¡Atención! Si eres nueva lectora, y te gustaría que te avisara cada vez que actualizo, solo tienes que mandarme un tweet a @EviJonaas.

miércoles, 27 de marzo de 2013

Capítulo XV


Narra Marlene:

En la larga espera que se había convertido en una eternidad, recordé como desperté aquella mañana. Sintiéndome valiente, poderosa, con un gran coraje, la persona más fuerte del mundo, capaz de sobrevivir a cualquier cosa. Creí que eso duraría en mi al menos, un poco más de tiempo. Pero fue todo al revés. Mis emociones dieron un repentino vuelco, y cuando menos lo imagine, me encontré invadida por el temor, la inseguridad. Comencé a ser otra vez completamente vulnerable, y regresé a ser la chica débil. Me acurruque en un banco de aquella plaza, y sin resistir más, dejé escapar algunas lágrimas. Días anteriores me había prometido a mí misma abandonar el maldito habito de llorar tanto. Pero inevitablemente, no pude hacerlo. A veces las lágrimas eran mi única salida para descargarme. Solo me detuve cuando a lo lejos, divise su auto. Fue ahí cuando me puse de pie casi de un salto, y sequé mi rostro lo más rápido posible. Cuando me vio, se detuvo. Justo frente a mí. Bajo del auto y me observo comprensivamente, pero dejándome ver que estaba un poco molesto. Lo miré y sentí vergüenza. Y más aún cuando me di cuenta que indudablemente notaría que estuve llorando como una niña pequeña. Al principio, no dijo nada. Solo abrió la puerta del auto, y me indico que abordará. Subí, y me senté, mientras observaba como el repetía mis movimientos, solo que sentándose sobre el asiento del conductor, y tomando el volante. Pero antes de arrancar, hizo un tiempo para mirarme nuevamente.

-¿Estás bien? – Preguntó con preocupación.

-Sí. – Respondí y quise continuar, pero antes debí asegurarme de que no lloraría frente a él, y respire profundo intentando terminar con esas ganas de sollozar. – Sí, estoy bien. – Agregué esta vez en un tono más alto, y tratando de oírme firme y segura.

-No te creo. – Dijo sin filtros. Si existía algo que lo caracterizada perfectamente, era su sinceridad. – Mira Marlene, tienes que saber que no pondré en marcha este auto hasta que me digas la verdad. – Indico seguidamente a sus anteriores palabras. Me sentí un poco en aprietos. En realidad, quería contarle. Ese no era mi problema. Solo no quería quedar como una necia que puso en riesgo su vida solo por creerse una súper heroína.

-Ya me humille demasiado por hoy… no quiero que pienses que soy una inmadura. – Puse como excusa para no tener que relatar cada uno de los hechos.

-Marlene, solo quiero saber qué haces aquí sola. Vine a buscarte ¿no crees que tengo derecho a saberlo? – Pregunto con la razón.  Era lógico todo lo que decía, y yo podía entenderlo perfectamente. Debía decirle, por más que me resultara bochornoso.

-Es que es tan estúpido lo que hice. – Mencione. – Tenía algunas pistas y ¿Sabes qué?  Decidí seguirlas y me trajeron hasta aquí. – Lancé finalmente. Al principio, me miró sorprendido. Quiso hablar, pero creo que no encontraba las palabras. Seguramente estaba procesando mis palabras en su cabeza. – Pero no conseguí nada. Solo conseguí que robaran mis cosas. – Agregué con la intención de que el lograra responderme algo. Pero no. Seguía en silencio.

-Marlene ¿En qué carajo pensabas cuando viniste aquí? ¡Sola! ¿No sabes que puede ser peligroso? ¡Por Dios, ni si quiera fuiste capaz de decírmelo antes! – Reprocho tal como me lo esperaba. Yo solo miré hacía el piso. Si antes me sentía avergonzada, ahora lo estaba aún más. - ¿Qué hay de Nicholas? Él está todo el día contigo ¿Ni si quiera intento frenarte? – Continuó cuestionándome.

-Tampoco se lo dije. – Conteste con la voz débil. Ver a Alex tan enojado me estaba lastimando porque era consciente de que yo era la causante de su alteración.

-No deberías haberlo hecho, es muy peligroso ¡podría haberte pasado cualquier cosa! No lo hagas de nuevo Marlene. – Agregó aún bastante exaltado. Tuve un choque de emociones dentro de mi cuerpo, y por un instante tuve ganas de gritar y lanzarle todas las palabras en la cara. Y lo hice.

-¡Está bien Alex! Lo siento ¿sí? ¡Estoy bien! ¿No lo ves? ¡Estoy bien! – Exclamé elevando mi voz. Yo también podía hacerme notar. Yo también tenía derecho de vivir mi vida y hacer con ella lo que quisiera, manejarla a mi mano. Pero desde que sucedió lo que sucedió, deje de tener el control de las cosas. Ahora me manejaba con la ayuda de Alex, Nicholas o los policías. Todos querían lo mejor, querían cuidarme. Pero a veces me asfixiaban. - ¡Es que a veces ni sé lo que hago! Solo me dejo llevar… - Continué pronunciando pero poco a poco mi habla se fue entrecortándose y mostrando debilidad. – Pero es que me siento tan… tan perdida. Cansada.  – Acoté casi en un hilo de voz. Y al instante me cubrí el rostro con las dos manos. Otra vez iba a llorar. Aunque intenté detenerme y resistirme. Pero me derrumbe finalmente cuando él me atrapo entra sus brazos, y me apretó con fuerzas sobre su pecho, donde derrame cada lágrima que había intentado ocultar. Lo hice sin presión, con tranquilidad. Solo sentía aquel abrazo cálido y esa extraña paz que me proporcionaba cada vez que lo tenía cerca.

