¡Atención! Si eres nueva lectora, y te gustaría que te avisara cada vez que actualizo, solo tienes que mandarme un tweet a @EviJonaas.

jueves, 7 de febrero de 2013

Capítulo VI



Narra Nicholas:

La tranquilidad en mi mirada no era completamente sincera. La serenidad que me definía, a veces solo era fingida. Estaba furioso por dentro. Muy furioso. Pero no podía descontrolarme justamente en esta situación. Aquí mi papel era cuidar de ella, quedarme a su lado, y calmarla cuando era necesario. No lograría nada bueno si seguí mis instintos masculinos, y me iba corriendo a romperle la cara al idiota de Jacob. Aunque era lo que más quería en aquel momento. Estaba frenético por dentro,  hasta el punto de llegar a enojarme conmigo mismo… Me reprochaba lo ciego que fui. ¿Cómo no pude darme cuenta a tiempo que mi mejor amiga estaba sufriendo? La conozco, conozco toso sus gestos, sus sentimientos, sus emociones, sus estados de ánimo. Pero esto se me paso, se me escapo de las manos, ni si quiera pude imaginármelo. No lo noté. Y por más que me odiaría, eso ya había pasado, no había forma de cambiarlo ni de regresar el tiempo atrás. Pero si existían maneras de curar sus heridas. Era consciente de que para ella yo era lo único que tenía en este mundo. Y prometí que la haría sonreír como sea, que la haría feliz aunque tuviera que luchar contra un ejército de personas. Verla brillar como antes era mi objetivo más importante.

***

La policía ya se había ido. Llego para cumplir con su trabajo, el cual era hablar con Marlene, realizarle algunas preguntas, e intentar sumar más pistas al caso. Yo aún estaba esperando para verla, porque su médico me dijo que cuando terminaron con el interrogatorio, ella decidió dormir y descansar un rato. Pero además también me dio buenas noticias, comunicándome que Marlene ya podría irse a su casa al día siguiente. Afortunadamente, no había más complicaciones, y todo indicaba que las cosas seguirían mejorando. Mientras pensaba en lo agradable que sería darle esa noticia, me adormecí un poco sentado en la sala de espera. Hacía como tres días que no podía dormirme y relajarme como debía. Estuve con mucha tensión, nada en mí podía descansar porque las cosas no estaban nada bien. Pero ahora que sabía que el peligro estaba un poco más alejado, mi cuerpo comenzaba a respirar con serenidad  y a encontrar un poco de paz. Creo que estuve como cuatro horas con los ojos cerrados, entre dormido y despierto a la vez. Hasta que una enfermera me hizo saber que mi mejor amiga ya estaba despierta y quería verme.

-¡Aquí me tienes, como lo pediste! Soy todo tuyo. – Dije bromeando para tratar de romper con todo ese clima sombrío.  Ella sonrió, y se acomodó sentándose sobre la cama, para poder conversar mejor.

-Nick… siempre siguiendo mis órdenes. – Exclamo continuando con mi estúpido chiste. – Dime que tienes buenas noticias y que por eso estás tan de buen humor. – Pidió como si me hubiese leído la mente.

- Si, Mar. Traigo muy buenas noticias… - Mencione ansioso. - ¡Mañana mismo puedes salir de aquí!- Exprese animado, pensando que tomaría bien la noticia, pero no fue así.  Ella bajo la mirada en un parpadeo. No podía comprender su tristeza en aquel momento. Creí que lo que más quería era salir de esas cuatro paredes.

- ¿No es muy pronto? – Pregunto mostrándose desconcertada.

-No, supongo que no lo es. Estás bien… digo, tu herida está sanando, está mejorando, ya no hay complicaciones. – Comenté intentando hacerle ver las cosas buenas que estaban sucediendo. Marlene sonrío levemente, pensó un poco, y luego retomo el habla.

-De verdad creo que es muy pronto. – Insistió nuevamente.

 -Dime Mar, ¿Por qué crees que es demasiado pronto? ¿Hay alguna razón en especial por la cual quieras quedarte más tiempo aquí? – Cuestione confundido, tratando de descifrar sus misterios, o tan solo comprenderla.

-Nick… seré sincera. Tengo miedo, me da miedo salir de aquí. Acá me siento segura, hay gente de confianza, tengo a alguien que vive pendiente de que esté bien,  tú estás al lado mío todo el tiempo, nadie puede presionarme, no estoy lista para salir de aquí. – Confeso un poco nerviosa, pero sabía que estaba siendo sincera conmigo. Entonces logré entenderla. Simplemente con la verdad pude deducir la razón de su tristeza, de sus miedos.

-Mar…- Mencione acariciando suavemente su mejilla izquierda. – No importa si estás aquí o no, soy tu mejor amigo y voy a estar contigo pase lo que pase, ya lo sabes. Vivo diciéndotelo. – Aclaré con ternura. – Y nadie va a presionarte. Estarás en tu casa, en paz. Y con respecto a lo otro, cuando necesites a alguien que te asegure que todo está bien, llamaremos a quien sea necesario. – Al mismo tiempo que decía todo eso, ella me miraba y me escuchaba atentamente. Presentía que ella creía en mí. Y estaba en lo correcto. Nunca le fallaría. Marlene no contesto, no respondió con palabras. Solo me abrazo con fuerzas, por minutos. Y yo la correspondí con gusto. Adoraba sentirla entre mis brazos. Tenerla ahí, conmigo.

