al caso. Yo aún estaba esperando para verla, porque su médico me dijo que cuando terminaron con el interrogatorio, ella decidió dormir y descansar un rato. Pero además también me dio buenas noticias, comunicándome que Marlene ya podría irse a su casa al día siguiente. Afortunadamente, no había más complicaciones, y todo indicaba que las cosas seguirían mejorando. Mientras pensaba en lo agradable que sería darle esa noticia, me adormecí un poco sentado en la sala de espera. Hacía como tres días que no podía dormirme y relajarme como debía. Estuve con mucha tensión, nada en mí podía descansar porque las cosas no estaban nada bien. Pero ahora que sabía que el peligro estaba un poco más alejado, mi cuerpo comenzaba a respirar con serenidad  y a encontrar un poco de paz. Creo que estuve como cuatro horas con los ojos cerrados, entre dormido y despierto a la vez. Hasta que una enfermera me hizo saber que mi mejor amiga ya estaba despierta y quería verme.

-¡Aquí me tienes, como lo pediste! Soy todo tuyo. – Dije bromeando para tratar de romper con todo ese clima sombrío.  Ella sonrió, y se acomodó sentándose sobre la cama, para poder conversar mejor.

-Nick… siempre siguiendo mis órdenes. – Exclamo continuando con mi estúpido chiste. – Dime que tienes buenas noticias y que por eso estás tan de buen humor. – Pidió como si me hubiese leído la mente.

- Si, Mar. Traigo muy buenas noticias… - Mencione ansioso. - ¡Mañana mismo puedes salir de aquí!- Exprese animado, pensando que tomaría bien la noticia, pero no fue así.  Ella bajo la mirada en un parpadeo. No podía comprender su tristeza en aquel momento. Creí que lo que más quería era salir de esas cuatro paredes.

- ¿No es muy pronto? – Pregunto mostrándose desconcertada.

-No, supongo que no lo es. Estás bien… digo, tu herida está sanando, está mejorando, ya no hay complicaciones. – Comenté intentando hacerle ver las cosas buenas que estaban sucediendo. Marlene sonrío levemente, pensó un poco, y luego retomo el habla.

-De verdad creo que es muy pronto. – Insistió nuevamente.

 -Dime Mar, ¿Por qué crees que es demasiado pronto? ¿Hay alguna razón en especial por la cual quieras quedarte más tiempo aquí? – Cuestione confundido, tratando de descifrar sus misterios, o tan solo comprenderla.

-Nick… seré sincera. Tengo miedo, me da miedo salir de aquí. Acá me siento segura, hay gente de confianza, tengo a alguien que vive pendiente de que esté bien,  tú estás al lado mío todo el tiempo, nadie puede presionarme, no estoy lista para salir de aquí. – Confeso un poco nerviosa, pero sabía que estaba siendo sincera conmigo. Entonces logré entenderla. Simplemente con la verdad pude deducir la razón de su tristeza, de sus miedos.

-Mar…- Mencione acariciando suavemente su mejilla izquierda. – No importa si estás aquí o no, soy tu mejor amigo y voy a estar contigo pase lo que pase, ya lo sabes. Vivo diciéndotelo. – Aclaré con ternura. – Y nadie va a presionarte. Estarás en tu casa, en paz. Y con respecto a lo otro, cuando necesites a alguien que te asegure que todo está bien, llamaremos a quien sea necesario. – Al mismo tiempo que decía todo eso, ella me miraba y me escuchaba atentamente. Presentía que ella creía en mí. Y estaba en lo correcto. Nunca le fallaría. Marlene no contesto, no respondió con palabras. Solo me abrazo con fuerzas, por minutos. Y yo la correspondí con gusto. Adoraba sentirla entre mis brazos. Tenerla ahí, conmigo.

Narra Alex:

El día finalmente había llegado. Ya no existían más razones para que Marlene se viera a obligada a permanecer otro tiempo aquí. Físicamente, estaba bien. El único cuidado que implicaba su herida, eran cambiar las vendas todos los días, algo que no era complicado y que cualquier persona con una simple explicación podía hacerlo. Marlene es una de esas personas que te dejan en una marca, alguien que sobresale entre tantas personas que uno ve en el día. Será imposible de olvidar sus ojos que reflejaban temor, y me miraban asustados cuando apenas llego. Su enorme corazón, su gran potencia, y toda la fortaleza que lleva dentro. Y su historia… su historia es muy especial.

***

Busqué entre todos mis papeles el historial médico de Marlene, y escribí las últimas palabras, entre ellas, la fecha del alta. Deje mi firma justo al término de la hoja, y me dirigí hacía a sui habitación con la intención de que también plasmara su firma sobre el papel. Ya todo estaba listo.

-Marlene, solo necesito que firmes aquí y ya te dejaré ir. – Comenté entregándole aquel documento en sus manos. Ella lo tomó, agarro la lapicera, e hizo lo que le pedía rápidamente.

- ¿Estás enojada? – Pregunté bromeando porque ni siquiera me miro a los ojos. Y presentía que algo ocurría.

-No. Odio las despedidas. – Respondió seca. – Y además, no quiero irme. Me da terror la idea de poner un pie fuera de este lugar, pero lo intentaré solo porque tú piensas que es lo mejor. – Agregó un poco disgustada. Podía notarlo.

 -Marlene, realmente es lo mejor. Encerrada aquí no lograras nada. Tu vida se verá estancada entre cuatro paredes ¿Y de verdad quieres eso? No. – Aconseje mientras ella reflexionaba en su cabeza. – Además tienes que salir adelante. Tienes que salir, y mirar el futuro. – Acoté.

- ¿Mirar el futuro? ¿Me hablas de mirar al futuro cuando mi pasado es un completo desastre? Necesito entender todo lo que paso para poder seguir adelante. Y aunque ahora me sienta la persona más débil del mundo, juro que yo misma averiguare que sucedió exactamente ese día. – Expreso con un gigantesco valor en cada palabra, mientras me transmitía todo el coraje y la valentía que tenía dentro.

- ¿Lo ves? Ya estás lista para salir de aquí, estás pensando en salir adelante y esa es la mejor señal de que estás recuperándote. – Indique con certeza. Marlene me sonrío. Por primera vez vi una sonrisa de verdad en su rostro. Al mismo tiempo, se acercó un poco más hacía a mí.

-Gracias, Alex. No hubiese sido lo mismo sin ti. – Me agradeció mirándome fijamente a los ojos. Lentamente me atrapo con sus brazos,  apegándose a mí. Lo hizo un tanto insegura porque temía que yo no correspondiera el gesto. Pero de igual manera, lo hice. La abrace, y le desee lo mejor. Me despedí. Sentí en mí una reconfortante sensación, aprecie el momento sintiéndome bien conmigo mismo, pues había cumplido con mi trabajo como debía. Poco a poco se alejó, tomo un bolso entre sus manos, y observo que su amigo estaba esperándola afuera.  – Bien, supongo que ya debo irme. – Dijo acercándose hacia la puerta de salida. Yo solo asentí dándole permiso para que se fuera cuando quisiera.

-Mar, escucha, sabes que puedes llamarme si necesitas algo. – Mencione en voz baja antes de dejarla ir y ella esbozó una pequeña sonrisa en su cara.

- Lo sé. – Respondió casi susurrando las palabras. Creo que nuestra conversación se tornó un poco secreta al último, ya que está casi prohibido que los médicos tengan una relación tan informal con los pacientes. Pero qué más da. Yo estaba dispuesto ayudarla fuera de mi trabajo si ella lo necesitaba.  Después de todo, no estaba mal.

Había algo en mí que me hacía darle tanta confianza.

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[¡Hola! Creo que está vez tarde un poco en subir porque estuve ocupada con cosas del colegio, mi carrera, y mi futuro (?) Jajaja. No es fácil. Pero siempre me hago tiempo para escribir, porque amo hacerlo. Y realmente sigo inspirada. Escribir esta novela cada día se hace más emocionante, e interesante. Gracias por seguir acá, y por los comentarios. NO OLVIDEN DEJAR SU COMENTARIO, ES MUY IMPORTANTE. ¡Las quiero!♥] 



- Evi -