***

En menos de dos horas, llegamos a mi casa. Durante el pequeño viaje, Nicholas me había llamado a mi celular, casi desesperado. No me encontraba, y se había puesto como loco. Pero se tranquilizó cuando le dije que estaba bien, y que luego le contaba todo lo que pasó. Apenas Alex estaciono el auto, puse divisar la figura de mi mejor amigo esperándome en la entrada. Caminamos hasta allí, y apenas lo tuve cerca lo salude con un cariñoso abrazo. Lo había extrañado. Nicholas siempre me acompañaba en ese tipo de locuras, aunque las veces anteriores nunca fueron tan peligrosas, pero cuando yo le proponía algo era difícil que no aceptara. Siempre me acompañaba y apoyaba aunque no estuviese de acuerdo. Esa era otra de las tantas cosas que adoraba de él.

-Bueno, hasta aquí llegué yo. – Pronunció Alex cuando estábamos a punto de entrar a mi casa. – Tengo que regresar a mi trabajo. – Explicó y lo entendí.

-Lamento haberte interrumpido. Pero muchas gracias, de verdad. – Le agradecí mirándolo fijamente a los ojos.

-Solo prométeme que no volverás a hacer algo así. – Pidió para poder irse más tranquilo. Y fue por ese motivo que se lo jure, realmente.  No podía quitarle la tranquilidad de todos los días.

-Lo prometo. – Pronuncié en voz alta. Luego le sonreí haciéndole saber que estaba más que satisfecha por todo lo que hizo por mí aquella noche. Me acerqué y le deje un beso en la mejilla. Para luego observar cómo se iba y se alejaba en su automóvil. Nicholas que se mantuvo apartado para no interrumpir, me siguió por detrás para entrar a mi casa. Pero lo noté raro, extraño. Supe que estaba guardándose algo, y no iba a quedarme atrás. Quería saber que rayos le sucedía a mi mejor amigo.

Narra Nicholas:

Había estado planeándolo por días. Desde que sentí que alguien estaba a punto de meterse en el medio, me decidí que no podía perderla otra vez. Que tenía que hacer algo para conquistarla, y que finalmente pudiera fijarse en mí como algo más. Estaba seguro que sería la cita perfecta. Parque de diversiones, luego una romántica cena,  y el final más esperado. Iba a besarla y a decirle cada cosa que sentía por ella. Todo lo que estuve ocultando por años. Pero por tratar de dejar listo cada detalle y no olvidarme de nada, apagué por unas horas mi teléfono celular, para que nadie me molestase. Y justo en ese momento, fue cuando ocurrió todo. No oí cuando ella me llamo. Alex otra vez me gano. Lo hizo antes. Lo hizo más rápido. Demonios, no podía sentirme más culpable. Además de un idiota, un imbécil. Pero mi optimismo siguió intacto cuando la vi llegar, y todavía teníamos tiempo de ir a la cena, al lugar que había reservado. Y cuando me contó lo que sucedió, supe que era el plan perfecto. Marlene necesitaba distraerse, despejarse un poco, cambiar la rutina por una noche. Sería ideal. Fue por eso que no perdí más tiempo, y en cuanto tuve la oportunidad, se lo dije. ¿Y lo mejor? ¡Ella acepto! Solo me pidió unos minutos para ducharse y prepararse. Como todas las chicas, quería lucir bonita para salir. Pero ella no necesitaba de tantos maquillajes, accesorios, o cosas de ese estilo.

Ante mis ojos, se veía hermosa todo el tiempo.

~ . ~ . ~ . ~ . ~ . ~ . ~ . ~ . ~ . ~ . ~


[Chicas!! Acá les dejo el capítulo 15, como ven, estoy avanzando bastante rápido. Además, les adelanto: El próximo capítulo es IMPERDIBLE, ah. No, en serio, se viene la cita de Nick y Marlene. Nick sacando su lado más tierno y romántico. Y bueno, solo espero que les guste, y que lo estén disfrutando. NO SE OLVIDEN EL COMENTARIO :3 GRACIAS ♥]



- Evi -

domingo, 24 de marzo de 2013

Capítulo XIV

Narra Marlene:

Cuando desperté aquella mañana, me sentía arrolladora, con el poder suficiente de derribar a cualquiera, con todas las ganas de superar al mundo. Hacía tanto que no me ocurría eso, de estar con la valentía y el coraje a flor de piel. La noche anterior me dormí con el miedo activo corriendo por mis venas. Pero de repente, el ya no está. ¿Problemas de personalidad? ¿Necesitaba un psicólogo o tal vez un psiquiatra? Tal vez. Pero no tenía tiempo para pensar en eso. Simplemente quería disfrutar un poco la adrenalina. Una persona normal lo disfruta saliendo a correr, haciendo algún deporte extremo, o quizás yendo a un parque de diversiones. Pero eso lo haría, como dije antes, una persona normal. Y yo, no soy como los demás. Desde hace tiempo deje de serlo. Desde que me convertí en la única sobreviviente de un asesinato múltiple. Y en vez de elegir lo más sencillo de la lista, opte por lo más complicado. Lo que me dejaba expuesta al peligro, lo que me hacía desobedecer. Decidí ir yo misma a buscar al homicida. Aquel maldito que acabo con la vida de mis mejores amigas, y que estuvo a punto de acabar con la mía. Secretamente, guardaba recortes del diario con las noticias sobre el crimen. También tenía un anotador donde apuntaba cada palabra que me comunicaba el comisario. A mi manera, investigaba el caso. No podía acceder a tantas fuentes como lo hacía un profesional, pero si a la más importante; yo misma.  Así que completamente segura y dispuesta  a hacer lo que sea, busque aquellas importantes pertenencias. Tomé mi agenda, y comencé a re-leer un poco todo lo que estaba plasmado allí. Hasta el momento, lo que más les interesaba a los profesionales, eran las pistas que guiaban que el culpable provenía de Bellingham, una pequeña localidad cerca de mi ciudad, Seattle; Estado de Washington. Sabía quedaba aproximadamente una hora y media. Aunque yo planeaba ir en colectivo, el cual podía tardar un poco más, pero en dos horas podía estar allí. Una vez que confirme mis planes, agarré una de mis mochilas, cargué algunas cosas y la deje lista. Llamé a la estación, y pedí que me reservaran un pasaje. La persona que me atendió, me comunico que el colectivo más cercano salía al atardecer. Afortunadamente, tenía tiempo para alistarme. Deje pasar la tarde mientras finalizaba con los últimos detalles, y cargaba alguna que otra cosa.  Minutos antes de que llegue la hora de salida, comí algo rápido, luego tomé la mochila, la cargue en mi espalda, y justo cuando pensaba en irme, alguien tocó el timbre de mi casa, y atendí rápidamente, pues estaba a unos pocos pasos.

-Nick, eres tú. – Mencione con una sonrisa fingida. De ninguna manera quería que se enterara que iba a irme. No me dejaría, o querría acompañarme, y no pretendía ponerlo en peligro a él.

-Marlene… - Pronuncio el mirándome un poco extraño. Se estaba dando cuenta de la situación. - ¿Te ibas a algún lado? – Cuestiono.

-No. – Negué rápidamente. – Bueno en realidad… me voy con un amigo. – Mentí para despistarlo.

-Ah, bien por ti. - ¿Qué amigo? – Pregunto instantáneamente. Otra vez terminaríamos discutiendo, lo presentía. Descifraba a Nicholas con facilidad.

-No lo conoces. – Respondí fingiendo seguridad. Y al mismo tiempo lo hice dar unos pasos hacia atrás, para que me diera permiso para salir de mi propia casa. Una vez que lo hice, cerré la puerta con llave, y otra vez giré para mirarlo a la cara.

-Es Alex ¿no? Te vas con en él. – Lanzó equivocado. Por primera vez Nicholas Jonas, el señor perfección, se encontraba errado.

-No. – Negué nuevamente. Y esta vez sí que no fingía.

-Dime la verdad. Sé que te vas con él, por eso no quieres decírmelo. Porque sabes que no lo soporto. – Expreso en un tono bastante peculiar, el tono de voz que él ponía cuando estaba a punto de enojarse.

-Piensa lo que quieras. – Dije intentando finalizar con la estúpida cuestión de una vez.

-Pienso que te vas con él, y si, lo harás. Parece que él te hace recuperarte más rápido. ¿Él es mejor que yo, no? – Comenzó a decir tonterías, a reprocharme sin pensar en todo lo que largaba de su boca. Solo lo miré decepcionada, y seguí mi camino, sin exclamar una sola palabra más. Cuando Nicholas se comportaba de esa manera, era tan frustrante. Por dentro me alteraba. Pero estaba tan distraída pensando en todo lo que haría ese día, que no le preste la misma atención de siempre, y simplemente lo ignore. Dejándolo allí, prácticamente hablando solo. Y salí, lo tuve que hacer corriendo, para no perder el transporte que me llevaría hasta Bellingham. En el camino, fui repasando el cronograma en mi cabeza. Tenía todo imaginado.

***

El poder que tenían mis sentimientos en aquel momento, era impresionante. Apenas puse un pie fuera del colectivo, ya tenía ganas de salir corriendo y encontrar al sujeto que tanto buscaba. Igualmente intenté controlarme, y pensar en cada paso que daba. En el fondo, era consciente de que estaba haciendo algo sumamente peligroso. Pero no sentía miedo. Fue esa sensación de libertad y valentía, la que me hizo empezar a caminar hacia uno de los barrios más oscuros de aquella ciudad. Y poco a poco iba adentrándome en ese sector. Transite un par de cuadras. El lugar estaba como apagado. Había poca gente en las calles, aunque me crucé con un escaso montón que me observaban con empatía. Pero tampoco les di atención. Solo seguí. Persiguiendo a nada, con la inútil ilusión de que lograría algo. Fue en el momento en el cual me hallé perdida a mí misma, cuando me di cuenta de lo que estaba haciendo. Cuando me asuste, cuando el miedo regresó. Y la mala suerte también llego, en forma de humanos. Dos seres que abordaban una veloz motocicleta,  que pasaron a mi lado, y a la velocidad de la luz me quitaron mi mochila… y así tan fugaz como llegaron, desaparecieron. Se esfumaron repentinamente. Literalmente, quede sin nada. A la deriva. Afortunadamente, había dejado mi celular en el bolsillo de mi pantalón y no alcanzaron a robármelo. Entonces caí en la realidad. Me liberé de aquellas estúpidas ideas en mi cabeza que me decían que podía ser una heroína como en las películas. Supe que tenía que volver, al menos, a la parte de la ciudad que estaba alumbrada por las luces. Porque el sol ya se había escondido, y me venía nada más y nada menos que envuelta en la oscuridad de la noche. Corrí. Corrí con todas mis fuerzas hasta la plaza más cercana, donde vi un poco de gente que me inspiraba confianza, y me senté sobre un banco. Saqué mi celular, mi bendito teléfono. Lo único que podía ayudarme a salir de aquel aprieto. Lo llamé a Nicholas, mi mejor amigo. Lo llamé como tres veces.  Tenía el teléfono apagado. Probé una cuarta vez. -¡Maldición! ¡Atiende el teléfono! ¡No puedes fallarme está vez! – Infamé para mí misma.  Pero Nicholas no contesto. Ni una sola vez. Su celular aún continuaba extinto. ¿Por qué justamente en ese momento se le ocurrió apagarlo? Así que cambie e intente comunicarme con Alex. Tampoco atendió.  Seguramente estaba ocupado con su trabajo. No tenía más opciones que esperar un poco. Que alguien me ayudara, o no sé. Tenía pocas opciones para solucionar el problema. 

***

Afortunadamente, minutos después me devolvió la llamada. De repente, mi voz se animó al oír la de él, y sentí una extraña tranquilidad. Porque a pesar de estar lejos, sola, y a la deriva, él podía asegurarme de que todo estaría bien. Lo esperé. Lo esperé cerca de una hora y media. 

Fue una eternidad para mí, pero al divisar a lo lejos su automóvil, supe que pronto estaría a salvo. 

~ . ~ . ~ . ~ . ~ . ~ . ~ . ~ . ~ . ~ . ~

[Confieso que corté el capítulo a proposito, me gusta dejarlas con la intriga, jajaja. ¿Quién la habrá ido a buscar? ¿Será Nick? ¿Será Alex? Lo sabrán pronto en el próximo capítulo. Bueno, eso sonó un poco... propaganda de televisión, no sé, hoy estoy graciosa (?) Nada, espero que les haya gustado. Y en breve voy a subir el capítulo 15. Gracias por disfrutar, por leer, por los comentarios. GRACIAS.♥] 



- Evi - 

martes, 19 de marzo de 2013

Capítulo XIII


Narra Marlene:

Corría. Como nunca antes. No había miedo en mí, no le temía a nada en aquel momento. Solo pensaba en aquel día, en los cadáveres. En la vida de mis mejores amigas. En sus sueños rotos, en sus familias destruidas. También en mi vida. Todo en mí fue destrozado en tan solo unos minutos. Y eso me hacía sentir bronca, y a la vez coraje. Saqué fuerzas de todos lados, y fui valiente.

***

Lo había visto. Ese día salí a caminar justo cuando comenzó a atardecer. Esa actividad comenzó a formar parte de mi vida cuando me di cuenta que me ayudaba mucho a despejarme, y a tranquilizar mi cabeza. Así que hice el mismo recorrido que venía repitiendo hace unos días. En un momento, me detuve para respirar. Venía caminando acelerado y necesitaba tomar aire. Con las manos en mi cintura, y mi cabeza mirando hacia el suelo, lo hice. Inhalé y exhalé. Fue cuando lleve mi mirada hacía el edificio con un gran ventanal para ver mi reflejo… y a alguien más detrás de mí. Y no tuve dudas. Era el. La misma mirada penetrante. Sus ojos color celeste brillante, profundos, temibles. No me atreví a girar en esos segundo, pero si reaccione cuando el maldito giro sobre sus talones, y empezó a correr escapando de mí. ¿Irónico, no? El escapando de mi… suena gracioso. Parece un chiste. Debería ser al revés, debería ser yo la mujer asustada que corre intentando escapar de un maniático. Pero al contrario, yo comencé a perseguirlo a él. No sé exactamente cuantas cuadras transite así, acelerada, tratando de alcanzarlo. Quizás fueron diez, o quince, o veinte.  No tenía noción de la distancia. Solo pensaba en atraparlo, arañarlo en la cara, gritarle, maldecirlo, y encargarme de que lo arresten y lo encierren de por vida.

-¡Detente! ¡Deja de correr! ¡Dime quién eres y porque hiciste todo eso! – Grité lo más fuerte que pude, en el momento en que me estanqué porque ya no daba más. - ¡Detente! – Balbucee nuevamente agitada, y con la respiración entre cortada, mientras me agachaba, sostenida por mis pies, llevándome las rodillas al pecho y cubriéndome la cara con mis manos. En aquel momento tomé conciencia sobre lo mucho que me había arriesgado.  Me di cuenta que era capaz de cualquier cosa para sanar un poco mis heridas, para calmar un poco mi dolor. Necesitaba respuestas. Necesitaba algo que pudiera tranquilizarme un poco. Tenían que atrapar a ese sujeto de una vez por todas. Estuve como quince minutos así, recapacitando y reviviendo la situación una y otra vez. Hasta que me puse de pie y retomé la dirección para ir a mi hogar. En el camino, saqué mi teléfono celular y llame a Nicholas. Le pedí por favor que fuera mi casa, que yo estaba yendo también. Era obvio que no quería estar sola, porque después de todo el coraje, y el valor, también sentía miedo, otra vez.
Corrí hacia el angustiada, a refugiarme entre sus brazos cuando lo vi ahí esperándome, de pie sobre la vereda. Mi mejor amigo daba los mejores abrazos del mundo, los más cálidos, los que más podían contenerme. Ni si quiera tuve que decirle nada. Nicholas podía darse cuenta con solo verme que algo malo había ocurrido, y que yo no estaba bien.

-Tranquila… - Susurró acariciando mi cabello. – Dime que paso. – Agrego con cautela, y delicadeza. Él sabía exactamente como tratarme en esas situaciones.

-Lo vi. – Contesto aún entre sus brazos. – Era el… estaba detrás de mí. – Acoté aún con temor. Y noté como Nicholas me apretujo más apegándome a su pecho.

-Marlene… ¿Qué hiciste? – Preguntó con un presentimiento acertado.

-Lo seguí. Lo corrí, muchas cuadras. – Mencione. Y mi mejor amigo quedo completamente sorprendido. Seguramente no podía comprender nada.

- ¿Estás bien? ¿Cómo rayos apareció así? Lo siento Mar, pero no puedo entender nada. – Empezó a cuestionarme confundido.

-Vamos adentro y te cuento. – Indique despegándome de él. Abrí la puerta con la lleva, y entramos. Allí le conté absolutamente todo, con detalles. Nick quedo perplejo con cada palabra que pronuncié. Se había quedado intacto, mirándome fijamente. 

-Llamaremos a la policía. – Expreso la única solución que se le ocurría. Pero yo me negué. No quería hacerlo. Sentía que no servía de nada, que creerían que estaba loca. Solo vi su rostro un momento, y luego solo lo vi de espaldas, corriendo delante de mí. No podía asegurarles a ellos con precisión que lo había visto. Entonces, como esa era mi decisión, no hicimos más nada. Solo nos quedamos en mi casa como normalmente lo hacíamos. En un momento recordé a Alex. Le había dicho que iría a visitarlo, pero ahora temía salir de mi casa. Debía avisarle, hacerle saber lo que estaba ocurriendo, y para eso, tomé mi celular y le envié un mensaje de texto. No quise llamarlo, porque no quería interrumpirlo por pavadas en medio de su trabajo.

“Alex, lamento si no voy a verte en los próximos días. Es que realmente va a costarme salir de mi casa, pasó algo y bueno… me da un poco de miedo. Pero estoy bien.” – Eso fue lo que escribí y envié de inmediato. Y aunque no contestará, al menos estaba segura de que iba a leerlo.

Narra Alex:

Termine una de mis tantas cirugías, y decidí usar mi noche libre para descansar como debía. Fui hasta mi casillero, y tomé mis pertenecías, entre ellas mi teléfono celular. El cual revise apenas lo tuve entre mis manos. Y ahí me encontré con el mensaje de texto de Marlene. El cual me preocupo, bastante. La última vez que había hablado con ella, me dijo que de apoco estaba superando aquel temor de regresar a salir. Pero en cambio, con lo que me envió, me dejo en claro que dio un paso hacia atrás, que retrocedió.  No dudé ni un segundo en ir a verla. Me cambié rápidamente, y salí en mi auto dirigiéndome a su casa. Llegué y toqué el timbre. Ni si quiera le avise que iría. Rápidamente alguien me atendió,  y me percate con la presencia de aquel muchacho, Nicholas.

-Hola, Alex.-  Me saludo un tanto desanimado.

-¿Está Marlene? Quiero verla. – Exclame sin más excusas y siendo directo.

-Sí, entra. – Respondió dándome lugar para ingresar. Hice unos cuantos pasos, y la vi a ella. Estaba en pijamas y con el pelo húmedo. Noté que acaba de darse un baño, al igual que noté como me sonrío al verme.

-Mar, ¿estás bien? – Pregunté. – De verdad me preocupo tu mensaje, lo siento si no pude venir antes. – Me disculpe de verdad apenado. – No sé qué puedo hacer por ti… pero haré todo lo posible para cuidarte. No te pasará nada. – Exprese con sinceridad acariciándole suavemente el rostro, con la fiel intención de tranquilizarla.

-Gracias por estar aquí, Alex. – Menciono fundiendo nuestros cuerpos en un cariñoso abrazo. Haciéndome sentir valorado después de tanto tiempo.

-Ahora deberías ir a tu habitación y descansar. Yo me quedaré aquí, estaré aquí abajo por si necesitas algo y si eso te hace sentir más segura. – Exprese dándole más confianza. Marlene se mostró satisfecha ante mis palabras, y después de conversar algunos minutos, subió a dormir a su cuarto. Por lo tanto yo me quede en el living junto a Nicholas. Estábamos en diferentes sofás, frente a frente. Al principio no hablábamos. Por mi parte, solo quería cerrar los ojos e intentar dormir un poco también. Hasta que el chico hablo. Y comprobé exactamente que si tenía un tipo de problema con mi presencia, lo había notado desde que llegue. Sus pocas palabras, su mirada despectiva, la manera en la que me trataba.

-¿Así que esa es tu manera de conquistarla? ¿Haciéndola sentir segura, protegiéndola? – Indago con una actitud arrasadora. Apenas oí esas palabras, no pude evitar reír con sutileza.

-¿Conquistarla? – Cuestione con gracia.

-¿Crees que no me di cuenta? – Agregó conservando su modo de hablarme con frialdad.

-No sé de qué diablos hablas. .- Respondí. – Soy médico, tal vez por eso ella se sienta seguro conmigo, puedo salvarle la vida, literalmente. – Pronuncie solo para provocarlo un poco más. Desde mi punto de vista, era una situación bastante graciosa. Ese siempre fue mi lado malo… me divierte pelear.

-Como sea… no te la haré fácil. – Expreso con firmeza, haciéndome notar su seguridad en cada palabra.

-Solo te diré que soy muy bueno peleando por lo que quiero. – Exclame por última vez, y luego me eche otra vez hacia atrás, cerrando los ojos, e intentando conciliar el sueño, aunque sea por unas horas. Era extraño todo lo que estaba haciendo, nunca me imaginé en esta situación. Pero veía a Marlene y  me invadía un buen presentimiento.

Sentía que mi mundo mejoraba cuando ella estaba en el. 


~ . ~ . ~ . ~ . ~ . ~ . ~ . ~ . ~ . ~ . ~


[El peligro esta cada vez más cerca. Eso es lo único que voy a decirles. Espero que les haya gustado el capítulo, NO OLVIDEN DEJAR SUS COMENTARIOS, así me dan más ganas de seguir. Las quiero. ♥ ]



- Evi - 

viernes, 15 de marzo de 2013

Capítulo XII.


Narra Marlene:

Caras desconocidas me observaban mientras yo caminaba hacia la salida del hospital. Los pacientes en la sala de esperas, la gente de limpieza, y hasta algunas enfermeras giraban disimuladamente para verme. Obviamente, yo me di cuenta al instante. Eso no era normal para mí. Y claro, uno siempre puede notar cuando está sucediendo algo insólito. Pero seguí caminando como si nada, pues no podía permitir que eso me afectara de alguna manera. Estaba a punto de irme, cuando una mujer delgada, de tez blanca, y cabello rubio por los hombros, que al parecer era enfermera, se acercó y comenzó a caminar a mi lado. Me hizo un par de preguntas, muy amablemente, entre ellas si yo era la últimamente mencionada, Marlene Becker. Le respondí haciéndole saber que sí, que yo era la persona que aparentemente estaba buscando. Ahí nos detuvimos, y finalmente se centró en el tema que más le interesaba, y al parecer, era sobre Alex.

-Así que tú eres la famosa Marlene. – Comentó un tanto sorprendida y yo asentí. – Todo el hospital recuerda el día que llegaste. – Agregó haciendo que me disgustara un poco esa acotación.

-¿Si? A mí no me gusta recordar ese día, sinceramente. – Aclaré incomodándola un poco.

-Lo siento.- Se disculpó. Y realmente parecía que hablaba en serio. - ¿Te has hecho muy cercana a Karev, no es así? – Pregunto con certeza. Y sonreí levemente.

-Somos buenos amigos. – Mencione contestando sus dudas.

-Sé nota. ¿Te trata muy bien, no? – Cuestiono nuevamente. Al parecer está mujer tenía grandes interrogantes con respecto a mi relación con Alex.

-Sí, es una muy buena persona. – Respondí cortante. Me comenzaba a molestar la situación.

-Eso no lo dudo. – Expreso con seguridad. – Pero, te lo diré de una vez. Lleva mucho tiempo poder tener una amistad con Alex, y más aún conocerlo. Suele ser muy cerrado con la gente, y ya descubrirás que tiene sus motivos. Pero contigo es diferente, eres importante y especial para él. -  Revelo dejándome bastante impresionada. ¿Especial? ¿Importante? Eran palabras que a uno le daban cierta felicidad. Sentirse especial, sentir que le importas a alguien… Eso es muy bueno.

-¿Tu intentas decirme que Alex cambia para bien cuando está conmigo? – Pregunté siendo directa y sin titubeos.

- Algo así. – Respondió. – Pero lo que yo quería decirte en realidad es que valores lo que hace por ti, porque a él le cuesta mucho confiar en la gente, pero obviamente no es tu caso. – Manifestó finalmente. Y supe que era eso lo que quería decirme desde un principio. – Tu le haces bien, y eso me alegra a mí… también soy su amiga. – Agregó con una sonrisa.

-Gracias por el consejo… ¿tu nombre es? – Agradecí rápidamente.

-Isabel, mi nombre es Isabel. – Respondió y yo le devolví el gesto de amabilidad, para luego abrir la puerta, y abandonar el lugar. Aunque la conversación había sido un tanto confusa, la mirada y las palabras de esa chica eran sinceras. Y por eso me había caído bien. Regrese caminando a mi casa, lentamente, y con tranquilidad. ¿Pensando? No. La única frase que había quedado titubeando en mi cabeza era: “Contigo es diferente, eres importante y especial para él.” Escuchaba la voz de aquella chica repitiendo esas palabras una y otra vez. Una pequeña sonrisa maquillaba mi cara con naturalidad, mientras una corriente de buenos sentimientos, y agradables sensaciones recorrían mi cuerpo.                                                                                            

Narra Nicholas:

Últimamente mi mejor amiga estaba más sensible que nunca. Pero a la vez también tenía una actitud un poco fría y cortante, y eso hacía que a veces el clima en su casa fuera un poco tenso. Cuando la besé, lo hice con la esperanza de cambiar todo. Pensé que quizás lo que más necesitaba era ser amada, creí que con amor sus problemas se transformarían en algo más liviano, y más fácil de soportar. Pero no fue así. Ella no pudo ver todo lo que ganaría, sino que solo se preocupó en lo que podía perder.  Y la verdad aquí es que ella jamás va a perderme, pase lo que pase. Aunque no tuve el coraje suficiente para decírselo, para confesarle todo lo que siento desde hace un largo tiempo. Sé que en el fondo ella lo sabe, pero simplemente ahora no puede reconocerlo. El día después de aquel suceso, fui al medio día su casa, pero no la encontré allí. Supuse que había salido a caminar, o algo por el estilo. Así que regrese unas horas después, y esta vez, si estaba.

-¿Cómo estás? – Pregunté comenzando una conversación.

-¿Hoy? La verdad es que me siento bien. – Respondió convencida de lo que decía. - ¿Y tú? -  Agregó también interesada.

-Bien. – Conteste. – Vine a buscarte hace un rato, pero no estabas. – Mencione con la intención de que me 
contara donde había estado.

-Ah… si, lo que pasa es que salí a caminar, y luego fui a visitar a Alex. Tenía que agradecerle lo que hizo por mí la otra noche. – Comentó con tranquilidad. Y otra vez se despertó dentro de mi cuerpo esa extraña sensación… celos. Pero en cambio, en esta ocasión me contuve, los retuve. Y no dije nada más, solo cambie de tema.

-Está bueno eso de salir a caminar, digo, despejarse un rato es saludable. – Aseguré. – Pero hoy vine en mi auto y me preguntaba si tenías ganas de pasear… dar una vuelta. ¿Quieres? – Propuse entusiasmado, y ella sonrío. Eso era buena señal.

-¡Sí! Justo quería decirte que invité a Alex a cenar esta noche, podríamos ir a comprar para preparar algo rico. – Expreso ahora ella con un gran entusiasmo. Me dejo algo intacto, sorprendido. ¿Una cena? ¿Los tres? ¿Estaba hablando en serio? Porque no podía creerlo.

-Claro, sí. Podemos ir a comprar las cosas. – Fingí estar conforme y de acuerdo.

-Entonces, voy a buscar mi cartera y vamos ¿Si? – Menciono subiendo las escaleras para buscar las cosas que estaban en su habitación. Yo asentí, haciéndole saber que la esperaría. Cuando regreso, ingresamos a mi auto, y salimos rumbo al mercado. A Marlene se le había ocurrido preparar lasaña. Así que compramos cada uno de los elementos. A decir verdad, mi mejor amiga era muy buena cocinando. Tenía esa gran capacidad de que todo salga exquisito. Además siempre le gustaba probar, y realizar recetas nuevas. Era normal de que cada fin de semana me invitará a comer alguna comida nueva hecha por ella misma. Después de hacer todo lo necesario, volvimos a la casa, y Marlene comenzó a preparar todo, mientras yo le hacía compañía. Simplemente la observaba a un lado, la hacía reír, y conversaba con ella. Me agradaba verla, mirarla. Y como cualquier hombre que está enamorado, pienso que mi chica, es la más linda de todas.
***

Habían pasado poco más de diez minutos de la hora oficial de aquel encuentro, el “invitado”, no llegaba. Decidimos esperar un poco más, después de todo, cualquiera puede atrasarse o no ser puntual (por cierto, no soporto que la gente sea impuntual, pero ese no es el tema), pero pasaron más de cuarenta minutos, y aún no se hacía presente. Hasta que sonó el celular de Marlene, un mensaje de texto aparecía en la pantalla. “Lo siento mucho, de verdad quería ir. Lo lamento, el trabajo me lo impide. Espero verte en otra ocasión.” Algo así leyó Mar en voz alta. Y al instante noté su decepción, la forma en que se desanimó en tan solo segundos.  Es que realmente se había esmerado en preparar todo.

-¿Igual podemos cenar nosotros, no? Sería una lástima desperdiciar todo esto. – Mencione tratando de distraerla.

-Sí, Nick. Quédate. – Respondió mientras se puso de pie para ir a buscar la comida que estaba en el horno. 

Y finalmente, quedamos solo los dos. Cenamos rápidamente, y luego conversamos un poco, fue algo normal, pero extraño a la vez. Sentía que ella estaba rara. Cuando todo termino, le pregunté si quería que me quedará esa noche, pero Marlene dijo que no. Explico que debía acostumbrarse a pasar tiempo sola, porque no podía presionar a nadie para que esté todo el tiempo con ella. Fue una excusa un tanto… confusa. Pero no pregunté más nada, solo me despedí de ella, tomé las llaves de mi auto, y regrese a mi casa. ¿Cómo me sentí? Mal. Rechazado. Ignorado. Sin importancia. No pude evitar llorar en silencio, en mi cuarto, pensando solo en cuanto la amaba. ¿Estaba haciendo algo mal? ¿Qué demonios pasaba? Si todo el tiempo lo único que intentaba era hacerla sentir mejor, darle un poco de felicidad, contenerla, cuidarla. ¿Qué error estaba cometiendo? Daba todo de mí. No me interesaba si estaba cansado, de mal humor, o lo que sea. Para ella siempre estaría. Pero me estresaba, me enfadaba sentir que el amor que le daba todos los días no era valorado. Me frustraba, era como sentirse insignificante. Lloraba de bronca, lloraba por amor. Nunca nada era suficiente. Quizás yo no soy suficiente, no soy lo que merece. 

Tal vez ella merezca algo mucho mejor que yo. 

~ . ~ . ~ . ~ . ~ . ~ . ~ . ~ . ~ . ~ . ~


[Solo una cosa les digo, no me odien por hacer llorar a Nick, jajaja. Además, oficialmente desde este capítulo, la novela se pone más interesante, o al menos eso creo. Espero que les guste, y les agradezco por todo. No se olviden de sus comentarios!! Gracias por leer hermosas.]


- Evi - 

domingo, 10 de marzo de 2013

Capítulo XI.


Narra Marlene:

Un cálido día para salir a respirar aire fresco. Algunas nubes en el cielo, pero debajo de ellas se dejaba ver un poco el sol. Había un viento que corría lentamente, un cálido viento que acariciaba mi rostro. Una parte de mí se apreciaba extrañamente bien. ¿Raro, no? Pero al menos por primera vez sentía que no todo estaba perdido. Había visto una película, en la cual la protagonista pasaba por los momentos más difíciles y tristes de su vida, pero finalmente hallaba esperanza. Seguía adelante, y terminaba encontrando esa felicidad que tanto anhelo. Me hacía sentir un poco idiota admitir que una película había logrado que mis pensamientos se tonaran un poco más positivos, pero no había otra explicación. Sabía que tenía que vivir cada momento al máximo. Y aprovechaba ese día porque el miedo estaba tranquilo,  no brotaba dentro de mí. Era como si de repente hubiese desaparecido. Pero estaba segura que en cualquier momento podía volver. Nada se supera tan fácilmente. Caminaba disfrutando respirar. Pensando en todo lo que había vivido. Desde lo más tenebroso, a lo más alegre. Y ahí aparecía el, Nicholas. Entre mis recuerdos más vivos, y esplendidos…

[Flash back]

Nick me tenía entre sus brazos, con intenciones de hacerme reír. Subía las escaleras lentamente, y al mismo tiempo percibía que disimuladamente estaba acercando nuestros rostros más y más. Y simplemente paso. Me beso. Lo besé. Seguí aquel juego tentador. Lo quería, muchísimo. Pero no estaba muy segura de querer perder nuestra amistad. A esta altura de mi vida, no podía arriesgarme a perder nada más. Tenía que cuidar al máximo todo lo que tenía. Y eso me hacía sentir pánico, el solo hecho de perder a mi mejor amigo, de ya no tenerlo más. Comenzar algo así es lindo. Pero también incluye peleas, discusiones, malos días. No quería sacrificar nuestra amistad. Quizás, más adelante…  ahí tal vez pueda pensarlo mejor. Ahora solo necesito a mi mejor amigo a mi lado, a él apoyándome en todo.  Cuando despegamos nuestros labios nos miramos fijamente, establecimos esa conexión completamente especial que había entre nosotros. Delicadamente me soltó, permitiéndome que me ponga de pie justo frente a él.

-¿Qué es esto… que significa? – Pregunté idiotizada por lo que acaba de ocurrir.

-No lo sé… yo creo que soy… un imbécil. – Dijo Nicholas. – Me deje llevar. – Agrego nervioso. Y mi corazón por un momento se decepciono. Creí que el al fin lo confesaría, que después de tanto tiempo sería sincero y me diría la verdad. Pero solo dijo “me deje llevar”. Quizás solo fue un impulso, y realmente no deseaba hacerlo.

-¿Qué quieres hacer? – Indagué un tanto seca. El continuaba hablándome con la mirada en el piso.

- No lo sé. – Respondo breve, sin decir una sola palabra más.

-Sabes, yo no quiero perder a mi mejor amigo. Seguiremos como siempre… como si esto jamás hubiese pasado. ¿Eso es lo que quieres? – Propuse tratando de terminar con la incómoda situación.

-Será lo mejor. – Menciono mostrándose de acuerdo. – Entonces… vamos a ver la película. ¿Ya la elegiste? – Acotó cambiando radicalmente de tema. Le di una sonrisa, un agradable gesto. 
Afortunadamente, el entendía.

[Fin del flashback]

Seguí caminando lentamente. Había sentido un poco de tristeza al recordar. Jamás olvidaré la mirada de Nicholas… como se apagaron sus ojos ese día. Lo desilusione, y desilusionarlo a él era ser una mala persona. Es el ser más adorable, la persona que me da más luz. Pero también necesitaba ser fiel a mis sentimientos, y no podía mentirle. El merecía la verdad.
De repente miré mi reloj, y me di cuenta que camine exactamente una hora entera. Y quería seguir haciéndolo. Pero cambie de dirección totalmente. En mi cabeza había aparecido una persona, Alex Karev. Me decidí en ir a verlo, además le debía mis palabras de agradecimiento por lo bueno que fue conmigo aquella noche. Se hizo responsable de mí, cuando no tenía razones para hacerlo. Perdió su noche libre, cuidándome. Así que comencé a marchar hacía la clínica. Creo que recorrí unas veinte cuadras, o un poco más. Pero me agradaba pasear… sentirme libre. Podía recorrer mucho más que veinte cuadras. Finalmente cuando llegue, entré con cautela, tratando de no hacerme ver demasiado, ya que siempre al ingresar a estos lugares, toda la gente que está en la sala de espera, gira hacía la puerta para observar a la persona que entra. Es una costumbre, algo típico de esos lugares. Entré y fui velozmente hacía la mesa de entrada, donde estaba una elegante secretaría, que parecía estar ocupada hablando por teléfono. Espere unos minutos a que se desocupara, y cuando lo hizo, ella me hablo primero. 

-Señorita ¿Qué necesita? – Preguntó en un tono bastante amable pero un tanto irritable para mis oídos. Tenía una voz chillona.

-Estoy buscando al Dr. Karev. – Mencione devolviéndole una sonrisa, fingida por supuesto.

-No sé si podrá verte ahora. – Comentó hojeando una pila de papeles que había sobre su escritorio. – Pero lo intentaré. – Agregó. Desvió su mirada hacia un teléfono, marco un número, y luego hablo un par de segundos.  Al instante que termino la llamada, regreso a presarme atención otra vez. – Tendrás que esperarlo unos minutos, pero ya vendrá. Puedes tomar asiento en la sala de espera. – Indicó rápidamente, y sin decir más nada, siguió dedicándose a su trabajo. Me aleje de ella, y me senté en una silla que estaba en un rincón, a una distancia considerable de las demás. No tuve que esperar demasiado, no fueron más de quince minutos cuando levanté la vista y lo vi a Alex.

-¡Mar! Que sorpresa… - Dijo animando su tono de voz. Se notaba un poco cansado. - ¿Qué haces por aquí? – Cuestiono con curiosidad.

-Justo pasaba por aquí… y recordé que tenía que agradecerte lo de la otra noche. – Conté sintiendo algo extraño en mi cuerpo. Era como si hablar frente a él me hiciera poner nerviosa, y no entendía por qué. No existían motivos para estar así.

 -No tienes nada que agradecerme, hice lo correcto. – Expreso sonriéndome cariñosamente, y yo le regrese exactamente el mismo gesto. Para luego quedarnos en silencio, frente a frente. En un contexto incómodo, porque parecía que nos habíamos quedado sin palabras. Hasta que para mi propio alivio, el hablo nuevamente. - ¿Almorzaste? -   Indagó.

-No, salí a caminar por la mañana y desde esa hora no regreso a casa. – Respondí con la verdad.

-Ya sé que son como las dos de la tarde, pero si quieres podemos comer algo. Aquí al fondo hay un bufet. 

– Propuso atentamente. – Te llevaría a otro lado, pero estoy en horario de trabajo ahora. Aunque puedo tomarme una hora para “almorzar.” – Agrego, y los dos reímos por lo bajo. Se suponía que era solo su almuerzo y después seguiría trabajando. Pero Alex lo convirtió en un momento agradable para ambos. Caminamos juntos hasta el lugar, buscamos algo de comer, y nos sentamos alrededor de una pequeña mesa.  

– ¿Es verdad lo que andan diciendo? – Preguntó.

-¿A qué te refieres? – Respondí aparentando estar un poco confundida. En el fondo sabía de qué estaba hablando.

-De lo que paso en tu casa ¿ayer, no? Iba a llamarte, pero entre tanto trabajo… no encontré el momento adecuado. – Aclaró.

-Sí, es verdad. – Conteste. – Fue horrible. No entendía nada, en realidad ahora tampoco entiendo nada. Por suerte estaba Nick conmigo, el me ayudo. – Revelé. Y el ánimo en mi rostro había desaparecido un poco. Centrarme en ese tema aún no se me hacía muy fácil, y creo que Alex lo noto, porque cambio el eje de la conversación al instante.

-¿Cómo van las cosas con Nick? Parece un buen chico. – Menciono.

-Es un buen chico. – Dije dándole la razón. – Paso algo entre nosotros pero yo quiero conservar aún nuestra amistad. Nos conocemos hace muchísimo tiempo, y no quiero perderlo por nada. – Confesé con suma sinceridad.  Mientras yo hablaba, el me miraba comprensivamente, y no hacía más que escucharme con interés. Me sentía cómoda, libre de hablar y descargarme como más lo necesitaba, y luego llenarme de un gran alivio. Cuando otra vez nos quedamos en silencio, noté sus ojos pegados en mí. No sacaba la vista de mi rostro. - ¿Qué miras? ¿Tengo algo? – Me alarmé un poco. El reacciono sonriendo, y al mismo tiempo se lanzó una suave carcajada.

-Nada. – Comentó breve. - ¿Estás bien, Marlene? – Agregó. Suspiré y luego le dije la verdad.

-Hoy sí, hoy estoy bien. – Exprese con serenidad. Ese día era como si la tranquilidad me caracterizara. Solía ser algo propio de mí, pero después de lo que paso, perdí toda la calma que cada día estaba conmigo. - ¿Tu cómo estás? Casi nunca hablamos de ti. – Centré la atención en él.

-Aquí estoy. – Bromeó. – Recibir visitas mejora un poco mi humor. – Acotó y me alegro un poco saber que había mejorado su día. Seguimos hablando, por mi parte me interesaba saber más sobre su vida, sus amigos, su familia. Pero el aparentaba ser una persona algo cerrada en cuanto su vida personal. Era como si algo de todo eso le molestara, y prefería evitarlo. Pero aun así, Alex era una persona adorable, tenía un gran corazón, y me lo demostraba cada vez que pasaba tiempo con él.

Sus ojos tenían algo especial.

~ . ~ . ~ . ~ . ~ . ~ . ~ . ~ . ~ . ~ . ~

[Hola!! Estoy tan entusiasmada, y encaminada con esta novela, que estoy escribiendo bastante rápido los capítulos, tengo mucho más para ustedes!! Espero que les guste los que le dejo hoy, que es un poco la relación que se va estableciendo entre Marlene y Alex. (Les recuerdo que el también es un personaje importante) Disfruten!!!! Gracias por leer, lindas. MIL gracias por los comentarios, no se olviden de dejarlos. Las quiero.♥]


- Evi -