Narra Alex:

El día finalmente había llegado. Ya no existían más razones para que Marlene se viera a obligada a permanecer otro tiempo aquí. Físicamente, estaba bien. El único cuidado que implicaba su herida, eran cambiar las vendas todos los días, algo que no era complicado y que cualquier persona con una simple explicación podía hacerlo. Marlene es una de esas personas que te dejan en una marca, alguien que sobresale entre tantas personas que uno ve en el día. Será imposible de olvidar sus ojos que reflejaban temor, y me miraban asustados cuando apenas llego. Su enorme corazón, su gran potencia, y toda la fortaleza que lleva dentro. Y su historia… su historia es muy especial.

***

Busqué entre todos mis papeles el historial médico de Marlene, y escribí las últimas palabras, entre ellas, la fecha del alta. Deje mi firma justo al término de la hoja, y me dirigí hacía a sui habitación con la intención de que también plasmara su firma sobre el papel. Ya todo estaba listo.

-Marlene, solo necesito que firmes aquí y ya te dejaré ir. – Comenté entregándole aquel documento en sus manos. Ella lo tomó, agarro la lapicera, e hizo lo que le pedía rápidamente.

- ¿Estás enojada? – Pregunté bromeando porque ni siquiera me miro a los ojos. Y presentía que algo ocurría.

-No. Odio las despedidas. – Respondió seca. – Y además, no quiero irme. Me da terror la idea de poner un pie fuera de este lugar, pero lo intentaré solo porque tú piensas que es lo mejor. – Agregó un poco disgustada. Podía notarlo.

 -Marlene, realmente es lo mejor. Encerrada aquí no lograras nada. Tu vida se verá estancada entre cuatro paredes ¿Y de verdad quieres eso? No. – Aconseje mientras ella reflexionaba en su cabeza. – Además tienes que salir adelante. Tienes que salir, y mirar el futuro. – Acoté.

- ¿Mirar el futuro? ¿Me hablas de mirar al futuro cuando mi pasado es un completo desastre? Necesito entender todo lo que paso para poder seguir adelante. Y aunque ahora me sienta la persona más débil del mundo, juro que yo misma averiguare que sucedió exactamente ese día. – Expreso con un gigantesco valor en cada palabra, mientras me transmitía todo el coraje y la valentía que tenía dentro.

- ¿Lo ves? Ya estás lista para salir de aquí, estás pensando en salir adelante y esa es la mejor señal de que estás recuperándote. – Indique con certeza. Marlene me sonrío. Por primera vez vi una sonrisa de verdad en su rostro. Al mismo tiempo, se acercó un poco más hacía a mí.

-Gracias, Alex. No hubiese sido lo mismo sin ti. – Me agradeció mirándome fijamente a los ojos. Lentamente me atrapo con sus brazos,  apegándose a mí. Lo hizo un tanto insegura porque temía que yo no correspondiera el gesto. Pero de igual manera, lo hice. La abrace, y le desee lo mejor. Me despedí. Sentí en mí una reconfortante sensación, aprecie el momento sintiéndome bien conmigo mismo, pues había cumplido con mi trabajo como debía. Poco a poco se alejó, tomo un bolso entre sus manos, y observo que su amigo estaba esperándola afuera.  – Bien, supongo que ya debo irme. – Dijo acercándose hacia la puerta de salida. Yo solo asentí dándole permiso para que se fuera cuando quisiera.

-Mar, escucha, sabes que puedes llamarme si necesitas algo. – Mencione en voz baja antes de dejarla ir y ella esbozó una pequeña sonrisa en su cara.

- Lo sé. – Respondió casi susurrando las palabras. Creo que nuestra conversación se tornó un poco secreta al último, ya que está casi prohibido que los médicos tengan una relación tan informal con los pacientes. Pero qué más da. Yo estaba dispuesto ayudarla fuera de mi trabajo si ella lo necesitaba.  Después de todo, no estaba mal.

Había algo en mí que me hacía darle tanta confianza.

~ . ~ . ~ . ~ . ~ . ~ . ~ . ~ . ~ . ~ . ~


[¡Hola! Creo que está vez tarde un poco en subir porque estuve ocupada con cosas del colegio, mi carrera, y mi futuro (?) Jajaja. No es fácil. Pero siempre me hago tiempo para escribir, porque amo hacerlo. Y realmente sigo inspirada. Escribir esta novela cada día se hace más emocionante, e interesante. Gracias por seguir acá, y por los comentarios. NO OLVIDEN DEJAR SU COMENTARIO, ES MUY IMPORTANTE. ¡Las quiero!♥] 



- Evi - 





4 comentarios: